El falangista malagueño 'rescatado' por Carmena

'Autorretrato' (1936), pieza incluida en la colección del Reina Sofía. /SUR
'Autorretrato' (1936), pieza incluida en la colección del Reina Sofía. / SUR

Madrid colocará una placa donde vivió Alfonso Ponce de León, artista de vanguardia asesinado durante la Guerra

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Aquel 20 de septiembre de 1936 lo esperaron a las puertas de su casa. De allí lo trasladaron a la checa de Fomento, en el sótano de lo que hoy es el Círculo de Bellas Artes. Nueve días después apareció su cadáver en una cuneta de Vicálvaro. Acababa de cumplir 30 años. Tres décadas en las que Alfonso Ponce de León tuvo tiempo de despuntar en la vanguardia artística y de liderar el aparato de propaganda de Falange.

Ahora, su nombre figura entre las 32 personalidades escogidas por el Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid para figurar en el paisaje urbano de la capital. El equipo de gobierno liderado por Manuela Carmena tiene previsto rescatar a personas y colectivos mediante la colocación de una placa conmemorativa en el callejero de la ciudad y la de Alfonso Ponce de León irá en el número 2 del Paseo de la Castellana, donde estaba su casa a la que no regresó jamás. Su padre, Juan, y sus hermanos, Juan y Guillermo, correrían la misma suerte que él en los primeros meses de la Guerra Civil.

Nacido en 1906 en la Alameda Principal, a los cinco años Alfonso Ponce de León se trasladó a Madrid con el resto de su familia. Estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde coincidió con Salvador Dalí, Maruja Mallo, Remedios Varo y Margarita Manso, con la que se casaría años más tarde. Su círculo de amistades incluía a Federico García Lorca y Luis Buñuel. En 1930 viaja a París y allí se relaciona con Pablo Ruiz Picasso, Francisco Bores y Manuel Ángeles Ortiz y en 1935 protagoniza su única exposición individual de la que se tiene noticia. Un año más tarde firma su obra más emblemática: 'Accidente', que por entonces bautizó en un alarde premonitorio, como 'Autorretrato'. Una escena nocturna en la que un hombre (¿el propio artista?) aparece en escorzo sobre el capó de un vehículo siniestrado con una brecha sangrante en la frente apoyada sobre una piedra. Uno de los faros del coche ilumina el rostro, seductor y sereno, del protagonista.

La pieza forma parte de la colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que también cuenta entre sus fondos con las obras 'Arquitectura urbana' (1929) y 'Jóvenes y un pescador' (1936). Justo el museo madrileño firmaba en 2001 la exposición más ambiciosa sobre el artista malagueño, hasta entonces apenas estudiado ni divulgado pese a su protagonismo en la escena artística de los años 20 y 30 como un artista “representativo en la misma medida del retorno al orden de los años treinta como del realismo mágico y la versión española de la nueva objetividad”, como resume el Reina Sofía en el catálogo de aquella exposición.

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