DEL EMPERADOR ENVENENADO AL GÁNGSTER LUCRADO

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía Carlos VI del Sacro Imperio Romano-Germánico, que acabaría enzarzado con el luisino rey-sol en una Guerra de Sucesión que duraría catorce y muy entretenidos años, y moría Ronnie Kray, quien junto con su hermano Reggie había constituido el tándem gangsterístico británico más célebre de los años sesenta.

El 1 de octubre de 1685 nacía en Viena Carolus Franciscus Josephus Wencenlaus Balthasar Johannes Antonius Ignatius de Habsburgo y Neoburgo, Carlos para abreviar, que dos décadas más tarde se convertiría en rey de Hungría, rey de Bohemia y en emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico. Como se ve que Carlitos andaba cojo de títulos nobiliarios, aprovechó que Carlos II, -eufemísticamente apodado 'el hechizado' para disimular que la cascabelera endogamia practicada por sus ascendientes lo había descendido a él como un auténtico cencerro caprino- había muerto sin dejar heredero alguno, para proclamarse rey de España aunque, como pululaba por ahí otro aspirante a la corona, a la sazón un nieto del luisino rey-sol, ambos se enzarzaron en una Guerra de Sucesión que duraría catorce y muy entretenidos años y que culminaría con la victoria del aspirante galo; derrota que humilló tanto a Carlos que desde entonces adoptó la moda ceremonial de la corte conquistada por el enemigo y se le podía ver por su palacio austriaco ataviado con las medias rojas y el jubón negro característicos de los soberanos españoles. Para consolarse se fue a guerrear un poco contra los turcos y les sisó Valaquia y Serbia, que le fueron posteriormente resisadas por la furia otomana, a la vez que mandaba construir la Biblioteca Nacional para leer un rato, la Escuela Española de Equitación para montar como si fuera el rey de España, y dirigía la orquesta de la corte vienesa para asegurarse de que tocaban adecuadamente sus propias composiciones, aunque un plato de amanitas phalloides, también conocidas como cicuta verde o como el hongo de la muerte, se interpuso en su camino hacia la gloria musical y lo desemperadorizó y lo desreinó en convulsivas diarreas que, en menos que canta un gallo húngaro, le dejaron el hígado como un cazamariposas. Fin de la partitura.

Trescientos diez años después del nacimiento vienés de Carlos VI, moría en Londres Ronnie Kray, quien junto con su gemelo Reggie, había constituido el tándem gangsterístico británico más célebre de los años sesenta. Los Kray, que comenzaron su carrera delictiva como matones al servicio de criminales ya colegiados en los registros del hampa londinense, pronto se establecieron por su cuenta al extorsionar a pequeños comerciantes a cambio de protección contra sí mismos, y de ahí saltaron entusiásticamente al atraco a mano armada y al secuestro, bautizando su banda criminal como 'the firm' y comprando con los beneficios obtenidos varios locales de ocio que se convirtieron en los lugares predilectos de políticos y famosos y hasta de famosos políticos, hasta el extremo de que los Kray no tardaron en creerse más intocables que los ídems de Eliot Ness. A los nuevos intocables tampoco les gustaba que les tocaran los krayjones y lo mismo excarcelaban a distancia a su colega el loco del hacha -que, como bien indica su nombre era un zumbado a un hacha pegado-, que se envalentonaban hasta el brote psicótico por el ala torcida de un sombrero y acribillaban, con el club en pleno overbooking y a la vista de decenas de testigos presenciales, al alatorcido dueño sombreril, aunque habida cuenta que nadie ignoraba cómo se las gastaban los tiernos gemelos, cada uno de los asistentes al acribillamiento aseguró no haber visto nada por encontrarse en el baño, y los policías, en un alarde de humor británico, acabaron por bautizar aquel baño como 'la Tardis' -la cabina espaciotemporalmente viajera del Doctor Who-, por la inusitada cantidad de gente que aseguraba haber estado allí al mismo tiempo. Claro que como no hay Kray que cien años dure ni Londres que lo resista, Scotland Yard acabó por hincarles el diente metropolitano y, cuando ya estaban convenientemente condenados a cadena perpetua, salieron también los de la Tardis alicatada y se amontonaron a declarar lo que habían callado por respeto literal a sus propias vidas, aunque los irredimibles gemelos siguieron gestionando desde sus celdas una lucrativa empresa dedicada a proporcionar guardaespaldas a personalidades entre las que se incluía el mismísimo Frank Sinatra. And did it my way.

Fotos

Vídeos