Gastar en experiencias

SORA SANS

Habrá quien considere que pasar el rato con cosas así es una pérdida de tiempo.

El Doctor Thomas Gilovich de la Universidad de Cornell ha concluido en un reciente estudio que la felicidad que puede proporcionar una experiencia dura más que la que proporciona comprar un objeto. Afirma que «uno de los enemigos de la felicidad es la adaptación», y cuando compramos algo, rápidamente nos adaptamos, nos acostumbramos, y por lo tanto, esa felicidad inmediata que da lo nuevo, desaparece. Las experiencias sin embargo, proporcionan una felicidad más duradera, pues pasan a formar parte de quiénes somos. Hace unos años, debatía con unos amigos si era mejor arreglar una radio antigua o comprar una nueva. Yo opté por intentar arreglarla. No recuerdo cuánto tiempo tardé en hacerlo, desmontarla, examinar todos esos circuitos y cables, investigar en internet qué podía fallar, dónde estaría el problema, cambiar piezas o apañarlas de alguna manera. Al final no conseguí arreglar el reproductor de cintas, pero sí la radio. Tenía un sonido algo cascado, sonaba a antigua, era genial porque no había otra radio en el mundo con el mismo ritmo. Hubiese sido mucho más fácil desechar aquella radio y buscar otra, incluso me atrevo a decir que habría sido más barato; pero tengo claro que comprar el último modelo de radio no me habría dado la felicidad que me dio la experiencia de intentar arreglar mi trasto viejo. Habrá quien considere que pasar el rato con cosas así es una pérdida de tiempo, que vale más dedicar esos momentos a trabajar, ganar dinero y luego comprar lo que uno quiere «nuevo, sin defectos», comprar la felicidad inmediata. Para mí eso vale muy poco, es como invertir en pompas de jabón que al momento explotan dejando un vacío que necesitamos llenar con lo que sea y rápidamente. El Doctor Gilovich asegura que te pueden gustar las cosas materiales y pensar que parte de tu identidad está conectada a ellas, pero estas cosas están separadas de ti. Es cierto, no sé qué fue de aquella radio antigua, pero no es la radio lo que importa, sino la experiencia de haber arreglado aquel trasto y cómo, desde entonces, no me da miedo desmontar el mundo para pasar el rato.

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