Los eternos desastres

‘Guernica XL’ de Javier Arce, en la Casa Natal. /Salvador Salas
‘Guernica XL’ de Javier Arce, en la Casa Natal. / Salvador Salas
Crítica de Arte

Esta exposición, además de evidenciar el valor de‘Guernica’ como icono y símbolo, tomado porartistas para transformarlo o como ejemplo deun inexcusable compromiso, crea un relato visualen torno a los desastres bélicos

JUAN FRANCISCO RUEDA

La imagen del horror no ha servido para evitar el horror. La imagen de la guerra que ‘acercaron’ artistas y fotógrafos, con anterioridad a su cobertura en tiempo real por medios de masas más actuales (televisión o Internet), no sirvió para que ésta dejara de eternizarse en un rosario de conflictos repartidos por el mundo que no han parado de sucederse: no se puede luchar contra ciertos y poderosos intereses que laten hoy bajo muchos de esos conflictos. Si alguna vez se generó confianza en el poder preventivo o catártico de la imagen artística o de la fotografía, cada conflicto ha venido a dinamitarla. El propio Picasso hubo de seguir pintando la guerra después de su ‘Guernica’, del que se han cumplido 80 años de su realización y que motiva esta exposición, ya fuese a través de la imagen literal de la misma, de símbolos pacifistas, de alegorías en torno al sacrificio o como citas a la Historia del Arte. En 1924, Ernst Friedrich publicó ‘¡Guerra contra la guerra!’, un crudísimo conjunto de más de 180 fotografías que buscaba, tras la Primera Guerra Mundial –o si lo preferimos, en el periodo de entreguerras–, conmocionar y alertar sobre la atrocidad que suponía el enfrentamiento bélico. Edificios derruidos, pueblos arrasados, civiles ahorcados, rostros marcados con terribles heridas vitalicias y cuerpos amontonados que revelaban, cual despojos, su mera condición de carne presta a pudrirse. Mientras tanto, en muchas grandes ciudades europeas se convivía con la ‘huella’ de la guerra: millares de excombatientes tullidos que paseaban por los bulevares y avenidas la desgracia como cicatriz. La imagen de la guerra, por punzante y dolorosa que fuese, no sirvió, como Ernst Friedrich pretendía. Quizás como también pretendieron Jacques Callot, Francisco de Goya o los primeros fotógrafos que retrataron el rostro de la guerra: Roger Fenton, en la Guerra de Crimea (1853-56), o Matthew Brady, Alexander Gardner, George Barnard o Timothy O’Sullivan en la Guerra de Secesión norteamericana (1861-65).

‘Guernica y otros desastres’

La exposición:
131 obras la componen, recorriendo un arco de casi 4 siglos, desde las 18 estampas de Callot, de 1633, a las de José Manuel Ballester, 3 pinturas realizadas entre 2015 y 2017. Se exponen ‘Los desastres de la guerra’ de Goya (el juego completo), la carpeta ‘Sueño y mentira de Franco’ de Picasso, a la que se unen varios grabados más y un libro del artista malagueño, un amplio conjunto de dibujos, bocetos, esculturas y medallas de Jorge Oteiza, así como un dibujo de ‘Guernica’ (tinta sobre papel ‘estrujado’), obra de Javier Arce.
Comisario:
José María Luna.
Lugar:
Salas de exposiciones de la Fundación Picasso. Plaza de la Merced, 13, Málaga.
Fecha:
Hasta el 21 de enero.
Horario:
Lunes a domingo, de 9.30 a 20 horas.

Esta exposición, además de evidenciar el valor de ‘Guernica’ como icono y símbolo, tomado por artistas para transformarlo o como ejemplo de un inexcusable compromiso al que vincularse, crea justamente un relato visual en torno a cómo algunos creadores se han acercado a la guerra y la han representado, como hace Picasso, subrayando los desastres que genera. Al margen del valor de muchas de las obras como testimonios históricos, éstas pasan a ser un dramático reflejo de nuestra condición humana.

A través del detallismo y lo minucioso, las estampas de ‘Las miserias y desdichas de la guerra’ (1633), de Callot, recogen numerosas situaciones de abusos y dolor. Además de escenas de carácter bélico, de asedios, batallas con caballería y cuerpo a cuerpo, abundan los ahorcamientos, las ejecuciones sumarias, el pillaje, la violación o torturas. Las imágenes no poseen la crudeza y la recreación en la crueldad de ‘Los desastres de la guerra’ de Goya, con los que dialoga parcialmente en la primera sala, pero gracias a la profundidad de campo, a lo amplio de las vistas que Callot reproduce, nos ofrece una interesante convivencia con el dolor. Una suerte de asunción del oprobio, que se instala en la rutina, que se asume como parte de la vida. Gracias a esa amplitud, a la recreación de escenarios vastísimos, generalmente urbanos, incluso acertamos a ver escenas galantes mientras en otros lugares los cuerpos penden de árboles y los rostros de los ahorcados aparecen desencajados. Triste vaticinio el de muchas de las imágenes, en las que parece anidar una conducta humana que, más allá de una primera conmoción, revela la natural convivencia con el dolor ajeno y con el abuso de poder.

Las imágenes vuelvena mostrar la capacidad del ser humano tanto para soportar el dolor y la injusticia como para infligirlos

Frente a los grabados de Callot, y desde aquí extendiéndose a lo largo de toda la exposición, se sitúan las 80 estampas de ‘Los desastres de la guerra’, que, al margen de su valor como documento (testimonio de la Guerra de Independencia entre 1808-1814), nos sitúa ante una imagen de la abyección. El ‘plano general’ de Callot da paso a un ‘primer plano’ del horror pero también de la resistencia, de agarrarse con las uñas a la vida y responder a la violencia con violencia. Estas imágenes vuelven a mostrarnos la inmensa capacidad del ser humano tanto para soportar el dolor y la injusticia como para infligirlos. Ese cambio de plano conlleva el paso a la intensidad, tal vez porque es un efectivo paso a introducirnos en la escena; nacen proyecciones emocionales y una proximidad que desemboca en lo empático, puede que acentuada por ser una página histórica de nuestro país. Por encima de todo, estas estampas son un incontestable y doloroso retrato del ser humano, de sus confines más obscuros.

El ‘Guernica’ deJavier Arce es una reproducción de la obra ‘picassiana’ sobre un inmenso papel que ha sido arrugado

Guernica’ se constituye en algo más que un icono universal: ciertamente adquirió la condición de símbolo desde su nacimiento. Como tal, la obra de Picasso se ha hallado presta no sólo a ser reproducida en concordancia con ese alegato por la paz o esa denuncia de la guerra –¿cuántos ‘guernicas’ ocupan, pintados, muros de escuelas e institutos?–, también a ser reinterpretado y citado por artistas posteriores. En esa estela se sitúan los trabajos que aquí se exponen de Jorge Oteiza, José Manuel Ballester y Javier Arce. El conjunto de piezas de Oteiza evidencian la vigencia política y simbólica de ‘Guernica’. En las medallas en bronce, que realiza en 1987, algunos fragmentos de la pintura ‘picassiana’ poseen la misma consideración simbólica que el árbol de Guernica. Prodigiosa es la serie de piezas en las que se aprecia el proceso de la Piedad que corona la fachada de esa extraordinaria ‘obra de arte total’ que es la Basílica de Aranzazu (Guipúzcoa), realizada entre 1950 y 1969 con el concurso del arquitecto Sáenz de Oiza y, junto a Oteiza, los artistas Lucio Muñoz y Eduardo Chillida. Resulta difícil no sólo relacionar la escultura de los personajes que miran al cielo con el propio bombardeo de Guernica, también con algunas obras que acompañaron en 1937 a la obra de Picasso en el Pabellón de la República y que se ocupaban de los estragos que causaban los ataques aéreos, como las de Horacio Ferrer o Rodríguez Luna.

Por su parte, el ‘Guernica’ de Javier Arce, de la serie ‘Estrujados’, es una reproducción de la obra ‘picassiana’ sobre un inmenso papel que ha sido arrugado (con las mismas medidas que el original). El material, ese papel «estrujado», multiplica las interpretaciones: nace, entre otras, la dimensión de icono que es metafóricamente manoseado. Ballester, fiel a su poética de ‘deshabitar’ las obras maestras, hace lo propio con ‘Guernica’: descontextualiza pormenores del mural ‘picassiano’ y elimina los seres que lo moran, permitiéndonos paradójicamente redescubrirlo.

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