'Dirty Dancing': una hora antes del show

En peluquería se cepillan las pelucas, en vestuario se repasa la costura de un traje y en camerinos comienza la transformación del elenco. Entramos en el 'backstage' de la producción instalada en el Cervantes

Marisa Pareja, bailarina y cantante de Torremolinos, se ha reincorporado en Málaga /Francis Silva
Marisa Pareja, bailarina y cantante de Torremolinos, se ha reincorporado en Málaga / Francis Silva
Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Faltan 60 minutos para la función. Se respira una calma tensa. Queda tiempo, pero el justo para que todo esté a punto. En peluquería se cepillan las pelucas que llevarán las artistas, en vestuario se repasa la costura de un traje para evitar sorpresas y en camerinos comienza el proceso de transformación del elenco. Eva Conde recoge su largo pelo rubio en diferentes trenzas con las que rodea su cabeza, solo le falta colocarse una peluca de media melena ondulada para ser Baby, la protagonista de ‘Dirty Dancing’. Una vez sobre el escenario nadie notará que no es su cabello real el que se mueve en cada salto que da. Es uno de los trucos que se descubren paseando por el ‘backstage’ de la producción que se ha instalado en el Cervantes hasta el 6 de agosto. Y hay más.

Mientras Eva se prepara, Oriol Anglada llega con la respiración acelerada. «Vengo de calentar», se explica quien en unos minutos será el carismático Johnny Castle, interpretado en su día por Patrick Swayze. Ambos protagonistas comparten camerino, lo prefieren para así poder estar un rato a solas antes de salir a escena y «conectar». Saben que la energía y la atracción mutua es fundamental, es el eje sobre el que pivota el montaje.

Son artistas de musical, pero aquí trabajan con una singularidad: ellos no cantan. ‘Dirty Dancing’ no es un musical al uso, las canciones no cuentan la historia sino que la acompañan. Como en la película de 1987 escrita por Eleanor Bergstein y dirigida por Emile Ardolino. De hecho, la guionista es también la responsable de la adaptación teatral y se ha preocupado personalmente por que sea lo más fiel posible al filme. En la estética y también en la banda sonora, unas veces grabada y otras interpretada en directo por cuatro músicos y dos cantantes. Los mismos que durante el tiempo que dura este reportaje prueban sonido y ambientan con su música sesentera el ‘backstage’.

El espectáculo
‘Dirty Dancing. El clásico del cine ahora en teatro’
Lugar
Teatro Cervantes
Fechas
De martes a domingo hasta el 6 de agosto
Entradas
Entre 20 y 60 euros, según el día y la hora de la función. Descuentos aplicables sólo martes y miércoles

El peso de la función recae así sobre la interpretación y, principalmente, sobre el baile. «Es un maratón», confirma Eva Conde. «Es vital estar en forma, todos son bailes en pareja donde soportas mucha carga sosteniendo a las chicas y, además, ¡me paso la mitad de la obra en pelotas!», bromea Oriol Anglada.

Tienen que convivir con el cansancio del cuerpo por el esfuerzo físico y con las lesiones, como los atletas de élite. Marisa Pareja lo sabe bien. La cantante y bailarina de Torremolinos se ha reincorporado en Málaga a la gira tras una luxación de hombros que le ha mantenido tres semanas apartada del directo. En estos días que lleva actuando en casa ya le han visto desde las butacas «familiares, amigos de chica, conocidos y acoplados», dice entre risas. Con experiencia en producciones de este formato (como ‘Hoy no me puedo levantar’ y ‘40 principales, el musical’), reconoce que esta es quizás la más «exigente como bailarina». «No canto, pero es un reto muy físico», cuenta la joven mientras se maquilla en el camerino que comparte con otras bailarinas.

Todas parecen profesionales del ‘make up’: se pintan y se recogen el pelo ellas mismas para que peluquería dé solo el toque final. Así se ahorra tiempo y personal. Allí Almudena Castillo, responsable del departamento, cepilla desde dos horas antes las 18 pelucas que se usarán en el espectáculo y asegura los peinados. Sufren mucho por el ajetreo de los bailes y necesitan una puesta a punto diaria. Una puerta más allá es el territorio de Reyes Carrasco, responsable de vestuario, y de las cientos de prendas estilo ‘sixties’ que lucirán los participantes. Cuenta que hay hasta 200 estilismos diferentes. Atiende sin levantar la mirada de una prenda: hay que adaptarla «urgentemente» para la función que empieza en menos de media hora.

Eva Conde y Oriol Anglada comparten camerino.
Eva Conde y Oriol Anglada comparten camerino. / FRANCIS SILVA

La ropa se reparte en percheros instalados en los pasillos del teatro, en la trastienda del escenario y hasta por el suelo de las tablas. «¡Cuidado con eso!», advierte Obed Soto, gerente de la compañía, mientras señala un vestido estratégicamente colocado en una esquina del ‘backstage’. No es un olvido ni un descuido. Cada personaje tiene cuatro o cinco cambios rápidos de vestuario, hasta quince se realizan en el caso de la protagonista. Y algunos no pueden durar más de 10 segundos. «Cuando ves que una cremallera tarda más de tres segundos te empiezas a poner nerviosa», confirma Eva Conde. Por eso a ambos lados del escenario las chaquetas están colgadas con la camisa ya metida por dentro, los zapatos listos para calzarse y los vestidos abiertos en el suelo para colocarse de pie sobre ellos y solo subirlos. Junto a las prendas, una mesa reúne la utilería del espectáculo, botellas de cervezas y carteras que cobrarán sentido minutos después cuando se vean desde las butacas.

«Quince minutos para la función». Se escucha por el canal interno del teatro. El regidor Marcos G. Núñez previene a todo el equipo del tiempo que queda desde la sala de control. Es el segundo aviso que da, ya lo hizo a los 30 minutos y lo repetirá cuando solo queden cinco para la cuenta atrás. Cuando se levante el telón, no le quitará ojo a la pantalla que emite lo que sucede en escena para poder dar las órdenes en «su justo momento». Ni antes ni después. Algo clave en cualquier función que aquí se hace crucial porque «hay muchos movimientos de trastos a mano». Tres plataformas giratorias obran el milagro de transformar el espacio en una sala de fiestas, en el exterior de un hotel, en el interior de una habitación o en una discoteca. Sucede a la vista del público y con los personajes andando por el escenario, de manera que si el regidor se adelanta al dar la orden a los maquinistas «alguien podría tropezarse».

La ropa se coloca estratégicamente a ambos lados de la escena para los cambios rápidos

Su cabina es, además, una de las últimas paradas del elenco antes del directo. Allí se colocan los 19 micrófonos inalámbricos de color carne y escondidos en la cabeza de la manera más discreta posible, que permitirán que la voz se escuche amplificada en todo el recinto. «Peluca, vestido, micro... ya solo me faltan los tacones que me dejo para el último momento», detalla una de las artistas.

«Cinco minutos para la función», avisan. El ritmo se acelera. Mientras unos repasan en voz alta el texto otros se tiran al suelo para hacer estiramientos y flexiones. Llegó la hora. Dicen que ya no hay nervios, el trabajo duro está hecho y ahora toca dejarse llevar. Resulta fácil cuando al otro lado del escenario se escuchan ya los primeros aplausos con los acordes iniciales de una de las canciones míticas de la película. ¿Imaginan lo que sucede cuando suena la última, ‘(I’ve had) The time of my life’, con el famoso ‘porté’ de Baby y Johnny? No pueden, tienen que verlo y oírlo.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos