Un Fancine a todo gas

Tecla Lumbreras llegó al Albéniz en un Cadillac./Sur
Tecla Lumbreras llegó al Albéniz en un Cadillac. / Sur
Flashback

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

La última edición del festival de cine fantástico Fancine, dedicada a las ruedas y a la gasolina, celebró el jueves su clausura de una manera agridulce. La gala de clausura, que por otra parte desprendió un sentido del humor excelente, apenas llenó la mitad del aforo de la sala 1 del cine Albéniz. La imagen del patio de butacas semivacío en la clausura, tan inexplicable como tantas otras rarezas sociales de esta bendita ciudad, dejó un sabor de boca que no hacía justicia como broche a una edición de una calidad tan elevada y cuya organización ha protagonizado una importante mejora respecto a anteriores ediciones. La crítica por lo tanto no es hacia la organización, sino para una comunidad universitaria o ciudadana que debería implicarse con su presencia en las cosas buenas que suceden en esta ciudad. Solo con la asistencia de los decanos y de todo ese personal al que obligan a procesionar durante Semana Santa ya se habría cubierto buena parte del patio de butacas de la gala inaugural. También es verdad que antes tenía entradas gratis todo quisqui y que así es más fácil llenar las salas, pero del mismo modo asalta la sospecha de que a los alumnos de la Universidad no supondrá ningún quebranto a sus finanzas los dos euros que cuesta cada entrada, mucho menos ahora que la Junta de Andalucía les paga la matrícula si lo aprueban todo.

La ausencia de un director que funcione como máximo responsable y figura visible de este festival queda absolutamente diluida por el desparpajo escénico e intelectual de la vicerrectora de cultura de la UMA. Nuestra Tecla Lumbreras protagonizó la noche de la inauguración uno de los actos universitarios más divertidos que se recuerdan. Su aparición por la calle Alcazabilla subida a un Cadillac rosa con un peinado que sólo podríamos describir como electrizante fue celebrada entre la audiencia como un impulso de optimismo. La capacidad de Tecla para aportar modernidad, juventud y progreso a todo lo que toca es impresionante y este festival, que quizá sea el artefacto cultural más emocionante de los que se han hecho jamás en una universidad pública, ha demostrado esa misma consecuencia de su influjo. El Fancine despide una edición excelente aunque no sepamos quién programa las películas, quién dirige o selecciona las charlas y las actividades paralelas o quién confecciona cada año esos programas de mano que a mí me resultan tan incómodos. Esto sucede porque el Fancine se organiza de forma colectiva para una marca que se deja querer y que tiene vida propia. Que es la consecuencia de un montón de buenas intenciones. Una causa común en la que debería invertir alguna marca de cerveza o de cualquier cosa para darle la pompa y el boato que se merece una programación cinematográfica de semejante nivel, donde hemos podido ver algunas de las películas que han pasado por los festivales dedicados a este género más importantes del mundo. El Fancine no puede dejarse al abrigo de la intemperie. Merece más apoyos.

Es verdad que el fin de semana las salas estaban abarrotadas. La calle del Albéniz vivió una actividad frenética. También agotó localidades la sesión de Fancinejazz en el teatro Cervantes que supone el punto de encuentro entre dos festivales, el de cine y el de jazz, que seguramente no deberían coincidir en el mismo tiempo y en la misma ciudad. El Fancine también coincide con el Festival de Cine Europeo de Sevilla, que es posiblemente el acontecimiento andaluz dedicado al cine de mayor trascendencia internacional, y todo esto ilustra una falta de ambición de la que se debería tomar nota.

Desde un punto de vista cinematográfico, como decimos, esta edición del festival ha sostenido un nivel alto y reivindicable. La organización también ha sido impecable. Completan el festival los programas didácticos, las presentaciones de libros y las conferencias, las proyecciones de películas que proponen un buen plan para las familias o los concursos y todos esos acontecimientos tan frikis que se organizan en la calle. Todas estas cosas conforman un festival de cine que merece defensa, reconocimiento y atención para que las próximas ediciones de esta longeva fiesta siga ofreciéndonos películas tan buenas como las de este año.

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