Gérald Morin: «Fellini era el rey de Cinecittà; en Hollywood hubiera sido un prisionero»

Gérald Morin, en el Museo Picasso, durante la entrevista en la que habla del gran icono del cine italiano, Federico Fellini. /Francis Silva
Gérald Morin, en el Museo Picasso, durante la entrevista en la que habla del gran icono del cine italiano, Federico Fellini. / Francis Silva

El asistente personal del cineasta vincula la universalidad del director italiano con la de Picasso. Desde mañana, ambos creadores coinciden en la nueva exposición del MPM

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Fue para una entrevista, pero acabó quedándose seis años. La historia de Gérald Morin (Lausana, Suiza, 1943) es de película. Su argumento tiene como protagonista a un joven periodista que acaba convirtiéndose en el ayudante personal del gran maestro Federico Fellini. Aquel joven inquieto y cinéfilo es ahora el cofundador y presidente de honor de la fundación que lleva el nombre del autor de 'Amarcord' (1973) y 'La Dolce Vita' (1960). Con esas credenciales no es extraño que hable con pasión del creador italiano en esta conversación a tres bandas en la que intercede la traductora Catherine Germann. Cinecittà, Roma, Hollywood, Giulietta Massina, Gore Vidal, Kubrick, Antonioni o Matroianni se van asomando en esta entrevista en la que no falta Picasso. Ambos universos, el del cineasta y el del pintor, se encuentran desde mañana en la nueva exposición del Museo Picasso (MPM): 'Y Fellini soñó con Picasso'.

-¿Cómo acaba un periodista de ayudante personal de Fellini?

-Me fui a Roma, me enteré de dónde estaba rodando Fellini y le pedí una entrevista. Y siempre me decía: «mañana, mañana...». Así que me quedé en el rodaje de la película 'Roma' y luego comencé a trabajar con él como secretario, documentalista, segundo ayudante de dirección... Estuvimos juntos seis años hasta 'Casanova'. Y cuando nos despedimos, me dijo: «Por cierto, nunca hicimos la entrevista».

«Picasso y Fellini tenían una misión artística que procedía de su herida interior» «Federico Fellini siempre hacía su película y no la que quería el productor»

-¿Y cómo empezó a colaborar?

-La entrevista con Fellini fue una excusa para conocerlo. Utilicé el periodismo como puerta de entrada en el cine. En mi primer encuentro le dije si me podía quedar a mirar el rodaje y me contestó: «Sí, pero no moleste». Tomaba notas y mandé un artículo a la revista, pero les pedí quedarme para la entrevista. En el rodaje, me ofrecía para todo y, como hablaba francés, alemán e inglés, Fellini me dijo que contestara a las cartas que le llegaban del extranjero. Hasta hice un pequeño papel de un jesuita para la película. Todo sin cobrar.

-¿Nada de nada?

-Durante los seis años que estuve con Fellini como secretario privado fue sin cobrar... solo por la gloria de estar con el maestro. Muchos de los que colaborábamos con él lo hacíamos gratis porque era como pertenecer a la familia. Viví una época extraordinaria. Como ayudante de dirección ya sí me pagaron, mal, pero me pagaron. Entonces el rodaje de 'Roma', 'Amarcord' o 'Casanova' duraba 20 semanas y hoy Spielberg rueda una película en 8 semanas.

Cuatro premios Oscar

-En 'Amarcord', Fellini regresaba a la infancia, aunque es difícil de imaginar esa película en tiempos actuales de corrección social y política.

-Siempre tuvo problemas con la censura. En el Festival de Moscú, a 'Amarcord' le cortaron dos escenas, una de ellas la de los niños masturbándose. De todas formas, la nueva inquisición es la censura económica más que la ideológica o la religiosa. 'Amarcord' se rodó cuatro años después de mayo del 68 y fue posible en aquel momento. No solo cuenta una historia de Fellini, sino que es un relato católico, que habla de la época fascista y de las mujeres. En ese sentido es como Picasso, ya que ellos expresaban en su obra algo muy personal, pero eran capaces de darle un dimensión universal. El principio del artista es contar la verdad a través de una mentira. De hecho, su mujer, Giulietta Masina, decía que Fellini solo se sonrojaba cuando contaba la verdad.

-Con 'Amarcord', Fellini ganó uno de sus cuatro Oscar. ¿Alguna vez le tentó trabajar en Hollywood?

-Fellini se sentía bien en Italia y le gustaba rodar en italiano. Él tenía el control absoluto y por eso no fue a Hollywood, como hizo Antonioni. Allí hubiera tenido una piscina y un salario increíble, pero no libertad porque hubiera sido prisionero de la maquinaria de la industria. Por contra, Fellini era el rey de Cinecittà. En Roma, si la policía lo pillaba conduciendo en sentido contrario, lo dejaban pasar. Tuvo muchas proposiciones de Hollywood, pero nunca fue.

-¿Y sufrió esa inquisición de la censura económica?

-Fellini era como un boxeador que necesitaba un adversario. El productor siempre era su amigo hasta que firmaban el contrato de la película y a partir de entonces siempre se enfrentaba a él. Si uno le hace un encargo a Picasso ya sabe que el pintor va a hacer lo que él quiere. Y con Fellini, el que lo contrataba ya sabía que iba a hacer su película y no la que quería el productor.

-¿Fellini fue al cine lo que Picasso a la pintura?

-Se pueden equiparar como creadores. Gore Vidal tuvo un papel pequeño en 'Roma' y me dijo que la primera parte de la película tenía la luz de Picasso y la segunda, la luz de Fellini. Crearon obras muy diferentes, pero a igual que se habla de los periodos de Picasso, en Fellini también hay un periodo azul, rosa, vanguardista... No creaban para el público, sino para ellos. Picasso, Fellini o Kubrick tenían una misión artística que procedía de su herida interior y sus miradas eran la de unos niños que sentían la maravilla del descubrimiento. Si alguien se enfrentaba a ellos o se metía en su camino, quedaban apartados. Por ejemplo, las mujeres de Picasso. Cuando ya no le servían como musas o compañeras, las abandonaba. Con Fellini fue parecido.

Como un director de banco

-Pero Federico siempre estuvo al lado de Giulietta Massina.

-Fellini y Picasso tenían conciencia de grandes artistas, pero Picasso era agresivo como un toro y siempre miraba a los ojos, mientras que Fellini se escondía detrás de una fachada de una apariencia de normalidad, como de director de banco. Nunca fue un revolucionario y nunca se hubiera divorciado, aunque tuvo muchos 'asuntos' paralelos.

-Picasso y Fellini nunca se conocieron, pero se encuentran en esta exposición del MPM.

-Fellini era dibujante y su cultura de base era más pictórica que literaria. Por su parte, Picasso es heredero de una tradición pictórica y la reinventa. Fellini usó la caricatura y el dibujo para huir de una sociedad provinciana que le ahogaba, Rímini. Y llegó al cine porque pagaban más. Comenzó haciendo guiones y se hizo director. Y al final de su vida ya no hacía ni guiones.

-¿Y cómo rodaba?

-Por la mañana temprano escribía la escena que iba a filmar ese día y su secretaria la pasaba a máquina y la repartía. Marcelo Mastroianni no se estudiaba los guiones porque decía que después llegaba Fellini y lo cambiaba todo. Se convirtió en un pintor que podía retocar el cuadro sobre la marcha. Pero cambiar una puesta en escena en cine era difícil de costear y por eso en sus tres últimos años no logró financiación. Para entonces la metodología de los rodajes había cambiado, pero él quería seguir haciendo cine artesanal.

-¿Y qué hubiera pasado si Fellini y Picasso se llegan a encontrar?

-Algo parecido a lo que ocurrió entre el general De Gaulle y el escritor George Bernanos. Ambos se tenían una gran admiración mutua y durante la comida que tuvieron casi no se dijeron nada. Aunque en ese supuesto encuentro entre Fellini y Picasso, el malagueño hubiera hablado más porque era el rey.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos