Un enigma junto al Teatro Romano

Las paredes exteriores del centro de interpretación reproducen la historia de Publio Gratio.
Las paredes exteriores del centro de interpretación reproducen la historia de Publio Gratio. / Paula Hérvele

Las inscripciones del centro de interpretación relatan la historia de un esclavo que llegó a ser mecenas del monumental escenario

ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Era un esclavo y no podía sentarse en el graderío, a menos que quedase algún asiento libre una vez comenzado el espectáculo. Cuanto más lejos del dinero y del poder, más lejos del escenario. No en vano, cada espectador accedía al recinto por una entrada concreta según su estrato social. A Publio Gratio le acompañó la suerte, hizo fortuna con el negocio del ‘garum’ –el aderezo a base de pescado que convirtió a la Malaca romana en una ciudad próspera–, compró su libertad y siguió prosperando hasta albergar pretensiones políticas.

En el auge de su esplendor, se convirtió en mecenas de aquel teatro en el que tuvo vedada la entrada. Y luego mandó esculpir en piedra, para que quedase constancia: «Publio Gratio, malagueño, y su esposa Pompeya Focyria regalaron cuatro columnas con sus bases para el Teatro Romano».

Eso mismo dicen las inscripciones que lucen en las paredes marrones del centro de interpretación del Teatro Romano de Málaga. Así lo detalla su arqueólogo director, Manuel Corrales, quien añade que las zonas acristaladas del recinto que da acceso al yacimiento de la calle Alcazabilla muestran varios fragmentos de la Lex Flavia Malacitana, el código civil que sentó las bases de los usos y costumbres de la ciudad en época romana.

Fagmentos de la Lex Flavia Malacitana. / Paula Hérvele

«Recuerdo que aparecieron dos inscripciones que decían lo mismo; sin embargo, la segunda de ellas nos permitió concretar mejor el nombre de la mujer. En la primera estaba muy abreviado por intentar ocupar el menor espacio posible sobre la piedra mediante nexos y abreviaturas. En la segunda pudimos comprobar que no se llamaba Focyria, sino Philociria», rememora el catedrático de Arqueología de la Universidad de Málaga (UMA) Pedro Rodríguez Oliva, uno de los mayores especialistas en el teatro romano malagueño.

«Esta donación, por el tipo de letra, podría situarse a principios del siglo III, una época en la que los teatros empezaron a abandonarse”, detalla Rodríguez Oliva antes de añadir: “Cuando se abandonó como teatro sufrió muchas transformaciones. Lo primero que se llevaron fueron los mármoles para convertirlos en cal para mezclarlos con arena para hacer el cemento de la época. Algunos de esos elementos se reaprovecharon en construcciones de época tardía. Y en esas obras aparecieron esos dos pedestales».

Un testimonio esencial

El catedrático de la UMA reivindica la trascendencia de estas inscripciones: «Es un testimonio muy importante que habla de las obras del teatro. Hay otra inscripción que se refiere a unos magistrados que probablemente pagaron también una reconstrucción del teatro. Siempre supuse que habían sufragado la remarmolización del graderío. La pieza está colocada delante del escenario, en el suelo, pero sólo apareció un fragmento. En una de nuestras primeras excavaciones en el subsuelo de la antigua Casa de la Cultura descubrimos las tres últimas letras de esta inscripción: ‘DSP’, “de sua pecunia», de su dinero”.

Dinero, anécdotas, pequeñas his torias que componen la Historia mayúscula, que forman parte del paisaje cotidiano de miles de personas. Como el relato de aquel esclavo que cuentan las paredes marrones levantadas en la calle Alcazabilla junto al Teatro Romano.

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