El habitante de la noche

El habitante de la noche
Sr. García .
Cruce de vías

El hecho de ser inmortal evitaría cualquier amenaza de peligro, así que podría beber y beber sin dañar el hígado ni la conciencia

JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA y SR. GARCÍA .(Ilustración)

Si a los treinta años me hubiera convertido en vampiro ahora tendría la misma edad que entonces y por las noches pasearía ufano por las calles de la ciudad eligiendo a mis víctimas. No tiene nada que ver que te chupe la sangre una persona física o jurídica a que lo haga un vampiro. Los primeros te amargan la vida, el segundo te concede la inmortalidad. No sé cómo llevaría él vampirismo. Vivir siempre plantado en una edad tiene que resultar agotador. Desde la noche de Fin de Año pienso cosas extrañas. Me planteo el amor eterno que sólo ellos alcanzan. Cuando era adolescente, mi padre hablaba de las vampiresas. Las relacionaba con mujeres elegantes, bellas y misteriosas. La vecina del primero izquierda era una vampiresa que se llamaba Nuria y tenía cautivados a todos los inquilinos de la escalera. Salía por las noches y regresaba antes del amanecer. Sin embargo, nadie la imaginó chupando sangre.

Creo que es mucho mejor transformarme en vampiro ahora que cuando tenía treinta años. Entonces estaba convencido de que la experiencia era una mierda que no servía para nada. Hoy opino todo lo contrario. Nos enteramos de las trampas de la vida demasiado tarde. Me planteo detener el tiempo eternamente y convertirme en vampiro esta misma noche. Lo aceptaría gustoso con la única condición de sustituir la sangre humana por la sangre divina del alcohol. El hecho de ser inmortal evitaría cualquier amenaza de peligro, así que podría beber y beber sin dañar el hígado ni la conciencia.

Últimamente no pego ojo por las noches. Al volver de vacaciones pensé que el insomnio era consecuencia del cambio de horario, pero transcurren los días y sigo sin conciliar el sueño. El cansancio me provoca un hambre que no consigo satisfacer por mucho que coma. Reviso el viaje buscando alguna explicación y sólo recuerdo que la noche de Fin de Año sentí un impacto en el cuello que me dejó aturdido. Nunca se sabe lo que puede pasar mientras duermes. A la mañana siguiente, me desperté cansado y continué durmiendo hasta la noche. Desde entonces no he vuelto a ver la luz del día. Estoy cambiando de hábitos. Quizás me haya convertido en vampiro sin darme cuenta, por si acaso cierro las persianas al amanecer y no me asomo a la calle hasta que llega la noche. Me atrae el color rojo, la sangre, la vida oscura. Me infunde una gran tristeza ver cómo envejecen las personas que quiero y no soporto contemplar cómo van desapareciendo poco a poco. Tal vez todo lo solucione chupándoles la sangre. Antes habría de calibrar mis posibilidades. Mañana abriré las persianas y descorreré las cortinas. Me jugaré la vida.

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