DEL ESCRITOR IGNORADO AL LIBERTADOR DESTERRADO

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía John Kennedy Toole, que tras el rechazo editorial a su novela La Conjura de los Necios, se dio un chute de dióxido de carbono en dosis letales, y moría Simón Bolívar tras el empecinamiento contralibertador de sus detractores y del señor Bacilo, de apellido De Kock.

El diecisiete de diciembre de 1937 nacía en Nueva Orleans John Kennedy Toole, quien tras una luisianesca infancia sobreprotegido por su madre Thelma, que no le dejaba jugar con otros niños por si le pegaban algo o simplemente le pegaban, se graduó en la Universidad de Columbia e impartió clases en la de Lafayette, mientras iba escribiendo la novela que lo catapultaría a la fama cuando la fama ya le importaba menos que a la momia de Tutamkamon la cotización del yen en Wall Street. Acabada La Conjura de los Necios, Kennedy Toole la envió a la editorial Simon & Schuster, cuyo responsable se negó a publicarla alegando que no trataba de nada concreto, rechazo que catapultó a su autor a una depresión alcohólica cuyo crescendo culminó colocando el extremo de una manguera de jardín en el tubo de escape de su coche y el otro orificio en la ventanilla del conductor, y enviando a todos los necios conjurados en su contra a tomar viento ofuscado mientras él se daba un chute de dióxido de carbono en dosis letales. Tras el adioxidamiento carbónico del hijo editorialmente rechazado, Thelma persiguió día y noche a Walker Percy para que leyera el libro inédito del difunto John, y si bien es cierto que Percy acabó por acceder a las peticiones de Missis Kennedy ante la extenuación consecutiva al acoso descarado, no lo es menos que la delirante historia de Ignatius J. Reilly le entusiasmó tanto que no paró hasta ver editados a los necios tan genialmente conjurados del adioxidado escritor, los cuales fueron póstumamente galardonados con el americano Pulitzer y con el premio a la mejor novela en lengua extranjera en Francia. A Kennedy Toole sin embargo los reconocimientos se la trajeron al pairo por lo del tubo de escape previamente inhalado, aunque a su inadaptado y anacrónico Ignatius le han erigido una estatua delante de unos grandes almacenes neorleanos. See you later.

Ciento siete años antes del nacimiento neorleano de John Kennedy Toole, moría en la neogranadina Santa Marta sudamericana Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco, y para de bautizar que nos quedamos sin espacio, quien entre el nacimiento caraqueño y el finamiento santamarteño anduvo harto ocupado en sus asuntos de estado: que si libero Venezuela y Nueva Granada de los colonos españoles; que si encauzo el nacimiento oficial de la República de Colombia; que si, ya en calidad de Libertador confeso de las Américas sureñas libero también a los peruanos que se me resisten un poco pero acaban cediendo a mi bienintencionada invasión; que si ya que estamos por qué no independizar asimismo Bolivia y dicho y hecho; que si un puñado de ingratos libertos se unen en Septembrina Confabulación y pretenden escabecharme aunque les sale el tiro traidor por la fallida culata; que si, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y el Rimac por Lima, mis detractores se afianzan en su empecinamiento contralibertador y me destierran a Jamaica aunque otro no menos empecinado contralibertador, de nombre bacilo y apellido de Kock se suma a la revuelta y me impide viajar más allá de Santa Marta, donde me acoge un español compasivo en cuya Quinta de San Pedro Alejandrino se pone las botas el bacillo de marras, dejándome los pulmones sanguinolentamente esputados y las fiebres libertadoras exudadas en sus homónimas perniciosas... Claro que, después de mi atuberculosamiento masivo, un comunicado oficial declaró que había muerto el 'sol de Columbia', pero para piropos estaba yo. Después me inhumaron en la catedral-basílica local, me exhumaron para mandarme a paseo en una cripta de Caracas, y me volvieron a sacar a dar una vuelta por una sala de autopsias ya que a Hugo Chávez se le metió en la cabeza que lo mismo no me había matado mister Kock, de profesión bacilo, sino un indeterminado atentado de no menos indeterminada procedencia. Nada se pudo probar y me volvieron a inhumar tan ricamente. A ver cuánto tardan en sacarme otra vez.

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