El futuro ya estaba en Arco

Pieza de latón de David Rodríguez Caballero expuesta en Arco. /Efe
Pieza de latón de David Rodríguez Caballero expuesta en Arco. / Efe
Txema Martín
TXEMA MARTÍN

La mayor cita dedicada al mercado del arte contemporáneo que se celebra en nuestro país, Arco, se encuentra ahora mismo agotando los recursos de su edición número 37, un año en el que participan 208 galerías procedentes de 29 países (ningún ‘país invitado’, ninguna ‘galería malagueña’) y cuyos ejes principales son el abordaje del futuro, la promoción de un coleccionismo posible y a bajo coste y la presencia de la mujer, tres elementos que acompañan para dar lustre al verdadero objetivo de una feria comercial.

no venga acompañada de alguna polémica. Todos los años se produce de una manera u otra un escándalo, una obra o circunstancia que atrae de manera obsesiva la atención de los medios y del público y que a menudo comprende circunstancias que poco o nada tienen que ver con el arte. Arco este año empezó de manera abrupta: la inclusión de políticos catalanistas en la serie de fotografías “Presos políticos” del artista madrileño Santiago Sierra motivó que los Reyes modificaran el itinerario típico de su inauguración y trajo con ella la censura por parte de la cúpula de Ifema. Este atropello a las libertades fue secundado para sorpresa de toda la profesión por la veterana galerista Helga de Alvear, en un gesto tachado de cobarde y servilista pero que al final le resultó rentable: a las pocas horas, la pieza en cuestión ya había sido adquirida por un importante empresario catalán. La compró por 80.000 euros.

Ya están aquí

Resulta curioso que en la edición que todo el mundo ha catalogado como la más femenina de su historia, haya artistas que sigan intentando culpar al género de las consecuencias de su mediocridad. A pocas horas de comenzar la feria, cuando todavía estábamos atizados por el escándalo producido por el ocultamiento de una obra incómoda, una plataforma de mujeres decidió echar mano del tópico para inventarse un ‘hashtag’, #estamosaquí, y pasearse por Arco con un símbolo de Google Maps en la cabeza. Querían denunciar así la poca presencia de mujeres en el arte contemporáneo, en las exposiciones y en los museos. Aquello resultó una adaptación cañí de un movimiento muy útil en los años ochenta llamado Guerrilla Girls. En una manifestación primigenia denunciaron la escasa presencia femenina en una exposición antológica en el MoMa de Nueva York. De 169 artistas, sólo 13 eran mujeres. En el Metropolitan, menos del 5% eran mujeres, pero el 85% de los desnudos eran femeninos. “Para entrar en un museo las mujeres tenemos que ir desnudas”, decía uno de sus míticos carteles. Este movimiento sirvió para remover los cimientos del arte contemporáneo.

La presencia de mujeres artistas ha estado vetada durante siglos , también durante el XX (pienso por ejemplo en Hilma af Klint o en Maruja Mallo) pero hoy, después de tantos años, podemos decir que a grandes rasgos estas circunstancias están superadas. No lo entiende así el colectivo ‘La caja de Pandora’ que ha sufrido la incongruencia de haber realizado esta propuesta en la edición de Arco que más atención ha prestado a las mujeres; una feria, por cierto, dirigida y fundada por una mujer. Por ejemplo este año la sección dedicada a lo próximo, encabezada por el lema “El futuro no es lo que va a pasar, si no lo que van a hacer” ha estado comisariada por Chus Martínez, Elise Lammer y Rosa Lleó. La presencia de mujeres galeristas y artistas es una constante. Hemos visto piezas impresionantes de Roni Horn, Marina Abramovic, Susy Gómez, Ángela de la Cruz, Eva Fernández, Cristina Garrido, Louise Bourgeois, Charlotte Dumas, Cristina Iglesias, Joana Vasconcelos o Momu y No Es, un colectivo de dos mujeres que tuvieron que huir de España porque nadie le hacía caso y que han triunfado en Holanda.

No es una exageración decir que la mayor parte de lo mejor que se ha podido ver en esta edición y que se puede ver en el arte contemporáneo está hecho por mujeres. Es anacrónico pensar que en el mundo de la cultura se censura a las artistas por el mero hecho de ser mujer. La excusa del género no es el camino más adecuado para construir una carrera como artista a estas alturas. La batalla no debe ser una cuestión de números; no tiene que ver con la cantidad, sino con hacerlo mejor. Y ahí, las mujeres ya han demostrado que tienen muchísimo que decir.

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