El efecto Vasarely resucita en el Thyssen

'Helios', obra de 1964 :: J. L. / EFE /
'Helios', obra de 1964 :: J. L. / EFE

Acoge una completa retrospectiva del padre de Op Art, el creador de los trampantojos cinéticos que engañan a la percepción

MIGUEL LORENCI MADRID.

Hace medio siglo el arte óptico de Victor Vasarely era omnipresente. El Op Art, el osado y dinámico ilusionismo óptico del «radical» artista francohúngaro, libraba un batalla sin cuartel con el Pop Art. Engañando al ojo y a la mente del espectador con sus trampantojos cinéticos y sus paradojas geométricas, hay quien sostiene que ganó el Op Art, aunque muriera de éxito. Cinco décadas después es Andy Warhol quien ocupa el trono de la popularidad global, mientras que el efecto Vasarely resucita ayudado por grandes museos europeos como el Thyssen-Bornemisza. Presenta hasta el 9 de septiembre una espectacular monográfica sobre Vasarely (Pécs, 1906 - París, 1997), el padre del Op Art. El parisino Centro Pompidou hará lo propio en febrero próximo y el ilusionismo colorista y dinámico de Vasarely estallará antes en Fráncfort certificando su plena resurrección.

«La locura Vasarely estaba en los 60 y los 70 por todas partes: en camisetas y minifaldas, en la consulta del dentista, el cine, el banco, la discoteca e incluso en la iglesia», constata el director artístico del Thyssen, Guillermo Solana, para dar cuenta de la inmensa popularidad que alcanzó la pintura de Vasarely, un «ilusionista óptico» de inspiración física y matemática «empeñado en democratizar el arte». «Fue al Op Art lo que Warhol al Pop Art, pero tras esa locura, en Vasarely latía un impulso racional: aspiraba a ir más allá de la pintura y de la escultura y lograr la interacción psicológica y fisiológica con el espectador», dice Solana.

Un efecto nítidamente perceptible en muchas de las 88 obras de una muestra que encandila tanto como desconcierta. Hasta tal punto que una de las conservadoras del museo se sintió mareada y debió abandonar una de las salas de la exposición cuando traducía la explicaciones de Márton Orosz, conservador del Museo de Bellas Artes de Budapest, director del Museo Vasarely y comisario de la muestra. Organizada en ocho secciones y por orden cronológico, se abre con un prólogo dedicado a las 'Estructuras Vega', una de las series más populares de Vasarely, realizada en la cima de su carrera y que toma su nombre de la estrella estival más brillante del hemisferio norte.

Formado en Budapest con los huidos de la Bauhaus alemana, el dinámico y paradójico arte de Vasarely llegó a todas partes, logrando una de las antiguas ambiciones de las vanguardias soviéticas: «Llevarlo a las masas y acabar con el elitismo de las subastas y las galerías y la separación entre el arte y la vida». «Fue el gran empeño de Vasarely, que logró, además, algo de lo que Warhol no fue capaz, como es la saturación total del campo visual», destaca Solana. Pero su descomunal éxito sería su condena, ya que «Vasarely moriría de éxito», según Solana. Aun así, el poder de su pintura cinética persiste y afectó de pleno al propio director del Thyssen, quien sintió como Vasarely «había vuelto a la vida» ante una de sus obras icónicas en una visita al Pompidou.

Organizada con fondos de los museos Vasarely de Budapest, de Pécs, de la Fundación Vasarely de Aix-en-Provence y de otros destacados préstamos de colecciones privadas, con 'El nacimiento del Op Art' el Thyssen quiere demostrar la fortaleza de ese renacido efecto Vasarely ofreciendo una visión global de la vida y obra del artista nacido en Hungría pero que realizó lo mejor de su producción en Francia.

«Nos adelantamos en la recuperación de un gran artista radical que habíamos perdido por un tiempo», dijo Solana, feliz por tomar la delantera al Pompidou y contribuir tan activamente a esta resurrección de un «ilusionista que desencadena su magia analizado las propiedades ópticas». «El espectáculo no está en el lienzo, sino en el efecto que se produce en la retina del espectador. Es como si la obra se metiera en nuestros propios ojos», dice Orosz para resaltar ese «el efecto vibrante» de la pintura en movimiento «de un pionero de la desmaterialización de la obra artística».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos