HABLEMOS DEL HABLAR

La nube doble

Juan Francisco Gutiérrez
JUAN FRANCISCO GUTIÉRREZMálaga

En un país entregado a la cháchara, o a darle a la sinhueso que dirían los más viejunos, lo de dialogar, qué paradoja, parece un exotismo. Acaso un deporte del que pasamos olímpicamente: preferimos las carreras de relevo sin fin, donde a cada zancada soltemos nuestros prejuicios sin cambiar de opinión ni a la de tres. España vive momentos como los de la Transición, pero el debate público no halla foros donde más allá de proclamas se abone un camino que, pasito a pasito, suave suavecito, pueda abocar a un consenso. Ojo, por supuesto que la ley es la ley, pero no hablo aquí de quién tiene más razón, sino de cuán huérfanos estamos de ejercicios sinceros de intercambio de argumentos.

Muchos ciudadanos se han echado a la calle, abanderados o de blanco: unos reclaman sensatez y unidad; otros, que los que manejan el cotarro se pongan a hablar. Justo sensatez y diálogo hicieron de 'La Clave' un referente televisivo a finales de los setenta. Ahora la sociedad es distinta y un 'prime time' actual, claro, no soportaría esas reuniones de hombres serios con José Luis Balbín fumando en pipa.

Pero tampoco es soportable que el debate se haya convertido en un formato en extinción, tras una deriva que viene de largo. Hermida creó las 'tertulias-show' allá en los ochenta; luego en los noventa Xavier Sardá, que ahora participa en los maratones de La Sexta, gestó el maniqueo y premonitorio 'Moros y cristianos'. Desde ahí comenzó a hacerse espectáculo del exabrupto y del gesto; de ahí salieron después debates con orquesta y hasta con copazos de vino. Y así llegamos a este páramo, donde las tertulias reinan con sus púgiles habituales de opiniones previsibles; donde TVE abdica, entre otras muchas obligaciones, de programar debates en horarios que no sean 'after hours'. Un desierto en el que, salvo excepciones y para colmo, el formato más duradero de este estilo es el que se dedica, ahí queda eso, a debatir sobre 'Gran Hermano'. A falta de ejemplos televisivos de postín, con conversaciones de fuste, normal que eso de dialogar sea una cosa tan mal vista.

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