García Márquez en cómic

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La vida del Nobel colombiano, narrada en viñetas y con 'Cien años de soledad' como punto de partida, llega a las librerías españolas

CÉSAR COCA BILBAO.

Gabriel García Márquez llegó a conocer el cómic del que es protagonista. Meses antes de su muerte, acaecida el 17 de abril de 2014, se publicó en Colombia 'Gabo. Imágenes de una vida mágica', que relata los puntos más relevantes de una biografía que resulta tan torrencial como sus propias novelas. Cuando el libro salió a la calle, el autor de 'Cien años de soledad' llevaba tiempo inmerso en las brumas de una enfermedad degenerativa que había ido borrando su memoria, el manantial del que todo escritor, y más él, obtiene el material para su literatura. Ahora, el libro llega a España también editado por Rey Naranjo y con idéntico formato, en un papel que se asemeja al de los periódicos -en la edición colombiana era realmente el utilizado para hacer los diarios- en los que el escritor publicó gran cantidad de reportajes y columnas, incluso algunos cuentos.

Óscar Pantoja es el autor de los textos y Miguel Bustos, Felipe Camargo y Tatiana Córdoba lo son del diseño gráfico y los dibujos. En el volumen repasan la vida del Nobel colombiano tomando como punto de partida 'Cien años de soledad' y retrocediendo y avanzando en el tiempo para explicar las relaciones entre cuanto aparece en esa novela y la vida del escritor. Ahí están el abuelo que participó en la Guerra de los Mil Días y que luego mataba el tiempo haciendo pececitos de oro, el padre que tantos oficios tuvo y tan gloriosos fracasos cosechó en casi todos ellos, la hermana que comía tierra, el cura de Aracataca a quien los fieles creyeron ver cómo flotaba en el aire, la matanza durante la huelga contra las bananeras y la presencia protectora y fiel de Mercedes, a quien tuvo la clarividencia de anunciar cuando ella era aún una niña que terminarían casándose.

Una de las escenas cruciales de 'Gabo. Memorias de una vida mágica' es cuando el escritor viaja con su familia a Acapulco y tiene una especie de iluminación: de camino, mientras conduce, recuerda el momento en que su abuelo lo llevó a conocer el hielo. Se dio cuenta de inmediato de que esa imagen era la que mejor le servía para contar las historias que escuchó a sus abuelos en los años de su infancia, cuando sus padres vivían lejos y él crecía en una casa enorme habitada por un viejo coronel que arrastraba aún la sombra de la derrota y un grupo de mujeres -abuela, tías, criadas-, unidos por una afición desbordante a la narración oral.

Vida pública y privada

En el libro están también los amigos de la juventud y la literatura -Plinio Apuleyo Mendoza, Álvaro Cepeda, Germán Vargas, Ramón Vinyes...-, los de la política, como Fidel Castro; la época convulsa de la agencia Prensa Latina y dos episodios ya míticos. El primero, cuando regresa a Aracataca con su madre para vender la casa familiar y descubre desde el tren una finca esplendorosa, un verdadero oasis en un campo arrasado, llamada Macondo. El segundo, el envío por correo postal en dos entregas, porque no tenían dinero para remitir todo en un solo paquete, del original de 'Cien años de soledad' al editor Francisco Porrúa.

Con un dibujo de tono realista e impreso a dos tintas, el libro capta instantes de la vida pública y privada del escritor. Los autores usan para ello datos obtenidos de las obras de este anteriores a 1967 y su autobiográfico 'Vivir para contarla'. También aparecen citados otros libros, como 'El olor de la guayaba' de Plinio Apuleyo Mendoza; 'Gabriel García Márquez. Una vida' de Gerald Martin -la biografía más extensa y rigurosa-; e incluso 'García Márquez. Historia de un deicidio', el estudio que Vargas Llosa hizo de 'Cien años de soledad', y que estuvo literalmente desaparecido de las librerías durante décadas a causa de un incidente nunca aclarado por completo que rompió una de las más entrañables amistades de la literatura hispanoamericana.

La historia termina con la publicación y el éxito de 'Cien años de soledad', con un epílogo que salta hasta la concesión del Nobel y la ceremonia en la que, vestido con un liquiliqui, recogió el galardón de manos del rey Carlos Gustavo de Suecia. Ese día, el escritor volvió a ver las mariposas amarillas que vuelan por todos los capítulos de su novela más célebre.

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