Remedios Zafra: «La expresión 'marca personal' me parece inquietante»

Remedios Zafra presentará 'El entusiasmo' el próximo día 20 en el Ateneo de Málaga. /Ignacio Pérez
Remedios Zafra presentará 'El entusiasmo' el próximo día 20 en el Ateneo de Málaga. / Ignacio Pérez

La autora cordobesa presentará en el Ateneo el próximo día 20 su potente ensayo sobre la precariedad laboral en la industria cultural

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Firma un libro como quien suscribe el diagnóstico certero de una enfermedad larvada durante años. Porque en 'El entusiasmo' (Premio Anagrama de Ensayo), Remedios Zafra (Zuheros, Córdoba, 1973) ha puesto luz sobre las causas y efectos de la precariedad laboral que se extiende en la industria cultural. Un asunto sobre el que la autora, también Premio Málaga de Ensayo en 2013, reflexionará el día 20 en el Ateneo dentro de las actividades de la Vocalía de Feminismo.

En 'El entusiasmo' combina la forma tradicional del ensayo con fragmentos más cercanos a la ficción. ¿Ha sido fruto del proceso de escritura o una decisión previa?

–Siempre me ha interesado la búsqueda explícita de experimentación e intersección de géneros, o mejor dicho de cuestionamiento de los límites creativos y sus tradiciones. Mi concepción de la escritura está atravesada por una mirada política que advierte que escritura y lenguaje son parte sustancial del discurso y que cuando se realiza una crítica a un sistema (económico, político, pero también de pensamiento) la escritura es también un mensaje.

En las primeras páginas del libro escribe sobre la «esperanza de vida pospuesta» entre los trabajadores de base en el sector cultural. ¿Cómo vincula esa manera de posponer el horizonte existencial con la idea de juventud prolongada hasta más allá de los 40 años?

–Pienso que tienen mucho que ver. Los tiempos que vivimos son dados a aumentar las expectativas de las personas. Los jóvenes están más formados, tienen mayor conocimiento del mundo y esperan más de él. En el imaginario visual contemporáneo la expectativa es algo que se nos reitera hipervisibilizando el triunfo. La realidad sin embargo nos ofrece ante todo precariedad, trabajos temporales que pocas veces responden a lo que las personas esperan de la vida y de su inversión en formación.

Presenta el entusiasmo como un arma del sistema de producción capitalista vuelta contra los trabajadores. ¿Hasta qué punto también es el resultado de un planteamiento acomodaticio, incluso de una cobardía generalizada?

–Pienso que se trata de una coyuntura en la que distintos elementos confluyen y de la que se beneficia el sistema, incluso no siendo premeditada a título individual. Y sí, creo que hay una fuerte deriva o inercia a dejarse llevar hacia esas formas de autoexplotación. «Acomodaticia o cobarde» podrían ser formas de enfatizar que como sujetos «algo podemos hacer» y nos dejamos llevar sin hacerlo; en ese sentido, la capacidad de agencia e intervención de las personas es algo a lo que interpela el libro. No obstante, no cabe subestimar la presión que el sistema y sus engranajes promueven. Las distintas formas de socialización contemporáneas animan a hacer lo que en cada momento se espera de nosotros (lo que la mayoría hace). Viendo como los tiempos para el pensamiento propio y la alianza ente iguales están cada vez más desarticulados, no cabe extrañarse de la docilidad de los trabajadores.

La soledad conectada

También advierte sobre el afán de hiperactividad productiva casi como un refugio para no pensar y, por tanto, para no movilizarse. ¿Qué papel juega Internet, en general, y las redes sociales, en particular, en ese proceso de adormecimiento siempre entretenido?

–Las redes sociales se han apropiado de los tiempos que antes eran tiempos de 'no trabajo'. Ahora los dedicamos a 'nosotros' y a nuestra visibilidad. La posibilidad de ver permanentemente conectados es adictiva y su lógica propia de un horror vacui. Los lugares donde perder la mirada (el cielo, una pared…) no tienen equivalente en la Red. Nadie se detiene ante un 'muro vacío'.

«Las redes sociales se han apropiado de los tiempos que antes eran tiempos de 'no trabajo'»

«Los lugares donde perder la mirada no tienen equivalente en la Red»

–¿Cree que las redes sociales 'premian' actitudes polarizadas?

–Priman lo que es fácilmente objetivable, es decir lo que puede traducirse a datos y convertirse en valor rentable. Esto irá cambiando y se irá sofisticando con el tiempo. Pero es cierto que las formas más proclives y hoy más habituales son las que animan a posicionarse bajo enfoques dualistas y entre preguntas dicotómicas, lo que lleva a actitudes polarizadas, a favor o en contra, sí o no. La Red nos irá identificando y ofreciendo acorde a nuestras elecciones incluso cuando comenzaron siendo dudas.

«El sistema cultural se vale hoy de una multitud de personas creativas desarticuladas políticamente», escribe en su libro, donde afirma que esa labor se realiza en «contextos competitivos que rompen los lazos de solidaridad entre iguales». ¿Cómo romper esa baraja?

–Modelos, referentes y educación son importantes. Los modelos de cooperación entre estudiantes frente a los modelos más individualistas y competitivos serían un ejemplo. Cuando en las clases empleamos dinámicas donde los estudiantes contribuyen a la mejora del trabajo de sus compañeros incentivamos un tipo de lazo entre iguales que no se da cuando les hacemos competir. Azuzándoles la perversa idea de que sólo el mejor logrará un trabajo o una plaza contribuimos a ese modelo competitivo y perdemos de vista la denuncia hacia un sistema que sólo garantiza «trabajo para unos pocos». Pasa entonces que los objetivos se ponen en ganar al de al lado y no en el trabajo en sí (crear, investigar, mejorar mundo…).

«A los creadores, la visibilidad lo mismo nos excluye que nos idealiza»

«Las distintas formas de socialización animan a hacer lo que en cada momento se espera de nosotros»

En esos contextos competitivos las trabajadoras culturales juegan en doble desventaja. Como escribe usted misma, «Puede que todavía hoy (…) se defienda que los hombres luchen y que las mujeres sean egoístas si priman luchar a cuidar. Esa presión silenciosa es aquí una gran guerra». ¿Movimientos como el 8M le dan esperanza?

–Los conflictos identitarios no siempre se desarrollan de manera visible, a menudo son callados y se infiltran en nuestros comportamientos, rutinas y decisiones. Las mujeres han estado a ese lado de las historias donde operaba ese otro poder contundente y repetitivo pero tan normalizado que se hacía invisible, esa presión silenciosa que cruelmente las ha convertido en mantenedoras del poder que las oprimía. El 8 de marzo reciente me parece un hito simbólico para la humanidad, especialmente porque evidencia una toma de conciencia masiva, un descubrimiento de ese poder invisible que mantiene formas de desigualdad y un hartazgo frente a su continuidad.

Una lógica perversa

En su libro también se refiere al afán del sistema por «maximizar el valor de mercado como propósito vital». No me resisto a preguntarle: ¿qué opina de la expresión 'marca personal'?

–Me parece inquietante. De hecho, una característica del capitalismo es la conversión de los sujetos en 'productos de sí mismos' que se deben vender, puestos en el escaparate constante del sistema laboral concebido como 'mercado'. Me parece tan malicioso para el sujeto como coherente con la lógica neoliberal que lo sustenta, una lógica que sólo puede apoyarse en el 'aparentar' y en el individualismo.

Defiende en las páginas de 'El entusiasmo' que «el hedonismo implícito en todo reconocimiento, aun siendo mínimo, lleva al autoengaño». ¿Cómo ha manejado ese 'autoengaño' como ganadora de un premio literario justo con este libro?

–En el contexto de la afirmación que indicas narro que cuando las condiciones de producción son precarias el reconocimiento en la Red, incluso siendo tan básico y casi automático como un 'like', tiende a generar formas de autoengaño que nos llevan a creer 'lo que queremos creer' para seguir creando, que lo que hacemos ha gustado o interesado, que valemos para esa práctica, porque estamos confusos o simplemente 'queremos seguir haciéndola'. En mi vida creativa este autoengaño también ha estado presente, justamente dando más valor a lo que seguramente no lo tenía con objeto de seguir. Con el Anagrama, quizá el autoengaño tenga un sentido distinto, pues me esfuerzo por restar importancia a un premio cuya respuesta está siendo abrumadora. Creo que los premios dibujan picos de visibilidad, pero también pueden desdibujarnos. En mi caso, sé que forman parte contradictoria de ese mundo que critico y donde 'El entusiasmo' es resistencia y producto al mismo tiempo. Pero soy consciente de que la visibilidad de los intelectuales y creadores de hoy es muy de época, muy de mercado, igual nos excluye que nos idealiza.

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