Esencias en la mirada

La obra de Enrique Brinkmann ‘Olor’ y, al fondo, ‘Sardinas’, de Hannah Collins. /Paula Hérvele
La obra de Enrique Brinkmann ‘Olor’ y, al fondo, ‘Sardinas’, de Hannah Collins. / Paula Hérvele
Crítica de arte

Es éste un proyecto específico para Málaga, ya que se han seleccionado destacadas obras de los numerosos fondos de la Colección olorVISUAL en función a esencias que remiten a la ciudad, a su historia y a sus símbolos

JUAN FRANCISCO RUEDO

Son varios los motivos o situaciones que hacen de ésta una exposición no sólo diferente, sino que la convierten en una experiencia ciertamente singular. En ningún caso, esas particularidades se favorecen para subsanar lagunas o déficits artísticos, como una especie de ‘maniobras de distracción’, puesto que la Colección olorVISUAL, que desembarca con apenas una décima parte de sus fondos en los que se concitan casi 400 creadores, está conformada por numerosas piezas valiosas y artistas fundamentales. Esta entrega se halla en la línea que ha propiciado el Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga, en la que destacadas colecciones privadas e institucionales presentan sus fondos, que es tanto como decir sus distintos modos de coleccionar y sus políticas de apoyo a la creación. Justamente, el año pasado, por estas mismas fechas y en estas mismas salas, comparecía la Colección DKV con una no menos excelente entrega expositiva.

‘Olor de Málaga. Percepciones olfativas de Colección olorVISUAL ’

La exposición:
55 obras de otros tantos artistas y 8 esencias creadas por Ernesto Ventós según ocho motivos que son símbolos o definen Málaga y su historia. El conjunto es ampliamente heterogéneo (vídeo, fotografía, escultura, pintura, instalación), dándose cita nombres insustituibles de la Historia del Arte, otros consagrados y de ‘media carrera’, así como jóvenes que son auténticos valores.
Comisaria:
Cristina Agàpito.
Fecha:
Hasta el 23 de julio. Horario: De martes a domingo, de 10.00 a 14.00 horas y de 17.00 a 20.00 horas.
Lugar:
Salas de La Coracha. MUPAM. Paseo de Reding, 1, Málaga.

Lo que hace especial este montaje va en relación al propio nombre de la colección. La Colección olorVisual está auspiciada por Ernesto Ventós, perfumista de dinastía cuya familiar y centenaria empresa se dedica a la creación de esencias, fragancias, aromas, químicos aromáticos y aceites esenciales. A ello se une la propia hipersensibilidad olfativa de Ventós, de modo que las piezas que entran a formar parte de la colección no sólo lo hacen por su propia calidad artística, sino por lo que las formas plásticas y motivos detonan en la memoria olfativa del coleccionista. Circunstancias personales, profesionales y familiares, como pueden ver, se convierten en los consecuentes vectores o directrices de la colección, que posee un irrenunciable ‘registro personal’, un obedecer al ‘motor’ de la misma, al coleccionista. Curiosamente, este despertar sensaciones en un sentido a partir de otro ha de recordarnos a la sinestesia, que durante distintos periodos de la Historia del Arte se convirtió en paradigma y anhelo; ocurrió especialmente en algunas de las primeras vanguardias y en la eclosión de la abstracción, cuando la música se convierte en universo al que aspirar, deseando que la obra, con su ritmo y color, despierte acordes musicales en el que mira, como si oyera mientras ve.

Esa particularidad en la conformación de los fondos se traslada a la exposición. De este modo, Ventós ha creado ocho esencias expresamente para esta muestra. Ocho esencias que responden a otros tantos conceptos con los que se definiría e identificaría la ciudad de Málaga y su historia. Esas esencias se encuentran para ser olidas en cada una de las ocho secciones en las que se divide la exposición, habiendo sido elegidas las obras que se hallan en cada uno de esos apartados por su afinidad olfativa con esas ideas. Junto a ello, junto a ese condicionante olfativo, cada pieza se acompaña de un pequeño texto que escribe el artista y en el que intenta definirla en relación al olor. En ocasiones, como en el de Juan Olivares, su sucinto texto es una brillante alegoría del acto pictórico traducido como acto olfativo. Su políptico pictórico, con las capas y estratos que han venido caracterizando su pintura, y con un dinamismo que genera cierta sensación de fugaz y efímero, transmite esa idea de lo que se agota o disipa, como un aroma.

Los ocho motivos que articulan la exposición y generan las esencias que podemos percibir son el ‘garum’, la biznaga, el cenachero, el espeto, la siderurgia, los hilados y tejidos, tabacalera y la industria azucarera. Son, indudablemente, símbolos de nuestro pasado y señas de identidad de Málaga, si bien puede resultar una ausencia importante: la del vino y la pasa, que, hasta la llegada de la plaga de la filoxera en la década de los setenta del siglo XIX, se constituyeron en pilar fundamental de la economía local, ‘cosecharon’ fama mundial y actuaban como motores para otras industrias (los flejes metálicos que se fundían en las siderurgias para los toneles) y para los artistas, como los litógrafos que crearon, a través de las etiquetas de productos para un sentido como el del gusto, la imagen (visual) de la ciudad.

En función a esos olores, que nos producen sensaciones y emociones y nos hacen activar imaginarios, se han elegido obras de una cincuentena de artistas, entre los que se dan cita nombres insustituibles de la Historia del Arte –auténticos maestros–, otros consagrados y de ‘media carrera’, así como jóvenes que son ya, a día de hoy, verdaderos valores. La amplitud de registros y disciplinas define el conjunto de la colección como eminentemente heterogénea, sin férreas líneas o vectores historiográficos.

Son varios los motivos que convierten esta exposición en una experiencia singular

Los olores seleccionados nos hacen viajar doblemente. Por un lado, el propio viaje perceptivo y fenomenológico, ese traslado emocional que sufrimos al percibir los olores, ya que éstos generan una reacción automática, sin mediación intelectual, que no sólo pueden evocar recuerdos, sino que pueden generar emociones relacionadas con esos recuerdos. Por otro, una suerte de viaje a distintos periodos de Málaga, a una Málaga histórica. Algunos olores permanecen, convertidos en señas identidad, como la biznaga o el espeto; otros, como la siderurgia, el ‘garum’, el azúcar o las hiladurías, sectores productivos sobre los que se basaron algunos de los momentos de esplendor de esta ciudad, son hoy inexistentes. Quizás el más sugestivo y efectivo de los olores es del espeto, aunque realmente el olor que percibimos es el de las brasas de la playa, con lo que sufrimos una intensa e inmediata sensación de hallarnos en las inmediaciones del mar en verano. Justamente, las obras recogidas en esta sección nos trasladan la sensación del fuego, del rescoldo y lo quemado. Ayudan, en ocasiones, obras que son «literales», cuyos motivos consiguen prefigurar el universo que relacionamos con ese olor. En relación al espeto, la escultura ‘AKU-AKU’ de Lluís Ventós o la poderosa fotografía en blanco y negro ‘Sardinas’, de Hannah Collins, materializan visualmente ese icono de la gastronomía y la cultura malagueñas. En la sección dedicada a la biznaga adquieren esa literalidad, ya que muchas de las obras seleccionadas tienen a las flores como elementos centrales. Entre ellas cabe destacar una exquisita y sensorial fotografía de Toni Catany o los registros fotográficos de ‘performances’ e intervenciones, incluso en la misma Naturaleza, que buscan hacer visibles las flores, como la máscara floral a lo Arcimboldo de la malagueña Lola Guerrera, el movimiento pictórico de Anna Malagrida o la gran flor hecha con tela de Riitta Päiväläinen, uno de los referentes de la Escuela de Helsinki. En lo tocante a la siderurgia, piezas metálicas y la sensación de lo ígneo ayudan, mientras que en relación al azúcar es el color (amarillo, ámbar o caramelo) lo que las aúna.

Entre las piezas expuestas deben destacarse las de Ángela de la Cruz, Pello Irazu, Juan Olivares, Muntadas, Brinkmann, Carlos Bunga, Douglas Gordon o Duane Michals.

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