Un gozoso revival sobre raíles

Branagh pone al día el clásico de la novela policíaca con la ayuda de un fanfarrón Johnny Depp y la magia digital

OSKAR BELATEGUI

La habitación 411 del hotel Pera Palace de Estambul sigue siendo un destino popular. Allí escribió Agatha Christie 'Asesinato en el Orient Express', una novela publicada por primera vez en 1934 y cuyo germen es el viaje que la novelista realizó pocos años antes tras divorciarse de su primer marido. 'Intriga en Bagdad', 'Asesinato en Mesopotamia' y 'Muerte en el Nilo' también beben de la fiebre viajera de Christie, que en 1928 montó en el lujoso tren que desde 1885 hasta 1977 unió París con la exótica Constatinopla, actual Estambul.

Sidney Lumet dirigió en 1974 una adaptación con un kilométrico e irrepetible reparto: Lauren Bacall, Sean Connery, Vanessa Redgrave, Anthony Perkins... La nueva versión de Kenneth Branagh también acumula estrellas para dar vida a los sospechosos que juguetean con sus personajes-cliché: el mayordomo, laviuda, el profesor, la condesa... De entre todos ellos destaca Johnny Depp, un gángster fanfarrón que pone a prueba a Poirot.

El aire 'viejuno' y de revival de 'Asesinato en el Orient Express' le garantiza el éxito en una salas con mayoría de público maduro. Branagh sigue al pie de la letra la lógica del 'whodunit' (contracción de Who has done it? ¿quién lo ha hecho), el género policíaco en el que se trata de descubrir al culpable de un crimen. Pero estamos en 2017 y cualquier filme con vocación taquillera tiene que echar mano de la magia digital para asegurarse la espectacularidad.

El director de 'Los amigos de Peter' rodó la cinta en celuloide y en 65 mm, lo que obligó a Kodak a recurrir a un laboratorio en Londres para revelar los negativos a diario. Un tren detenido en la nieve no parece el mejor escenario de una cinta de acción, pero la habilidad de Branagh logra un gozoso entretenimiento que destila desvergonzado humor y amor por los clásicos.

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