El dibujo que quiere ser pintura

El malagueño José Luis Puche, este jueves./Ñito Salas
El malagueño José Luis Puche, este jueves. / Ñito Salas

El malagueño José Luis Puche revisa al carbón la cultura contemporánea en el CAC con su primera exposición individual en un museo, 'Como nieve que baila'

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Shreriffs en un control de policía, perros astronautas como Laika, burros goyescos, intelectuales empastillados, hombres y mujeres alados o saltos del ángel sin trampolín. La iconografía de la cultura contemporánea asalta la nueva exposición del malagueño José Luis Puche, que llega al espacio central del CAC con su primera individual en un museo que recoge su producción más reciente. Una suerte de recorrido visual por las claves del cine negro -también la series-, la música y el propio arte en el que el autor trata de elevar su mirada como esos pájaros que salpican sus obras. Una colección que además tiene una seña de identidad estilística. Las 29 piezas están realizadas al carbón. Dibujos que rompen las propias fronteras del formato para convertirse en pinturas.

«En la exposición hay una búsqueda de llegar al espectador a través de nuevas fórmulas de aplicar el carbón en un papel» , ha explicado José Luis Puche en la presentación de la exposición 'Como nieve que baila' en la que el habitual trazo al carboncillo pierde ese disminutivo 'cillo' al mezclarse con agua y hacerse brumoso, disperso y «chorreante». Una técnica que igual se resuelve en pocos centímetros que en piezas gigantes de hasta seis metros. «Mi dibujo nace con la esperanza de ser una pintura pero se da cuenta de que tiene que ser un dibujo aunque pueda ser interpretado como cuadro», ha admitido.

Y desde ese carbón graso, que a veces recurre al color de los lápices y los pasteles, Puche construye un mundo muy personal que crea su propio discurso a partir de referencias. Y en ese punto tiene un valor especial una pequeña obra, 'Reforms in the Museum' (Reforma en el museo), en el que aparecen sobre los cuadros los nombres de algunos de los artistas que han marcado al propio autor, como Katz, Rauch o Borremans, que precisamente han expuesto en este mismo espacio, el CAC Málaga.

Por ello, el director del centro artístico, Fernando Francés, observa en esta exposición la influencia que la programación de este espacio expositivo han tenido en el arte en estos quince años de existencia ya que ha funcionado como un «virus» que ha ido de «lo global a lo local y viceversa». Una visión que el propio Puche comparte, ya que se define como un «historiador del arte» sin formación técnica «que ha aprendido de la observación y el CAC me ha ayudado a agudizar el ingenio».

Ese encuentro artístico entre el propio centro y el artista toma cuerpo en esta exposición marcada por la investigación visual de este creador malagueño que juega con escenas enigmáticas, claves contemporáneas, la iconografía pop, los fotogramas de cine, las dobles lecturas y la ironía para crear ese mundo propio que toma su título, 'Como nieve que baila', de una suite de Debussy que se transforma en un retrato con soldados que escuchan música frente al horror de la guerra.

Pero pese al carbón negro que preside la muestra de José Luis Puche, su obra no se deja arrastrar por el pesimismo o la truculencia. El éxito del hombre está presente en ese ser con plumas de águila capaz de volar hacia el triunfo en 'De cualquier forma, de cualquier lugar' que dialoga directamente con 'Encoureged to win' en el que la victoria tiene alas de mujer. Frente a ellas, unos intelectuales conversan en una mesa sobre la que reposa un castillo de naipes. Pero en lugar de cartas, la figura está formada por blíster de pastillas que con humor nos plantea si esos genios están a paso de la dependencia y la locura.

El eje central de la muestra lo ocupa la monumental pieza de seis metros 'En el nombre de los pájaros', en la que los símbolos del cine y el cómic se cruzan con un burro goyesco como escena central que simboliza la comunión entre especies con el beso que le da un hombre al equino. Una obra cargada de lecturas y en la que Puche también deja su huella con una enigmática gata de ojos amarillos. Se trata de Buenasuerte, la desaparecida mascota del propio autor, que resucita para esta onírica y personal propuesta.

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