El flamenco se habla con los pies

Sara Baras exhibe su poderío, anoche sobre las tablas del Cervantes./Ñito Salas
Sara Baras exhibe su poderío, anoche sobre las tablas del Cervantes. / Ñito Salas

Sara Baras emociona en el Cervantes con ‘Sombras’, un espectáculo cargado de luz y de energía

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Del blanco al negro hay mil colores, y Sara Baras ha decidido bailar con todos ellos. La artista presentó ayer en el Teatro Cervantes ‘Sombras’, un nuevo espectáculo protagonizado por las diferentes experiencias que han marcado los veinte años que ella y su compañía llevan subidos al escenario. Cada sombra fue un recuerdo con el que la gaditana demostró que el flamenco se puede llenar de matices cromáticos, fusión, mensajes y conversaciones a base de taconeo y duende. La propuesta de Baras, que ocupará el cartel del Cervantes hasta el domingo, cuenta con la participación del saxofonista de los Rolling Stones, Tim Ries; y con encargado de diseñar parte de la escenografía y del vestuario.

Baras explicó en una entrevista a este periódico que con este formato ha decidido no ponerse límites ni encerrarse en fórmulas conocidas. Como reflejo de esta libertad, ‘Sombras’ juega con los colores. El escenario está presentado como un espacio vacío y diáfano sobre el que todos los elementos se mueven de un lugar a otro -incluido el sexteto flamenco, compuesto por dos guitarristas, dos percusionistas y dos cantaores-. Los dibujos de Andrés Mérida caen del techo para acompañar cada fragmento del espectáculo, vinculado a un color y a un concepto.

Los colores de Mérida

Así, el azul sirve para conectar el duende con al cabaret de Chicago y el amarillo para ligarlo al sonido asiático. El elenco de bailarines se encarga de presentar algunos de los fragmentos, creando coreografías y figuras al contraluz tras las láminas de colores, conformando una atmósfera conectada a la perfección con la música, clave en la energía del espectáculo..

Anoche, el rojo sirvió para que Baras crease una conexión perfecta entre su porte gitano y el baile de salón, protagonizando un dúo junto a uno de sus bailaores en el que hubo momentos de vals y posturas de tango. Las transiciones entre colores -escenas- están diseñadas para que el espectador no las perciba, y de repente el rojo se hizo morado y los músicos, que estaban en una esquina, formaron un tablao en el centro del escenario para arropar a uno de los bailaores en un soliloquio que despertó varios gritos del gallinero. Llegó la oscuridad. El negro apagó las luces y dio paso al violín de Ara Malikian. El prestigioso compositor e instrumentista colabora desde hace tiempo con Sara Baras, y su melodía suena (grabada) en uno de los momentos más intensos del espectáculo, una transición de la negrura a la luz, el pase que cierra el círculo de ‘Sombras’. Con el color negro de protagonista, los músicos y bailaores aparecen en escena también con prendas blancas, y arropan a Baras en un baile alegre, porque las sombras son «la luz impactando en el cuerpo», como dice la voz de la propia bailaora a entre la música. Todavía en este fragmento, Tim Ries y la bailaora regalan un duelo en el que el saxofón y los tacones parecen estar discutiendo, como una pareja que no se entiende.

«Hoy no quería hablar, pero es que me encanta esta tierra», dijo Baras en su despedida, una declaración de amor por Málaga que no hizo más que terminar de encender a un Cervantes entregado durante todo el espectáculo. Andrés Mérida subió al escenario para recibir el calor del público a petición de la artista: «Él es el responsable de esta maravilla».

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