Del genio renacentista al presidente unionista: Leonardo Da Vinci y Abraham Lincoln

Abraham Lincoln. /
Abraham Lincoln.
Albas y ocasos

Tal día como hoy nacía Leonardo Da Vinci, genuino genio renacentista, y moría Abraham Lincoln, descerebrado por el único tiro de una Deringer de bala redonda mientras asistía a una representación teatral

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía Leonardo Da Vinci, genuino genio renacentista, y moría Abraham Lincoln, descerebrado por el único tiro de una Deringer de bala redonda mientras asistía a una representación teatral.

Leonardo Da Vinci. Del 15-4-1452 al 2-5-1519

Quince de abril de 1452. Nace en Vinci Leonardo di ser Piero, hijo ilegítimo de un embajador de la República de Florencia y de una campesina quinceañera. Tras pasar por el taller artístico del maestro Verocchio – a su vez discípulo de Donatello – , Leonardo se marchó a Florencia donde Lorenzo de Medici lo reclutó como emisario ante el Duque de Milán Ludovico Sforza, y a partir de ese momento ya fue un no parar de experimentos y creatividad: que si proyecto la cúpula de la catedral milanesa; que si me agencio setenta toneladas de bronce para moldear la figura de Francisco I Sforza aunque entonces a Carlos VIII de Francia se le mete entre ceja de Valois y ceja de Saboya invadir la ciudad y el bronce estatuario lo tengo que fundir para fabricar cañones defensivos; que si, entre el diseño de grúas y telares, me entretengo pintando el fresco de La Última Cena; que si ahora me voy a Venecia en calidad de arquitecto e ingeniero militar porque los turcos amenazan con agondolarse soberanamente en la ciudad de dux y, ya que estoy, invento la escafandra submarina y diseño un proyecto de esclusas; que si me lanzo al estudio anatómico y, entre mi Hombre de Vitruvio y el primer dibujo de un feto dentro del útero, comienzo los bocetos de La Gioconda; que si hoy me pongo a estudiar el vuelo de los pájaros y a soñar con emular humanamente sus desplazamientos aviares; que si, como genuino genio renacentista que soy, también filosofo a destajo y, ya bajo el mecenazgo del rey francés Francisco I, construyo un león mecánico que no ruge sino que al andar desvela una flor de lis oculta en su pecho… Y a estas alturas espaciotemporales ando nominativamente satelizado en un cráter lunar de impacto, orbitado en rojo en un cráter marciano y astronómicamente empadronado en el cinturón de asteroides que ciñe el pantalón del sistema solar. Ahí vamos.

Abraham Lincoln. Del 12-2-1809 al 15-4-1865

Cuatrocientos trece años después del nacimiento vinciano de Da Vinci, moría en Washington el decimosexto presidente de los Estados Unidos de América, Abraham Lincoln, descerebrado por el único tiro de una Deringer de bala redonda mientras asistía a una representación desde el palco de honor del washingtoniano teatro Ford. Antes de ser despalcado y despresidentado de un solo disparo, efectuado por un actor de Maryland simpatizante confederado que al saltar desde al balcón al escenario hizo una genuflexión que parecía una reverencia cuando en realidad se había roto una pierna durante el escenarizaje mientras declamaba sic semper tyrannis – frase atribuida a Brutus tras los letales idus de marzo de Julio César y lema del estado de Virginia – , Lincoln gobernó durante cuatro años unos Estados Unidos bélicamente desunidos por la consabida Secesión. Mientras por una parte lidiaba con una bipolaridad que lo vapuleaba a través de la montaña rusa maníacodepresiva y con los rumores que, más allá de su matrimonio y sus cuatro hijos, le atribuían «un vena de lavanda» y «la debilidad de las violetas de mayo», eufemismos locales que venían a sugerir una homosexualidad de armario blindado en una época en que los armarios no se vaciaban, Lincoln sobrevivió a una primera tentativa de asesinato en Baltimore; liberó a los esclavos mediante la Proclamación de la Emancipación, hecho que enfureció sobremanera a los sureños que no estaban dispuestos a quedarse sin mano de obra gratis para sus plantaciones y sus mansiones coloniales; estableció la imposición federal de derechos civiles y suspendió el hábeas corpus, decisión que implicaba que los ciudadanos de los estados rebeldes podían ser detenidos sin más, y esto los cabreó como canes espumeantemente hidrofóbicos y los llevó a entrematarse a sendos lados de la línea Maxon-Dixon con sus nuevos enemigos unionistas; fue reelegido, en unos comicios sin precedentes ya que tenían lugar en plena guerra civil, como presidente de los unionistas y hasta de algunos confederados que habían cambiado de bando por el camino, exactamente cinco meses antes de John Wilkes Booth le volara la cabeza mientras ésta focalizaba su atención neuronal en Our American Cousin, farsa en cuya segunda escena del último acto la risa de la audiencia se solapó con el disparo en la nuca que a Lincoln le acalló definitiva y rotundamente la hilaridad, cuatro días después de que la rendición del general Lee marcara el final de la Guerra de Secesión. And that is all.

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