Hecho

David, María, Jose, Javi, Javier y Noelia, hace casi diez años. :: sur/
David, María, Jose, Javi, Javier y Noelia, hace casi diez años. :: sur
Línea de fuga

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

La foto tiene casi diez años. Seis jóvenes artistas de la tierra reunidos sin más motivo que su talento y su proyección: María Bueno, Javi Calleja, David Escalona, Noelia García Bandera, Jose Medina Galeote y Javier Roz. Pienso a menudo en aquel reportaje, desde el orgullo disfrutón de quien siente que el tiempo y los hechos le han dado la razón con carreras que siguen alzando el vuelo. Me ha pasado de nuevo esta semana.

Porque esta semana fui a ver la deliciosa exposición de Paco Aguilar en la sala de la Escuela de San Telmo. Me avisó, como siempre, Noelia, que da clases allí y supervisa el programa de la sala. Noelia, además, sigue haciendo fotografías inquietantes y hermosas, como las que reunió hace un tiempo en el Centro Cultural Provincial y como la que colgó en la Fundación Picasso junto a las estampas del genio en una de las propuestas más logradas de la pasada Noche en Blanco.

Con María también hablé hace poco porque ha coordinado otra pequeña exposición maravillosa, tomando como base la obra de María Zambrano. María (Bueno) también firmó hace algunos veranos un proyecto en los Encuentros de Arte de Genalguacil que clavó un poco más hondo su bandera feminista, que ella ondea sin darle a nadie con el mástil.

Javier Roz también cambió su rutina de trabajo para conciliar mucho antes de que eso se convirtiera en tendencia. El correo electrónico me habla casi todas las semanas de Javier, de las sesiones de sus clases de dibujo. Es un goteo constante que me recuerda a su propia obra, porque los dibujos de Javier crecen como árboles, lentos y con raíces firmes y dan buena sombra y frutos y gloria de verlos.

Si las obras de Javier son árboles, las de Jose Medina Galeote se suben por las paredes como una enredadera de puro talento. Jose fue el primer artista visado por el Centre Pompidou de París para intervenir las escaleras interiores de la filial malagueña y su imponente obra en aquel lugar todavía quema en la memoria. Claro que también me acuerdo de Jose casi todos los días, cuando miro a V pintado en su mesita de madera, absorta en sus lápices y en sus ceras de colores. Entonces me acuerdo de cuando V todavía no había nacido y Jose me decía que a uno de sus hijos -al pequeño, creo- le pasaba lo mismo. Y él venga a arrimarle el balón, la consola o lo que fuera, pero nada, el niño se pegaba los ratos muertos pintando. Como V. Así que Jose y yo siempre que nos vemos, nos preguntamos por los enanos artistas y bromeamos sobre la estrategia que pensamos seguir para, llegado el caso, quitarles semejante idea de la cabeza.

Claro que a mí no se me ha quitado de la cabeza y de las tripas la impresión que me deja la obra de David Escalona cada vez que me cruzo con ella. Me acuerdo como si los tuviera delante de sus dibujos de aves y manos heridas, de la tabla para amasar pan y dolor, de la cartuchera con los dedos blancos de escayola en el lugar de las balas, de las palabras de Chantal Maillard que acompañaban a las obras de David en aquella exposición en la Galería Isabel Hurley que deberían recetar en los centros de salud.

Otro antídoto contra la rudeza del mundo en las obras de Javi Calleja, que el viernes regresaba a la Galería Yusto/Giner con una exposición vendida al completo antes de la inauguración. Javi tiene lista de espera de coleccionistas en medio mundo. Él escucha ese panorama, sonríe y levanta los hombros, casi a modo de disculpa', como los personajes de sus cuadros que miran al espectador entre cariñosos, irónicos y un poco gamberros. Uno de ellos surge en el muro principal de Yusto/Giner. De la escena del cuadro parecen salir manchas de pintura que llegan hasta la pared, donde puede leerse la palabra 'Done'. Hecho.

Y a mí nadie me quita el gustazo de haber visto crecer en estos años la obra de Javi, de María, de Noelia, de Javier, de Jose y de David. Como la de otros cuantos. Es un hecho la suerte de haber estado ahí, de seguir aquí y de poder contarlo. Así que ya sabéis, el año que viene nos volvemos a juntar y hacemos el reportaje con lo que ha pasado en esta década. ¿Hecho?

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