ÉXITO CON ELGAR Y SCHUMANN

MANUEL DEL CAMPO

La reanudación de la XXVIII Temporada de abono de la Orquesta Filarmónica de Málaga se produjo con el séptimo de los conciertos del ciclo, anteayer jueves 15 y ayer viernes 16 de febrero, en el Teatro Cervantes (la anterior comparecencia quedaba casi mes y medio atrás con el Concierto de Navidad). Ahora ocupó el podium el maestro Georg Mark, siendo solista el español Adolfo Gutiérrez Arenas (violonchelo) e interpretando la OFM dos obras: 'Concierto en mi menor' Op. 85 de Edward Elgar para violonchelo y orquesta en la primera parte del programa y 'Sinfonía n.º 4 en re menor' Op. 120 de Robert Schumann en la segunda.

Es este 'Concierto' del inglés Elgar (1857-1934) la última gran obra de quien fuera un gran director de orquesta y compositor, colocando otra vez a su país de nacimiento sobre la escena musical internacional si bien su música estuviera impregnada de la tradición germánica. Escribe el crítico y musicógrafo Carlos Gómez Amat (1926-2016): &ldquoSe recuerda a Elgar no solo como un artista, sino también como a un hombre que demostró la posibilidad de una música inglesa con impulso universal&rdquo.

Elgar, a los 50 años 'Sir' y Doctor Honoris Causa por cuatro universidades, articula este 'Concierto en mi menor' en cuatro movimientos, no los tres usuales. Desde su inicio -nos referimos a anteanoche- con la lenta introducción del solista, se hizo notar la calidad interpretativa de Adolfo Gutiérrez Arenas, bello sonido que dosifica con maestría, seguridad y técnica. Admirables sus rápidas articulaciones, ese expresivo 'Adagio' y el cuarto movimiento al que pone fin una coda. Tuvo una ajustada asistencia en el trabajo de la Orquesta Filarmónica de Málaga, dirigida con buen tino por la batuta de Georg Mark. Muchos aplausos y un bis de Gutiérrez Arenas -una 'Sarabanda' de J. S. Bach- dieron paso al descanso.

Un Robert Schumann (1810-1856) de apenas 30 años a quien el piano se le está quedando estrecho, muestra deseos de adentrarse en la música de orquesta, especialmente impresionado por Schubert y según una línea abierta por Beethoven (también hay referencias sobre Medelssohn y ese calificado de &ldquoromántico demoniaco&rdquo que es el francés Héctor Berlioz). Pero podríamos decir que Schumann va por un tercer camino y compone velozmente sus sinfonías. La 'Cuarta' en re menor, en realidad la segunda cronológicamente, pero incorporada a su catálogo por la fecha de su revisión, ocupaba la segunda parte del concierto que comentamos y es esa obra una especie de reflexión y madurez tendiendo a considerarse como su sinfonía mejor resuelta desde los puntos de vista tanto estructural como armónico. Buena traducción de la 'Cuarta' llevada con claridad por Mark, sin exageración de gestos, pero siempre inspirando confianza. Resuelto el oboe en el 'Romance', enérgico el 'Scherzo' y un 'Finale' con buen equilibrio tanto en el perfil de las melodías como en el diálogo de los temas. Repetidos saludos y salidas a escena del director mostraron la complacencia del público, en esta ocasión más bien escaso, por la versión escuchada de la 'Sinfonía n.º 4 ' de Schumann.

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