El Festival de Teatro vuela y pide más altura

Kiti Mánver y Chevi Muraday, protagonistas de ‘Sensible’./Sergio Parra
Kiti Mánver y Chevi Muraday, protagonistas de ‘Sensible’. / Sergio Parra
Flashback

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Los teatros municipales Cervantes y Echegaray han presentado esta semana el balance de la edición número 35 del Festival de Teatro de Málaga con unas cifras que despiertan el optimismo en un sector tan sensible como el de las artes escénicas. La ocupación media de las butacas en las 74 funciones que ha acogido este certamen roza el 80% con algo más de 22.000 asistentes, cantidades que convierten a la de 2018 en la segunda edición más seguida de su historia sólo superada por la de 2014 que, todo hay que decirlo, tuvo el espaldarazo numérico de las ocho funciones del musical ‘Grease’. Este año se ha contado con el respaldo de un gran musical como ‘Priscilla, reina del desierto’ que agotó dos de sus siete funciones, y junto a esta todos los estrenos absolutos y otras funciones como ‘Shakespeare en Berlín’ o ‘La comedia de las mentiras’ acabaron con todas las localidades disponibles. En lo que corresponde a la taquilla y la aceptación del público, por lo tanto, tenemos muy buenos resultados. Aunque los números no deben ser de ninguna manera la única variable que evalúe las propuestas culturales, estamos ante unos datos que demuestran que el teatro interesa en Málaga y eso supone una garantía de continuidad, reflejo del buen estado de forma y recompensa por el esfuerzo.

Del mismo modo, esta edición arroja un resultado notable en lo que respecta a la calidad de sus contenidos. Así lo hemos recogido en este periódico varios cronistas enfrentados a la tarea de ofrecer un seguimiento diario de sus funciones. Este año, hemos podido ver por ejemplo a Juan Echanove metiéndose de una forma enérgica y fascinante en el papel de Quevedo en ‘Sueños’; una inolvidable interpretación de Kiti Mánver en ‘Sensible’ junto al bailarín Chevi Muraday; la inquietante escena entre bambalinas de ‘Chaqueteras’; o la propuesta artística de La Fura dels Baus y su ‘Free Bach 212’. También hemos percibido dos bloques temáticos que, bien sea por cuestiones de azar o por una verdadera intención, han coincidido en esta edición. Por un lado, un teatro en la que han tenido mucho protagonismo las mujeres. Empezando por la cada vez más radical e inteligente aportación a la escena que hace Rocío Molina, una bailaora que con ‘Caída del cielo’ rompe definitivamente los moldes del flamenco para proponernos otra cosa distinta y demostrarnos que es capaz de cualquier cosa, pero también ‘Troyanas’, ‘3 hermanas’, ‘Lysístrata’ en versión de las Niñas de Cádiz o ‘Gente estúpida’ tienen un claro protagonismo femenino.

El segundo bloque ha recaído en Federico García Lorca, revelado como uno de los dramaturgos más influyentes de la actualidad teatral. Las obras ‘Así que pasen cinco años’, ‘Espejo, capricho escénico’ y ‘Federico en carne viva’ han abordado la vida y obra del poeta granadino proponiendo a menudo curiosos diálogos entre ellas. Además, gracias a unos precios asequibles el gran público ha podido disfrutar de obras sin muchas pretensiones más allá del entretenimiento como ‘La comedia de las mentiras’, ‘La cantante calva’ o el citado musical de Priscilla.

La 35º edición del Festival de Teatro de Málaga ha vuelto a mostrar una inclinación clara por lo malagueño. De los ocho estrenos absolutos que ha acogido este festival, siete han correspondido a montajes malagueños y el otro, el de la ‘Lysístrata’, es gaditano. De las 42 obras que han formado parte del cartel (catorce de ellas escenificadas en el Teatro Cervantes), dieciséis han sido locales. La proyección internacional, algo que por otro lado no es demasiado común en festivales de esta categoría, ha sido nula. Este Festival de Teatro jamás ha tenido mayor ambición que la de servir como espacio de muestra contenedora de algunos estrenos más o menos relevantes de la temporada y con una oferta atractiva para varios tipos de audiencias, desde la más exigente hasta la que no busca mayores complicaciones. La ausencia de un estreno absoluto verdaderamente relevante o de montajes de mayor enjuncia escénica no debe empañar la relevancia de una edición feliz.

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