Del dios debatido al dictador coronado: Concilio de Calcedonia y Henry Christophe

Concilio de Calcedonia (año 451). /
Concilio de Calcedonia (año 451).
Albas y Ocasos

Tal día como hoy nacía el Concilio de Calcedonia para dilucidar si la naturaleza de Cristo era tan humana como divina o más divina que humana, y moría Henry Christophe, que tras autoproclamarse presidente vitalicio de Haiti se dijo, pues casi mejor me hago rey.

MARÍA TERESA LEZCANO

Concilio de Calcedonia: 8-10-451

El ocho de octubre del año cuatrocientos cincuenta y uno nacía, no por generación espontánea sino por definida y ecuménica cristiandad, el cuarto de los primeros siete concilios destinados a ratificar la infalibilidad de la Iglesia Católica y de su vecina ortodoxa. Los concilios eran reuniones en las que, además de comer como obispos, éstos dogmatizaban y disciplinaban al rebaño eclesiástico para que no se les descarriaran las ovejas rezadoras y, si en el precedente condenaron la herejía nestoriana que defendía que las dos naturalezas de Cristo, es decir la divina y la humana, eran totalmente independientes entre sí, el concilio de Eutiquio vino a predicar que la naturaleza humana de Cristo estaba como engullida por la divina, aunque el sínodo regional puso literalmente el grito en el cielo, y el cielo, a la sazón su representante terrenal León I, le clavó papalmente a Eutiquio una Epístola Dogmática que reafirmaba la doctrina de las dos naturalezas y todos se fueron a discutir a Éfeso mientras tomaban las aguas del Egeo y se ponían morados de dátiles y mejillones.

Como en Éfeso no lograron los convidados ponerse de acuerdo y más bien se estaba armando la de Dios es Cristo, trasladaron la fiesta a Calcedonia y, aunque los hunos de Atila cabalgaban ya cerca pisando la hierba que no volvería a crecer bajo los cascos de sus monturas, los jerarcas católicos y el jefazo ortodoxo debatieron y debatieron y aún estarían debatiendo si no se les hubiesen acabado las pasas y el vino etrusco; guateque que desembocó en rosario de la Aurora o mejor dicho en genuino cisma ya que el Patriarca de Alejandría se fue con la ortodoxia a otra parte mientras sostenía empecinadamente la crística naturaleza única y los católicos seguían aferrados a la bipolaridad humanodivina del hijo de Dios como si no hubiera un mañana apostólico. Después llegó Atila y los envió a todos a tomar viento dogmático.

Henry Christophe: 3/2/1767--8/10/1820

Mil trescientos sesenta y nueve años después del nacimiento calcedoniano del concilio moría, en el haitiano palacio de Sans Souci, Henry Christophe, que en menos que canta un gallo criollo había pasado de esclavo liberto a rey antillano. Entre ambos oficios, Henry fue general de brigada en la lucha por independizar Haiti de la soberanía francesa y autoproclamado presidente vitalicio del nuevo estado, aunque en la diástole de su megalomanía desentonaba alguna que otra sístole y Christophe se dijo, pues casi mejor me hago rey. Y dicho y hecho, se autocoronó como Henry I de Haiti, a la vez que establecía en Puerto Príncipe una corte monárquica en la que no faltaban ni cortesanos ni cortejados, se sacaba de la manga de encaje una orden real y militar que, como no podía ser de otro modo, bautizó como de Saint-Henry, y se lanzaba con acrecentado fervor a construir ciudadelas y palacios reales para su uso y disfrute, y algún que otro hospital para que los vasallos no se le murieran y pudiesen seguir revenrenciando su real persona.

Como era además un gran admirador de Napoleón Bonaparte, el ínclito Christophe promulgó códigos a destajo, reservándose el civil como código Henry en homenaje a la napoleónica recopilación jurídica, tras lo cual restableció, sin que a su memoria liberta se le encogiera ni media entraña, la servidumbre de la gleba, y andaba ideando el modo de conquistar la parte sur de las Antillas para ampliar su reino, cuando una apoplejía lo cerebrovasculó y lo paralizó parcialmente; circunstancia que aprovecharon sus súbditos para cerebro-bascularse y desparalizarse en simultáneas revueltas. Cuando Henry, primer y último rey haitiano, fue consciente de que estaba a un paso de ser descoronado por los insurrectos, pidió a sus sirvientes que lo ataviasen con su uniforme militar y sentaran su cuerpo apoplejiado en el trono, tras lo cual se disparó al corazón con su real pistola.

Diez días después un grupo de sublevados, por si las moscas sucesoras y para que no quedara ninguna duda de que la monarquía comenzó y acabó con los Christophe, linchó hasta la muerte al príncipe heredero del primer país negro independiente del mundo. Por cierto, la bala con la que Christophe se voló la cavidad torácica era de plata; puede que Henri I se creyera, además de rey, vampiro. Puestos a megalomanizar...

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