Ana Fernández agota los adjetivos en el Echegaray

Fernández interpreta a Constance en la obra basada en la novela de D. H. Lawrence. :: fernando gonzález/
Fernández interpreta a Constance en la obra basada en la novela de D. H. Lawrence. :: fernando gonzález

La actriz sevillana se basta y se sobra para atrapar al público malagueño con el monólogo de 'El lunar de Lady Chatterley'

FERNANDO MORGADO MÁLAGA.

Provocadora, irónica, graciosa, ocurrente, brillante, fuerte, decidida, descarada, poderosa, enfadada... Al contrario de como procede Constance Chatterley en el juicio contra su marido, el cual no quiere concederle el divorcio y le reclama su pensión, es de justicia comenzar a hablar sobre la función que se representó anoche en el Teatro Echegaray adjetivando la actuación de Ana Fernández, para luego pasar a sustantivar. Porque en su papel protagonista en 'El lunar de Lady Chatterley', la actriz sevillana hace un trabajo excelente con el texto de Roberto Santiago basado en la obra de D. H. Lawrence 'El amante de Lady Chatterley'.

Fernández, que encarna al único personaje de la obra, se basta y se sobra para atrapar al público malagueño con un monólogo provocador como la novela original, que estuvo prohibida durante más de treinta años en Inglaterra y tuvo que ser publicada en Italia en 1928. Acompañada de una escenografía de formas geométricas, sencilla pero elegante, como lo es también la iluminación, la ganadora del Goya a mejor actriz revelación en el año 2000 se planta ante la audiencia convertida ya en Constance Chatterley para defenderse a sí misma en el juicio. El público se sitúa donde estaría el juez, el alguacil e incluso el marido de Constance, Clifford, un hombre despechado y vengativo pero tan «ordenado y pulcro» que provoca rechazo a la protagonista.

En la adaptación dirigida por Antonio Gil se presenta a una mujer fuerte que lucha decididamente por su independencia, personal y económica, y por ser dueña de su propio cuerpo y de su sexualidad. Lady Chatterley es valiente para admitir su aventura con el guardabosques Oliver Mellors y defender su derecho a separarse de un hombre que la ve «como un lunar en su epidermis moral».

La adaptación presenta a una mujer que lucha por su independencia y su libertad sexual

Fernández es capaz de arrancar risas, exprimir la sensualidad del personaje -especialmente en la escena en la que habla sobre el higo- y gritar de ira sin caer en el histrionismo. La guinda la pone su retahíla de adjetivos dedicados a Clifford, un «hijo de la gran Inglaterra».

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