Formentor, divino refugio de escritores

Alberto Manguel. / Cati Cladera
Flashback

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Las históricas Conversaciones Literarias de Formentor cumplieron el pasado fin de semana su décima edición de esta nueva etapa, organizada por la Fundación Santillana. El Formentor Royal Hideaway de Mallorca, ‘el hotel de los dioses amables’, acogió a unos 80 invitados entre escritores, poetas, editores, agentes literarios, filósofos, académicos y periodistas que compartieron durante dos días reflexiones con el público asistente (nada menos que unas 400 personas al día) en un encuentro tematizado en esta ocasión bajo el sugerente título de ‘Bohemios, magos y vagabundos’.

El día anterior, viernes, se entregó el Premio Formentor de las Letras 2017 al escritor argentino-canadiense Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) y a él estuvo dedicada toda la primera inaugural. El autor, traductor, profesor y crítico literario es además el actual director de la Biblioteca Nacional de Argentina, y es bien conocida su amistad con Jorge Luis Borges, a quien le leyó numerosos libros cuando le incapacitó la ceguera y que, a su vez, fue el primer galardonado en la historia de este premio (lo recibió en 1961, cuando estaban auspiciadas por Cela, compartido con Samuel Beckett). No son pocas las voces de especialistas que achacan la edición de sus mejores traducciones al inglés a este premio, otorgado en su origen y de forma novedosa por un selecto jurado formado por los editores más importantes en varias lenguas, impulsado por Seix Barral y con la colaboración de una decena de sellos extranjeros. Todo aquello, impulsado por el mecenazgo de los antiguos propietarios del hotel, la familia Buadas, convirtieron la cita en un foro literario de primer orden internacional hasta que dejó de convocarse en 1967. Varias décadas después, en el año 2008, se retomaron las Conversaciones contando con la dirección de Basilio Baltasar y la adhesión como mecenas de la familia Barceló, quienes un par de años después retomaron la decisión de convocar este premio y dotarlo con una cuantía de 50.000 euros. Para dar cuenta de su repercusión internacional, basta recordar algunos de los premiados de esta última etapa: Juan Goytisolo, Roberto Calasso, Ricardo Piglia, Carlos Fuentes o Enrique Vila-Matas.

Con el premio a Alberto Manguel se distingue a un autor que constituye, en palabras del jurado, «una de las más lúcidas indagaciones en la historia orgánica de la biblioteca universal». Conocer a Borges en la librería Pigmalión de Buenos Aires supuso un punto de inflexión en su trayectoria personal y literaria, aunque su amor por los libros comenzó desde mucho antes. No en vano y como es bien conocido, alberga una de las bibliotecas personales más impresionantes que se conocen; cuenta con más de 30.000 ejemplares, muchos de ellos incunables, y en un encuentro con la prensa en Formentor nos confesó su furia encendida por unos problemas burocráticos que le obligaron a embalar esos volúmenes en cajas tras abandonar forzosamente un antiguo presbiterio al sur del valle del Loira, en Francia. Todo esto también lo cuenta el propio Manguel en su último libro, ‘Mientras embalo mi biblioteca’, que ofrece una lúcida y hermosa disertación sobre la literatura y el aprecio por los libros. La administración ha sido siempre la gran enemiga de la literatura y de la creación: Manguel asume ahora la ardua labor de dirigir la gran biblioteca argentina, lo cual incluye un trabajo administrativo importante que, según reconoce, le ha obligado a dejar de escribir, pero no a dejar de leer. Eso jamás.

Después del premio, las Conversaciones se alargan durante dos días, alcanzando a menudo los dominios de la noche. El formato es simple: los participantes tienen unos 15 minutos para disertar en torno a un libro a su elección, siguiendo siempre la temática correspondiente. Tras esto, se celebran debates a menudo encendidos con los asistentes en un recinto que este año ha doblado su aforo. Algunos de los protagonistas fueron Roberto Bolaño (por Valerie Miles), Nabokov (por Sabino Méndez), Eurípides (por Javier Azpeitia), Jack London (por Miguel Sáenz), Julio Verne (por Mangel) o Kafka (por Basilio Baltasar), entre muchos otros invitados que finiquitaron el último día con pocas ganas de irse, repitiendo unos versos del poema dedicado a la mítica edición de las Conversaciones de 1959 de Jaime Gil de Biedma que decían «Y yo pedí, grité que por favor que no volviéramos nunca, nunca jamás a casa».

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