Gabriel Cualladó, la poesía de lo cotidiano

M. LORENCI

Madrid. haypose ni artificio en sus fotografías. Son imágenes esenciales en las que brilla la poética de lo cotidiano. La magia de la sencillez. Así son las instantáneas de Gabriel Cualladó (Masanasa, Valencia, 1925 - Madrid, 2003), un maestro de la naturalidad cuya obra corría el riesgo de encallar en la zona gris del olvido. Para impedirlo llega 'Cualladó esencial', muestra que revela cómo su delicada y humanista mirada retrató una España áspera y desabrida a través de 140 imágenes que recorren la trayectoria de un maestro empeñado en hacer arte de la foto, el primer galardonado con el Premio Nacional de Fotografía en 1994.

«Luchó para que la fotografía se considerara un arte sin adjetivos», recordaba su hijo Gabriel al presentar ayer la muestra, en cartel en la Sala del Canal de Isabel de Madrid hasta finales de abril y que recorre toda la obra de su progenitor. Comisariada por Antonio Tabernero, reivindica a Cualladó como «una de la figuras más singulares y relevantes de la fotografía española». Y no sólo «por su dimensión poética». También «por su extraordinaria libertad de expresión y la natural sencillez con la que abordó su interpretación del mundo». Maestro del claroscuro y los contrastes, fue un pionero en la ruptura del academicismo imperante en la fotografía de los años 50.

A pesar de su grandeza, «Cualladó sigue siendo un desconocido para una parte del público y un enigma para los conocedores de su obra», lamenta Tabernero, que ha seleccionado imágenes desde sus primeras tomas hasta sus experimentos con Polaroid y el color en los ochenta y sus últimas series, de nuevo en blanco y negro a finales de los 90. Su época de mayor actividad estuvo entre las décadas de los 50 a los 70, aunque se mantuvo activo hasta poco antes de su fallecimiento, cuando aceptó el proyecto 'Puntos de vista' para el Museo Thyssen-Bornemisza, con el que se cierra una exposición «que trasmite el latido vital de una época», según Tabernero.

Lega una obra «plena de humanismo lírico que halla la poesía incluso en lo más doméstico», dice el comisario. Una poesía de lo cotidiano que emerge en sus vagabundeos por Madrid o París, por el campo de Asturias, Galicia o Castilla y en sus penetrantes retratos de familiares, amigos o personajes anónimos.

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