Y el rey habló

Antonio Garrido
ANTONIO GARRIDO

Los mensajes se producen básicamente mediante la articulación de estructuras verbales, el único instrumento sustancialmente humano, pero el mensaje es una unidad de intención y de sentido que se articula con otros elementos que es preciso analizar para una comprensión cabal del acto de comunicación.

Millones de españoles pararon sus actividades a las nueve de la noche del pasado martes. Las cadenas de televisión y de radio también alteraron su programación habitual. Simplemente este hecho es un signo de excepcionalidad, algo importante, algo relevante se iba a producir. La expectativa estaba asegurada, el canal comunicativo expedito; por las imágenes que he podido ver, el mensaje fue recibido con atención.

En la pantalla apareció el pendón real con el escudo reducido, lo que se conoce como el escusón pequeño, frente al escusón grande, verdadero resumen de la historia de España y de una gran vistosidad. El fondo es de color carmesí, el color de la Casa Real. Sobreimpresionado aparece una frase, una llamada de atención: Mensaje de Su Majestad el Rey. Esta imagen construye un ambiente de solemnidad. No se trata del habitual Mensaje de Navidad, el Rey habló de un problema que todos los medios, desde hace tiempo, califican como grave, revolucionario, terrible, trágico, y uso palabras que he recogido de diferentes fuentes. Lo que se ha denominado cuestión catalana, conflicto o problema catalán, estructuras que se han llegado a escribir con mayúsculas.

La solemnidad se construyó sobre la sobriedad. El rey, escoltado por la bandera de España y la de la Unión Europea, sin ninguna foto o recuerdo personal que «humanizara» el campo visual, solo madera noble y el retrato de Carlos III de Mengs, una obra maestra del llamado retrato de aparato, en el que el rey ilustrado aparece vestido con armadura como supremo jefe militar, peluca y gesto, vuelvo a emplear la palabra. La solemnidad es la cualidad de solemne y la segunda acepción de la palabra es: 'Formal, grave, firme, válido, acompañado de circunstancias importantes o de todos los requisitos necesarios'. No ha definido mal el DRAE.

Ya aparece la palabra en el siglo XVI. Entre 1576 y 1577 Fray Bernardino de Sahagún escribe en 'Historia general de las cosas de Nueva España', refiriéndose a las costumbres de los naturales: «porque en el fin de los cincuenta y dos años hazían una muy solemne fiesta y sacavan fuego nuevo». Al marco se añade el gesto, el lenguaje no verbal. El gesto del rey fue muy serio en todo momento, el tono de voz, seguro y categórico en momentos, el gesto decidido. La imagen transmitió seguridad, aplomo, madurez, certidumbre. Los datos de recepción confirman que el objetivo se cumplió de sobra; la mejor prueba ha sido el discurso, a la misma hora, de Puigdemont, que criticó duramente al monarca y en el que por razones de espacio no entraré.

«Estamos viviendo momentos muy graves», estas fueron las primeras palabras después del «Buenas noches». Estos momentos amenazan claramente «nuestra vida democrática». Esta palabra es clave. El rey construyó el discurso sobre una afirmación fundamental: España es un estado de derecho, España es una democracia plena y él es el jefe del Estado y defiende la ley, la norma, la justicia y la Constitución. El rey habló con la autoridad moral de garante supremo, por encima de los partidos, de las circunstancias. Su discurso buscó un horizonte permanente de convivencia.

Se declaró testigo de hechos que llevan a «la pretensión final de la Generalitat de que sea proclamada - ilegalmente- la independencia de Cataluña». No hay lugar a dudas. Las actuaciones son ilegales y la proclamación será ilegal. He escuchado y leído interpretaciones partidistas e interesadas que intentan descargar la rotundidad de la afirmación. Por si hubiera duda, que no la puede haber, parafrasea: «Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la Ley». Es claro que las actuales autoridades son ilegales; la siguiente frase es la que se ha convertido en titular, han: «demostrado una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado». Esa deslealtad es traición a la ley; luego, se desprende que las autoridades catalanes se han puesto fuera de la ley porque la han traicionado, a continuación emplea el verbo «socavar»; es decir, excavar y debilitar porque «han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional». En este razonamiento hay una conclusión: «es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional». Culmina: «mi compromiso como Rey con la unidad y permanencia de España». Unidad en el tiempo, en la historia.

Un mensaje breve, del que no se desprende ni por asomo equidistancia o llamamiento a mediación alguna. El rey ha cumplido con su deber y ha pedido que quien tiene la legitimidad cumpla con el suyo. He leído que este discurso se debe a un «dictado» del PP. No, es un dictado de los supremos valores de la ley, de la convivencia y de la historia de España, perdón, estas veintiuna palabras son opinión personal.

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