Del rey descoronado al dictador achicharrado

Carlos III 'El Simple'.
Carlos III 'El Simple'. / SUR
Albas y Ocasos

Tal día como hoy nacía Carlos III, apodado “el simple” según la rumorología palaciega y moría Anastasio Somoza Debayle, lanzacohetado por un comando sandinista

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía Carlos III, apodado “el simple” según la rumorología palaciega por ser intelectualmente más corto que una colilla bien apurada, y moría Anastasio Somoza Debayle, lanzacohetado por un comando sandinista que llevaba a cabo la denominada “operación reptil”.

Carlos III "El simple": 17/9/879--7/10/929

El diecisiete de septiembre del año 879 nacía, en el departamento de la Somme, el hijo póstumo del rey de los francos Luis II, este último apodado “el tartamudo” por ratificado diagnóstico de elocuencia dispersa. A Carlos, perteneciente a la dinastía carolingia, el mote que le correspondió fue el de “el simple”, al decir de sus más fervientes defensores por la sencillez de su trato y según la rumorología palaciega por ser intelectualmente más corto que una colilla bien apurada.

Llano o tonto, Carlos fue coronado en Reims por el correspondiente arzobispo y asediado en París por Rollon, que no era un desodorante dermatológicamente testado sino un jefe vikingo que había desembarcado en el nombre de Odín y aparcado sus barcos nórdicos junto al el Sena con el objetivo de saquear todo lo parisinamente saqueable, y a quien Carlos entregó la región de Bretaña para que dejara de incordiar aunque, cuando ya “el simple” se creía simplemente tranquilo, se le rebelaron los condes y lo descoronaron militarmente antes de recluirlo en la torre de un castillo donde expiró seis años más tarde, de hambre según algunas versiones y envenenado por setas no alucinógenas aunque altamente patógenas al decir de otras, si bien no se descarta la muerte por aburrimiento, que seis años viendo el mismo bodegón en la misma oquedad de piedra acaban con la paciencia de cualquiera.

Después a Carlos lo inhumaron en medio del coro de una iglesia aunque unas reformas corísticas lo desplazaron tras el altar y, cuando la Revolución Francesa arrasó el edificio, continente y contenido tumbal desaparecieron entre los revolucionados escombros mientras las aristocráticas cabezas galas se desaristocratizaban de una vez por todas bajo el invento de Monsieur Guillotin. Allons enfants de la patrie...

Anastasio Somoza Debayle 5/12/1925--17/9/1980

Mil ciento un años después del nacimiento simple de Carlos III, era emboscado, limusinamente asaltado y por último festivamemente lanzacohetado, Anastasio Somoza Debayle, que se las prometía muy felices en su dorado exilio paraguayo cuando un comando sandinista que llevaba a cabo la denominada “operación reptil” en clarísimo honor al fugado dictador nicaragüense, dejó a Tachito tan carbonizado que tuvieron que identificarle por los pies, que ya no eran en absoluto dictatoriales sino serviles a más no poder y bastante chamuscados en sus talones de Aquiles, sorpresas te da la vida.

Anastasio, último miembro de la dinastía somocista que gobernó Nicaragua como si fuera su finca de recreo – le habían precedido en el vocacional y hereditario oficio de dictador su padre y su hermano –, había acumulado tantos bienes mientras dictaba su santa voluntad a lo largo y ancho del país que la lista de sus posesiones daba pavor o risa, dependiendo de la perspectiva: una lujosa mansión en Miami por si los exilios; un casoplón en Washington D.C. para ver de cerca a los presidentes norteamericanos por si en algún momento se terciaba conquistar el despacho oval; un rancho en Texas y otro en California para criar alguna res autóctona; dos condominios en Florida para condominar floridamente todo lo necesario; varias villas en Bahamas por aquello de la cultura isleña; haciendas, además de en Nicaragua, en Guatemala y en Costa Rica; una cadena hotelera en España porque la madre patria tira mucho aunque la madre de uno sea de ascendencia francesa; una compañía de líneas aéreas para viajar gratis; un canal de televisión para hablar a todas horas; un par de minas de oro para que mis amantes luzcan siempre como los chorros del ídem; una empresa de transporte urbano y extraurbano para que los súbditos vayan a trabajar para mí; varias pesqueras para que nunca falte en mi plato una lubina fresca; una petrolera para que mis Mercedez Benz nunca se queden sin combustible; una tabaquera destinada a competir con los puros de Fidel; tres mil millones de dólares en cash porque no me gusta salir sin calderilla…

Y así hasta que el gobierno estadounidense decidió que a Tachito se le había subido el cargo a la cabeza y que ya iba siendo hora de buscar carne presidencial nueva y susceptible de ser norteamericanamente sugestionada, y le retiró el favor imperial aunque no el patrimonio, que estaba sujeto a las leyes de santa Rita, aunque ni Rita le salvó cuando la sandinista “operación reptil” le mudó la piel como en una reptiliana barbacoa. Cheers

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