D.Darko muestra su madurez en el Museo Ruso de la mano del MaF

D.Darko, este lunes en el Museo Ruso. / Foto: Ñito Salas | Vídeo: Pedro J. Quero

Uno de los mayores exponentes del grafiti malagueño depura al máximo su estilo en la intervención de las escaleras de la filial malagueña

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Fue en un pequeño cortijo abandonado en un pueblo de la Costa. Hacía meses que había cambiado las urbanizaciones varadas del boom inmobiliario por esas viviendas en busca de paredes diferentes, con más “texturas”, con más historia en sus muros. Empezaba una pieza y no la venía, tampoco la terminaba. No le salía nada. Luego estuvo semanas tomando sólo fotografías, documentando el espacio, allanando el terreno para lo que se iba cociendo en su interior en medio de crisis personales, de dudas. Y poco a poco fue abandonando los animales que habían sido su sello personal como grafitero, el alarde de técnica y color que lo habían convertido en una referencia indispensable del arte urbano malagueño hasta abrirle las puertas de las galerías de arte y, ahora, de los museos. Y así, despojado, sereno, D.Darko interviene hoy en las escaleras de la Colección del Museo Ruso con una pieza que evidencia la madurez creativa de un autor que supera con mucho los límites, también mentales, del gratifi.

“Cuando terminé la serie de los animales acabé saturado de color. Sentía que había cerrado un ciclo, que tenía que empezar de cero”, admite D.Darko, que ahora traza con el espray dos círculos. No dos ceros vacíos, ausentes, sino todo lo contrario, dos cigotos con la vida por delante. Porque también se cruza la paternidad en la biografía del autor de ‘Primer movimiento’, el título de la pieza seleccionada por el ciclo Málaga de Festival (MaF), previo a la celebración del Festival de Málaga Cine en Español, que por primera vez incluye entre sus propuestas una intervención artística en las escaleras interiores de la filial instalada en Tabacalera.

D.Darko deja atrás el estallido de color y el virtuosismo en el dibujo de su obra anterior para destilarse en el blanco y negro, en el punto y la línea. De la rabia del pop a la abstracción mística, de las siluetas voluptuosas al geometrismo en una intervención que trae ecos de El Lissitzky y Kandinksy, aquí, en el Museo Ruso. “El grafiti tiene un fuerte componente de ego, de firma, de estilo y creo que esto es otro rollo, más contenido. Creo que al limitar mis recursos estoy sacando más de mí”, reflexionaba esta mañana D.Darko, ya a cara descubierta, sin sudaderas con capucha para esconder su identidad como antaño.

“Si estas paredes me las dan hace dos años hubiera hecho algo totalmente distinto”, aporta el artista, que ya no aspira a empatar, a llenar los muros y los ojos del que mira. Ahora D.Darko presenta su ‘Primer movimiento’ como una alusión desde el título a una nueva partida que se abre en su obra, como si lo hiciera sobre un tablero de ajedrez. O una sinfonía. Y así, D.Darko cambia los rulos y el puñado de aerosoles por el bote de negro, el frenesí por la calma. “Antes pintaba, por ejemplo, un pájaro, hacía la cabeza, las alas y después podía jugar con el espacio, llenarlo todo. Ahora voy justo en la dirección contraria. Ahora lo llevo todo medido al milímetro”, prosigue el artista, que ha dado a su próxima exposición ‘de interior’ prevista en junio en Fuengirola un título también ilustrativo: ‘Cambios’.

Esos cambios saltan a la vista en la intervención de D.Darko que ocupará las escaleras del Museo Ruso durante el próximo año. Dos círculos intersecados, uno creado con líneas y puntos y otro de color plano y frente a ellos, una circunferencia vacía rodeada de una malla de puntos y líneas ondulantes. Imágenes que ofrecen una evocación irremediable a las escenas del espermatozoide adentrándose en el interior del óvulo. Un primer movimiento que anuncia lo que vendrá. Porque ahí dentro, como en las obras de D.Darko, acontece un milagro: la vida.

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