‘Homo Ludens’

Algunas de las obras que forman parte de la exposición de Juan Antonio Ramírez. /Francis Silva
Algunas de las obras que forman parte de la exposición de Juan Antonio Ramírez. / Francis Silva
Crítica de arte

Esta exposición, una suerte de homenaje al añorado Juan Antonio Ramírez, aborda su faceta creativa y el papel como agitador de la Málaga de los ochenta

JUAN FRANCISCO RUEDA

La figura del añorado Juan Antonio Ramírez (Málaga, 1948-Madrid, 2009) puede ser sometida a múltiples miradas, tantas como las que él ejerció como historiador del arte y que, sin duda, le configuraron como una personalidad esencial en la historiografía artística española. Ramírez aunó rigor intelectual y heterodoxia, aspecto que vino a distinguirlo. Su posicionamiento fue excéntrico, o al menos basculante; esto es, ‘viajaba’ entre la ‘centralidad’ de los grandes relatos y figuras artísticas (el templo de Jerusalén, Picasso, Duchamp, arquitectura y utopía, cine) y los ‘márgenes’, en los que revisaba manifestaciones desatendidas por lo académico que, gracias a su labor, tomaban carta de naturaleza y se asumían como valiosos e insospechados objetos de estudio que pasaban al ‘primer plano’. Esta heterodoxia y este interés por lo inadvertido, que adornaron su perfil profesional y su biografía, se perciben en esta exposición que, como un homenaje, le brinda la universidad de su ciudad, en la que eventualmente impartió docencia a principios de los ochenta. Por encima de otras parcelas –de otras miradas, como decíamos–, las comisarias, Maite Méndez y Rocío de la Villa, se han centrado en su espíritu creativo, en el aire lúdico y en el fundamental rol como agitador o dinamizador cultural en la Málaga que encontró al volver para dar clase. Esto motiva el título de la exposición, su dimensión artesana o factual y la relación con ‘su’ ciudad. Con ello, además de adentrarnos en las parcelas artísticas o creativas de Ramírez, como sus piezas de ‘latoflexia’ (seres y lámparas hechas con latas de conservas), la construcción del ‘Templicón’ (un mueble monumental con apariencia de templo clásico) o sus dibujos para ‘Ecosistema y explosión de las artes‘, la exposición supone un viaje a la Málaga de los ochenta, una ciudad en auténtica efervescencia.

La exposición

Título
‘El bricoleur y la ciudad. Juan Antonio Ramírez y el ecosistema del arte en Málaga. 1980-2000’
La exposición
Más de un centenar de piezas de distintos artistas (pinturas, fotografías, dibujos, objetos, esculturas, palíndromos objetuales), creaciones del propio Ramírez (el ‘Templicón’, objetos de ‘latoflexia’, dibujos, carteles intervenidos) y documentación acerca de la vida cultural de la ciudad y en las que Ramírez participó.
Comisarias
Maite Méndez y Rocío de la Villa
Lugar
Rectorado. Avda. Cervantes, 2, Málaga.
Fecha
Hasta el 17 de marzo.
Horario
Lunes a sábado, de 10 a 14 h. y de 17 a 21 horas.

Se opta, por tanto, por no consagrar la exposición a su inconmensurable labor investigadora y docente, que lo convertiría en un autor de referencia, en renovador de la disciplina y en un precursor de nuevas metodologías y de los estudios de cultura visual; sin embargo, con la inclusión de algunas manifestaciones que sistematizó dando andamiaje teórico (el «estilo del relax», por ejemplo), así como su ingente bibliografía, que dedica a asuntos profundamente disímiles, se atisba esa trascendental vertiente académica e investigadora. Y aún más –y esto es verdaderamente crucial–, se percibe cómo muchos de esos episodios de investigación en los que abordó cuestiones ‘marginales’ o ‘no-centrales’ pudieron estar presididas por una reveladora inclinación por ejercicios artísticos cuyos artífices actuaron sin pretensión, desde lo artesanal y bordeando nociones como las del ‘amateur’ y el ‘outsider’. Con el ‘Templicón’ o con sus lámparas y seres de latón reciclado presentes, podemos contextualizar su interés, entre otras muchas cuestiones de diferente recorrido, por el «estilo del relax», cuyos artífices en ocasiones eran artesanos y muchas de las creaciones son anónimas; o por los creadores ‘margivagantes’, ciudadanos que ‘quedan recogidos’ en el estudio que dirige Ramírez, ‘Escultecturas margivagantes. La arquitectura fantástica en España’ (Siruela, 2006), y que evidenciaban una innegable artisticidad para, con materiales precarios, desclasados y extra-artísticos, transformar la rutina o monotonía de la existencia. En ese transformar y en esa capacidad artística del individuo hubo de verse reflejado Ramírez.

La exposición de Ramírez supone un viaje a una ciudaden auténtica efervescencia

La exposición se inicia con distinta documentación sobre una acción ciudadana, una suerte de ‘happening picassiano’, que Ramírez organiza en 1981, justo en el marco del centenario del nacimiento del artista malagueño y de la llegada de ‘Guernica’ a España. ‘La ascensión de Guernica a los cielos’ fue un pasacalles, una ‘procesión festiva’, en el que desfilaban personajes ‘picassianos’ y en la que, en la Plaza de la Merced, con sones de distintos pasodobles, se soltaron globos pintados con fragmentos de ‘Guernica’, exponiéndose uno de ellos junto a numerosas imágenes que documentan la acción y que evidencian el papel activo que jugó Ramírez. Se hace difícil, aunque el tono y el espíritu fueran otros, no recordar la posterior acción del colectivo Agustín Parejo School en la que se manifestaron asociaciones vecinales como Trinidad-Perchel o Vecinos sin Vivienda en clave de procesión de Semana Santa. La documentación se acompaña por una selección de obras de pintores malagueños de la ‘nueva figuración’ (Daniel Muriel, Chema Tato, Ángel Calvo Capa, Gabriel Padilla, Carlos Durán, José Seguiri, Bola Barrionuevo, etc.) que no sólo parafrasean la obra de Picasso, sino que componen un mosaico de los temas y sensibilidades que se dieron en ese ‘entorno figurativo’: la Antigüedad, que en esencia no es ajena a ‘lo picassiano’, el ocio y la modernidad, las alegorías en torno a la arquitectura y la propia pintura, la ciudad de Málaga y su síntesis de tradición, modernidad, cultura y carácter paradisiaco. Entre las expuestas, ‘La cita en el Maricuchi’ (1980), de Muriel, adquiere la condición de manifiesto o de retrato de familia, al modo que lo hizo para la nueva figuración madrileña ‘Grupo de personas en un atrio o alegoría del arte y la vida o del presente y el futuro’ (1975-76) de Guillermo Pérez Villalta. Este conjunto de pinturas dialoga y se refuerza –se refuerzan mutuamente– con el que acompaña al monumental ‘Templicón’, el mueble que construyera Ramírez y que los pintores Antonio Olveira, Durán, Padilla y Seguiri pintaran siguiendo un programa iconográfico diseñado por el propio Ramírez. La Antigüedad, la arquitectura, el clasicismo y la revisión de la historia del arte vuelven a estar presentes tanto en la intervención pictórica del armario ideado por Ramírez como en el entorno expositivo en el que se contextualiza. La sensibilidad –o la condición– posmoderna, a través de los temas y del espíritu desprejuiciado, exuda en este amplísimo y variopinto conjunto que domina el inicio de la exposición.

Las comisarias sehan centrado en su espíritu creativo, enel aire lúdico y en el fundamental rol como dinamizador cultural

A partir de aquí nos encontramos con la pura invención de sus seres y lámparas de ‘latoflexia’, que se acompañan del tratado que escribió sobre esta práctica. Humor, ironía y, ante todo, la fe en la creación, como una pulsión que compartimos los humanos y que nos convierte en artistas en potencia, trasminan de esos enseres lúdicos que nos permiten recordar la importancia del juego, de lo precario y de lo infantil en el arte del siglo XX –piensen especialmente en Calder, pero también en Torres García o Depero. En este espacio se incluyen algunas creaciones del «estilo del relax», que él vino a teorizar: fotografías tomadas por Carlos Canal para ilustrar el mítico libro ‘El estilo del relax. N-340. Málaga, h. 1953-1965’, fotografías suyas del Bazar Aladino o dibujos de Diego Santos de depósitos de agua de la costa, así como alguna obra, como un evocador y delicioso acrílico sobre lino de Santos, que resulta absolutamente extemporánea al estar ejecutada en 2018. Cierran la exposición una obra del colectivo Agustín Parejo School e imágenes de los ‘graffitis’, con el trascendental empleo de lo verbal, que realizaron en el espacio público. Ejemplos también de lo lúdico como estrategia que encubre lo grueso.

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