Del dramaturgo absurdo a la reina inquisidora: Eugène Ionesco e Isabel I la Católica

Eugène Ionesco. /SUR
Eugène Ionesco. / SUR
Albas y ocasos

Tal día como hoy nace Eugène Ionesco, padre del teatro del absurdo junto con Samuel Beckett, y muere Isabel la Católica, que después de expulsar a judíos y mudéjares envió a Colón a colonizar las Indias y, aunque no las encuentra, América también nos sirve

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nace Eugène Ionesco, padre del teatro del absurdo junto con Samuel Beckett, y muere Isabel la Católica, que después de expulsar a judíos y mudéjares envió a Colón a colonizar las Indias y, aunque no las encuentra, América también nos sirve.

Eugène Ionesco. Del 26-11-1909 al 28-3-1944

El veintiséis de noviembre de 1909 nacía en Rumanía Eugen Ionescu, que se convertiría en uno de los principales dramaturgos del teatro del absurdo con el nombre maternalmente afrancesado de Eugène Ionesco. Antes de apadrinar, junto al irlandés Samuel Beckett, el teatro del absurdo, Ionesco había trabajado en una editorial, en un banco de los que cobran comisiones y en un banco del parque escribiendo una tesis doctoral sobre la muerte en la poesía francesa que nunca llegó a terminar, porque mientras tesinaba en torno a la parca poéticamente gabacha llegó la Cantante Calva, que no era Edith Piaf que pasaba por allí perdiendo pelo parisino a manos llenas a la vez que cantaba “non rien de rien, je ne regrette rien”, sino la primera obra absurdamente ionescada, cuyo guión había sido inicialmente publicado por el Colegio de Patafísica. ¿Pero qué es la patafísica?, se preguntarán ustedes. Pues un movimiento cultural francés vinculado al surrealismo, en cuyas idas y venidas alrededor de la física clásica se establece que todo es anormalidad y que la regla es la excepción de la excepción. En cuanto al teatro del absurdo cuya paternidad compartieron Ionesco y Beckett, se caracteriza por tramas de rasgos existencialistas que, mediante el humor y la mitificación, pretenden cuestionar la sociedad en general y el hombre en particular, aunque lo más probable y lo más frecuente es que el espectador empiece preguntándose ¿pero ésta cuándo se queda calva de una vez y empieza a cantar?, y acabe acordándose fecalmente de todos los muertos de la falsa calva y del genuinamente alopécico amigo que le ha invitado al teatro esa noche. Con lo ricamente que estaba usted en casa ejerciendo de seriéfilo.

Isabel I de Castilla. Del 22-4-1451 al 26-11-1504

Cuatrocientos cinco años antes del nacimiento rumano de Ionesco, moría en Medina del Campo Isabel I de Castilla, rebautizada como la Católica por una burla, perdón una bula, papal de Alejandro VI. El reinado de los católicos monarcas fue sin duda de un entretenimiento sin parangón: hoy reconquistamos el reino nazarí de Granada e Isabel le espeta al destronado Boabdil la celebérrima frase de “llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”; mañana nos vamos a guerrear a discreción contra los musulmanes norteafricanos y les sisamos Melilla, que nos viene bien para tomar las aguas mediterráneas y fortificarnos por si las moscas árabes; pasado invitamos amablemente a los judíos a que se tomen unas vacaciones indefinidas cuanto más lejos mejor y a los mudéjares a que den el salto marítimo a cualquier rincón de África exceptuando Melilla claro está; la siguiente semana creamos el tribunal de la Santa Inquisición mediante otra burla, perdón bula, papal, por aquello de velar por la ortodoxia católica, y nos hacemos íntimos de Tomasín de Torquemada, entusiasta encendedor de festivas hogueras alimentadas por judeoconversos y herejes de toda índole, sin discriminación alguna por raza, sexo o edad; el mes entrante nos sacamos de la chistera el conejo de la Santa Hermandad para que los piratas no nos pirateen los católicos navíos ; el año siguiente mandamos a Colón a colonizar las Indias y, aunque no las encuentra, América también nos sirve y allá que enviamos sin tardanza a los paulinos húngaros, que no son unos músicos ambulantes susceptibles de amenizar con sus danzas zíngaras las sobremesas americanas sino unos monjes evangelizadores adiestrados para catolizar a ultranza a todo indígena viviente. Antes de que a Isabel la finara la hidropesía, que era como una retención de líquidos que te hinchaba el peritoneo hasta decir basta y adiós, casi todo en uno, la Católica, que ya no se encontraba muy ella misma es decir muy católica, tuvo tiempo para asistir a la muerte de su único hijo varón, de su primogénita y de sus dos nietos, uno de ellos nonato y el otro supuestamente destinado a unificar los reinos católicos con los de Portugal, y hasta a ser testigo de cómo se volvía loca su hija Juana la ídem incluso antes de que se le muriera Felipe el Hermoso. Es lo que tiene la endogamia, muy cuerdo no te gesta.

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