Un domingo particular

Un domingo particular
Sr. García .
Cruce de Vías

A menudo, siento un ligero mareo al abandonar la soledad y hallarme envuelto en la muchedumbre

JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA y SR. GARCÍA .Ilustración

El pasado domingo por la mañana temprano cayeron unas gotas mientras acompañaba a una amiga al aeropuerto. Después regresé a casa, el cielo se despejó e hizo un calor de verano. Al salir a la terraza, descubrí dos mantis religiosas que mantenían relaciones íntimas en la rama de una de las plumarias que florecen en las macetas. Recordé la mantis a la que dediqué un cuento en esta página hace un par de años. No pude dejar de pensar en el canibalismo de un gran número de estos insectos que devoran a la pareja tras realizar el acto sexual. Me quedé mirando su absoluta quietud, como si no les gustara haber sido sorprendidas practicando el amor y tal vez proyectando la muerte. Quizás ella fuera Teresa, la mantis del cuento que pasó varios días conmigo hasta que un día desapareció sin decir nada. Entré en casa y dejé que siguieran camufladas entre las hojas verdes.

Cogí el coche para ir a Málaga. Al bajar la cuesta de casa descubrí al camaleón más grande que he visto nunca atravesando la carretera. Al ver acercarse el vehículo, se quedó quieto como las mantis al descubrir mi presencia. Detuve el coche y lo cogí delicadamente para ayudarle a cruzar el asfalto y depositarlo sobre la tierra cubierta de matorrales. No abrió la boca ni sacó la lengua como suelen hacer los camaleones para asustar a quienes se cruzan en su camino. Se dejó llevar sin dejar de mirarme. Era la primera vez que veía un camaleón a finales de noviembre y que sorprendía a dos mantis haciendo el amor en invierno. Llegué a la conclusión de que el cambio climático engaña a las personas, los animales y el mundo vegetal. Luego seguí conduciendo y aparqué el coche cerca del centro de la ciudad.

Las calles se hallaban repletas de gente. A menudo, siento un ligero mareo al abandonar la soledad y encontrarme envuelto en la muchedumbre. Se acerca la Navidad, pensé. Los comercios estaban abiertos, aunque era domingo se continuaba celebrando el Black Friday. Los descuentos reunían a miles de consumidores en el interior de los comercios. A pocos kilómetros de distancia, los camaleones salían a pasear bajo el sol del invierno y las mantis celebraban el rito amoroso del verano. Los árboles y las plantas florecían sin saber distinguir en qué mes se hallaban. No utilizan otro calendario que las sensaciones. Al llegar la noche, cientos de curiosos apuntaban con sus móviles la iluminación navideña mientras yo contemplaba la luz de las estrellas. El lunes por la mañana temprano salí a la terraza y busqué las mantis entre las hojas verdes de la plumaria. Sólo estaba ella arrodillada, inmóvil, como si elevara al cielo una plegaria.

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