La nube doble

LA FUGA DE FACEBOOK

Juan Francisco Gutiérrez
JUAN FRANCISCO GUTIÉRREZMálaga

Hemos sabido que Facebook nos tenía a todos vendidos y ha cundido la indignación, ay qué desilusión. Además de millonarias pérdidas en Bolsa la red social puede perder pronto miles de seguidores. Fruto de esta constatación, antes intuida, de saberse espiados, los más abochornados ya han borrado sus perfiles en la creación de Mark Zuckerberg, mientras los medios nos explican los lazos evidentes entre este mercadeo de nuestras túrdigas y varias campañas políticas de intenciones aviesas, desde el Brexit a lo de Trump. Cambridge Analytica y compañías de tal palo estaban trapicheando con nuestros perfiles y ante este cambalache, tocados en el honor digital después de haberse hartado de instalar 'cookies' con banda ancha, muchos ahora se hacen los estrechos, ay. A ellos que no les toquen sus pertenencias digitales.

La cosa tiene miga, pero a efectos prácticos habrá más efectos colaterales para los que nos quedemos. Si cunde este éxodo digital ¿quién nos dará vidas para el Candy Crush, eh? ¿O quién nos ofrecerá sus 'likes' cuando soltemos nuestros panfletos sobre cualquier realidad cuñadil? Menudo berrinche. Se abren de nuevo así las dos Españas, las dos humanidades digitales: la de los apocalípticos, que huyen de la megaconspiración y se piran, y la de los integrados, que son muy de, para lo que les queda en el convento, mejor postearlo todo desde dentro. Sin complejos y hasta con geolocalización, ahí es nada. Yo aún no he tomado una decisión al respecto, pues todavía tengo que decidir el antihistamínico que me pondré esta primavera. Pero pienso, ante esta fuga digital de Facebook a ninguna parte, que no hay mal que por bien no venga. Piensen en la de gatos y niños que ya no serán utilizados como objeto de posados imposibles. Y piensen en esas parejas que ya no nos harán pasar por el rubor de leer sus declaraciones públicas de amor, aún teniéndose en el pasillo de casa. Como si ventilar tanto azúcar por los muros les aliviara el drama erosivo de la cohabitación. En estos casos una retirada a tiempo siempre será una victoria, o sea.

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