Del físico laureado al arquitecto repescado

Norman Foster Ramsey. /SUR
Norman Foster Ramsey. / SUR
Albas y ocasos

Tal día como hoy nacía Norman Foster Ramsey, que formó parte del Proyecto Manhattan, y moría el arquitecto Le Corbusier, que había salido a nadar un rato en rotunda perspectiva lineal cuando el corazón se le infartó en diversos puntos de fuga

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía Norman Foster Ramsey, que formó parte del Proyecto Manhattan, esa entrañable reunión de colegas científicos que competían para dilucidar quién la tenía más larga – la fisión del átomo, entiéndase – , y moría el arquitecto Le Corbusier, que había salido a nadar un rato en rotunda perspectiva lineal cuando el corazón se le infartó en diversos puntos de fuga.

Norman Foster Ramsey. Del 27-8-1915 al 4-11-2011

Veintisiete de agosto de 1915. Mientras los alemanes intentaban afanosamente despoblar las trincheras francesas porque un nacionalista serbio había desbaratado a lo bestia a un archiduque austriaco en la bosnia Sarajevo, nacía en Whashington Norman Foster Ramsey, que en la siguiente Guerra Mundial formaría parte del celebérrimo Proyecto Manhattan, esa entrañable reunión de colegas científicos que, a la vez que competían entre ellos para dilucidar quién la tenía más larga – la fisión del átomo, entiéndase –, corrían que se las pelaban por los abarrotados laboratorios de Nuevo México para aventajar a los nazis en la carrera por la bomba nuclear, que los boches andaban también dividiendo el átomo que daba gusto o pena, según la posición personal, para ver si implosionaba un poco y se llevaba por delante a los impuros de raza.

Después de dejar el desierto de Alamogordo más flaco que un holograma aunque trufado de radiactiva experimentación, y de que Little Boy y Fat Man dejaran las ciudades de Hiroshima y Nagasaki como los chorros del uranio y del plutonio, respectivamente, cada mochuelo científico regresó a su olivo de neutrones y Foster se entretuvo inventando, para el Premio Nobel y las consiguientes posteridades y prosperidades, el método de campo oscilatorio separado, que dicho así suena a columpio individual de jardín, pero que es un muy serio sistema de medición gravitatoria que permitió construir el reloj atómico gracias al cual, mientras los físicos pueden ir trazando mapas cada vez más precisos del tiempo, usted es libre de volverse adicto al móvil en la compañía telefónica que más rabia le dé, en navegar a destajo por los océanos de fibra óptica más recientes y más ardientes y de perderse o encontrarse, según la sincronización del satélite de turno, con el GPS más minucioso del mercado. Ahí es nada.

Le Corbusier. Del 6-10-1887 al 27-8-1965

Cincuenta años exactos después del nacimiento whasingtoniano del físico Norman Foster Ramsey, moría en la Costa Azul francesa el arquitecto Charles-Édouard Jeanneret-Gris, profesionalmente conocido como Le Corbusier, quien estaba pasando sus vacaciones en una cabaña junto al Mediterráneo galo y había salido a nadar un rato en rotunda perspectiva lineal cuando el corazón se le infartó en divergentes puntos de fuga y lo remató en perfecta columna salomónica que los peces ya habían empezado a trepanar cuando cayó en la remendada red de unos pescadores autóctonos. Jeanneret-Gris, que había adoptado el corvino seudónimo de Le Corbusier como guiño humorístico a su abuelo materno apellidado Lecorbésier, se convertiría en uno de los más claros exponentes de la arquitectura moderna y uno de los polemistas más activos del siglo XX: en enero te diseño conceptualmente la Ciudad Contemporánea; en febrero elaboro las bases del Purismo en la revista Esprit Nouveau; en marzo proyecto la embajada de Francia en Brasilia; en abril colaboro con Costa y Niemeyer en Río de Janeiro; en mayo difundo mis ideas urbanísticas en los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna; en junio os defino la vivienda como “máquina para habitar”; en julio enfatizo que el objetivo de la arquitectura no es sólo la funcionalidad sino también la creación de belleza; de agosto a diciembre me ideó los Cinco Puntos de la Arquitectura y me quedo más libre que una fachada ídem y más natural que un bodegón al fresco. Y ahora según la Unesco soy diecisiete veces Patrimonio de la Humanidad y al decir de mis detractores fui más cínico que mi adorado cemento armado, más fascista que el régimen de Vichy y más antisemita que el propio führer, aunque todo esto no son más que patrañas de aquellos descerebrados que envidiaron y siguen envidiando mi genio arrollador. Una panda judeomasónica, naturalmente.

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