«El gran tema de nuestro tiempo es la soledad»

La escritora Alicia Giménez Bartlett. :: marta pérez/
La escritora Alicia Giménez Bartlett. :: marta pérez

La autora publica 'Mi querido asesino en serie', nueva entrega de la serie de la inspectora Petra Delicado Alicia Giménez Bartlett Escritora

CÉSAR COCA

madrid. Después de haber ganado el Planeta hace dos años con 'Hombres desnudos', Alicia Giménez Bartlett ha buscado la compañía de dos viejos amigos: la inspectora Petra Delicado y el subinspector Fermín Garzón. 'Mi querido asesino en serie' (Ed. Destino), que esta semana ha llegado a las librerías, es el undécimo libro de una serie que ha dado una gran popularidad a su autora, una de las primeras mujeres en escribir novela negra en España. Se trata de un texto que, más allá de la peripecia policial, aborda el gran tema de las sociedades urbanas contemporáneas: la soledad.

- ¿Cuesta mucho ponerse a escribir tras ganar el Planeta y realizar una larguísima gira de promoción?

- Pasé un año sin escribir nada. Quizá antes hubiera sido capaz de hacerlo, pero ahora ya no. La gira de promoción es parte del trabajo de un escritor, pero cuando la terminé tenía unas ganas enormes de ponerme a escribir. Una promoción de un año es agotadora así que volver con Petra, ese mundo que me es tan familiar, fue fácil y lo necesitaba.

LA FRASE«Una vez dije de broma que haría que Petra se metiera monja. No será así, pero le haré una despedida»

- Ha obtenido el premio con más prestigio literario, el Nadal, y el de mayor dotación económica, el Planeta. ¿Después de eso se siente un cierto vacío?

- Depende de hasta qué punto te creas los premios. Si piensas que es lo mejor que te podía pasar, notas un vacío, claro. Pero yo soy bastante escéptica. Creo que esos dos premios fueron para libros que están bien, y eso es todo. La meta es siempre el siguiente, qué tema trataré, con qué personajes, con qué tratamiento... Los premios son algo más biográfico que literario. Un reconocimiento sienta bien, pero no me libera del miedo al comenzar otro libro.

- El pánico ante el folio en blanco.

- Sí. Acabo de terminar 'Mi querido asesino en serie' y como me sucede de manera habitual ahora temo que no me salga nada más. Siempre me asusta el inicio; una vez terminado el primer capítulo ya se me pasa.

- Es el undécimo libro con Petra Delicado y Fermín Garzón. ¿Nota cansancio?

- De momento, no, porque he ido intercalando estas novelas con otras. De todos modos, en el momento en que empiece a detectar algo así, lo dejaré.

- Es decir, que no ha puesto un límite de títulos a la serie.

- No, ni he puesto un límite ni garantizo su continuidad. Todavía hay lectores fieles... Pero si viera que empiezo a tener dificultades para seguir escribiendo esta serie, haría una novela para decir adiós al personaje. Una vez en Alemania, dije que terminaría la serie haciendo que Petra se metiera monja. Era una broma, pero sí tengo la intención de, cuando eso suceda, hacerle una despedida.

Contacto humano

- Sus detectives apenas envejecen y en sus novelas hay muy pocas o ninguna referencia para situar temporalmente la trama.

- Hay algunos cambios respecto de las primeras, cuando no existía el euro ni había móviles. Ha pasado el tiempo pero menos que para mí, es verdad. Aunque el talante de Petra ya no es tan eufórico, se ha divorciado y vuelto a casar... Los personajes deben sufrir los golpes de la vida y eso les va cambiando el carácter.

- En esta trata sobre un asesino en serie, algo muy infrecuente en España. ¿Eso le ha generado un problema de verosimilitud?

- Ha habido muy pocos, ciertamente, y eso genera un problema, porque es un argumento prototípico de las novelas y las series estadounidenses. Por eso es un poco autoparódico todo.

- En eso se distancia de los estadounidenses y en otro aspecto se acerca mucho a sus colegas latinos: sus detectives beben mucho y comen tanto o más.

- Sale mucha comida pero a diferencia de las novelas de Vázquez Montalbán, Camilleri o Márkaris, entre otros, no hay en las mías una recreación de un mundo gastronómico. Comen y charlan porque, entre nosotros, por herencia árabe, las comidas son el momento de la conversación, de los negocios, del debate...Es algo muy civilizado.

- En 'Hombres desnudos' hablaba de mujeres que recurrían a hombres 'de alquiler', y en esta, de hombres y mujeres que acuden a agencias matrimoniales. ¿Es la soledad el tema que más le preocupa?

- Es el tema de este libro y el gran tema de nuestro tiempo. En las grandes ciudades puedes estar muy aislado y eso es terrible. Todo lo que se dice aquí sobre agencias matrimoniales es cierto. Investigué sobre el asunto y encontré información que no he usado porque no parecería verosímil. Hay quien acude a ellas no en busca de sexo o afecto, sino tan solo de compañía para salir al cine o a tomar una cerveza o dar un paseo.

- Rodeados de gente todo el día y solos.

- Cada vez estamos más aislado en nuestro rincón de internet, donde tantos amigos tenemos. Pero eso es frío, no sabes en realidad con quién hablas. No es un verdadero contacto humano. Ahora vivo en un pueblo y me relaciono con gente simplemente por el hecho de salir a hacer la compra. Hasta lo laboral es más estresante en una ciudad. Por eso, la gente cuando se jubila o se va al paro se queda vacía porque apenas ha cultivado las relaciones fuera del trabajo.

- En los últimos tiempos, en entrevistas y actos públicos, ¿le preguntan más de literatura o de Cataluña?

- Fuera de España, sin duda me preguntan más por Cataluña. Hace un tiempo ya dije que me había trasladado a vivir a un pueblo fuera de Cataluña pero justo en el límite, por si acaso, añadí en broma.

- En su columna en el último número de 'Territorios' hablaba de los escritores catalanes en catalán y castellano como dos universos paralelos. ¿Se han distanciado más en los últimos tiempos?

- Más distanciados no podíamos estar... aunque tampoco había ningún contencioso entre nosotros. Es absurdo pero a veces coincidías en un congreso en el extranjero con un escritor en la otra lengua con quien no habías tenido nunca el menor contacto y te hacías muy amigo. El intercambio debería haber sido prioritario pero no ha sucedido. Siempre he sido muy crítica con una situación que es un síntoma claro de la vida cultural en Cataluña... y en España.

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