La danza no es solo baile

Dos bailarines con síndrome de Down que participan en el proyecto 'Danza para todos'. /Ñito Salas
Dos bailarines con síndrome de Down que participan en el proyecto 'Danza para todos'. / Ñito Salas

Para combatir el 'bullying', para liberar el estrés, para fomentar la integración real. La danza tiene múltiples usos más allá del artístico

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍOMálaga

Al principio todo es caos. Se escuchan conversaciones cruzadas, risas por un lado, gritos por otro. Pero suena la música, el bailarín Antonio Morales da la orden y todos se colocan en formación en un segundo. «¡Venga Raúl!». Un, dos tres, y un plié; un, dos, tres, y un arabesque; un, dos, tres y una pirueta. Tiene síndrome de Down, pero eso no es lo que le define. Aquí Raúl es bailarín, alumno de danza clásica en la Asociación Encina Laura y uno de los protagonista del ballet 'Don Quijote' que se representa en alrededor de 12 municipios de la provincia. Un ejemplo de que la danza, que hoy celebra su Día Internacional, no es solo baile. Es una terapia, un vehículo de integración y una herramienta educativa. Se emplea contra el 'bullying', para tratar fobias, para empoderar y para enriquecer el arte con la diferencia. Hay más danza de la que se ve en los escenarios y en eso Málaga es pionera.

El Conservatorio Superior de Málaga (CSD) lleva seis años impartiendo el itinerario Danza Social, Educativa y para la Salud, dentro de la rama de Pedagogía de la Danza. Fue el primer centro del país que dedicó toda una línea de estudios a otros enfoques de la danza no destinados a la formación de los profesionales de las tablas. Un terreno relativamente nuevo en España –no tanto en el mundo anglosajón– donde se están produciendo importantes avances.

Porque la danza, hasta ahora, no era muy inclusiva. Quizás sea, de hecho, la faceta artística que más se resistía a ello. Si los cuerpos diferentes se 'castigan' en la sociedad, no es raro imaginar que suceda igual en una disciplina que vive del físico. Pero la realidad está cambiando a nivel artístico, con compañías integradas por bailarines con y sin diversidad funcional, y también pedagógico. «Trabajamos por una sociedad donde la diversidad no esté penalizada sino que se tome en valor, que no todo el mundo esté cortado por el mismo patrón. En la danza inclusiva se valora cómo podemos convivir, educar, crear arte y bailar desde nuestras diversidad», explica Marisa Brugarolas, profesora especialista en danza y diversidad funcional en el Conservatorio Superior de Alicante. De este tema hablará la fundadora de la compañía Ruedapiés en el VI Congreso Internacional de Danza, Investigación y Educación que organiza la Universidad de Málaga. Brugarolas se sumará a una mesa redonda el 19 de mayo con el director del Ballet Nacional de España Antonio Najarro y el coreógrafo Fernando Hurtado, entre otros.

Transformación del arte

La danza siempre ha estado sujeta a unos cánones estéticos y técnicos muy estrictos, por eso todo empieza por cambiar «las concepciones» que tenemos de ella. No hace falta ver, oír o tener un cuerpo perfectamente moldeado para bailar. «No consiste en enseñar a alguien desde el aspecto normativo, sino en que la entrada de esa diversidad en el arte transforme el arte. No hay que querer tapar lo que es diverso sino aprender de ello y dejar que esa diversidad cambie nuestras estéticas y nuestra mirada sobre el arte y la danza», señala.

«No hay que querer tapar lo que es diverso sino dejar que cambie nuestra mirada sobre el arte y la danza»

Insiste en diferenciarlo de la terapia. La danza inclusiva no persigue tratar una disfunción sino conseguir que la persona que la tenga sea una más en el aula de un conservatorio y después en el elenco de una compañía. El proyecto 'Danza para todos', del bailarín y coreógrafo malagueño Antonio Morales, trabaja en ambas líneas. Gracias a una subvención de la Diputación a la Asociación Encina Laura y a la Asociación Andaluza de Ballet, se ha formado un ballet con personas con síndrome de Down y retraso madurativo, abierta también a todo aquel que quiera sumarse al proyecto. Juntos ponen en marcha el ballet 'DonQuijote' en municipios menores de 20.000 habitantes.

Talleres de danza educativa en un centro de Málaga.
Talleres de danza educativa en un centro de Málaga. / B. García

El objetivo es «concienciar de que ellos pueden realizar este tipo de trabajo». «Muchos han encontrado en esto una vocación», afirma Alicia Aguilera, integradora social y fundadora de Encina Laura. Pero, además, bailar les aporta beneficios físicos y emocionales. «Aprenden la disciplina de la danza, se potencia la creatividad y se mejora la expresión», enumera Morales. Él les ha enseñado varios movimientos de ballet y ellos los introducen en la coreografía en el orden que quieran y en el momento en que ellos sientan. «Todo esto les ha dado aire fresco y un subidón de autoestima», añade Aguilera.

También la danza empieza a entrar, poco a poco, en contextos escolares como un recurso para favorecer la formación integral del niño a nivel físico, cognitivo, social y emocional. Es la danza educativa. Se trabaja la memoria, la percepción espacial, la afectividad, las relaciones entre compañeros... Funciona además como herramienta para mejorar el clima en centros conflictivos o donde hay casos de 'bullying'. Esperanza Utrera, profesora de psicopedagogía y gestión educativa del Conservatorio de Málaga, lleva años probando sus efectos en este sentido. Con dinámicas grupales, cambios de pareja y un ambiente de diversión, se «rompe la dinámica de poder y de malestar emocional» entre los compañeros. «Y cuando eso sucede, cuando todos están en el mismo nivel y lo están pasando bien, se establecen vínculos con las personas de otra forma distinta», detalla.

Un momento del ensayo del ballet 'El Quijote'.
Un momento del ensayo del ballet 'El Quijote'. / Ñito Salas

El rol del profesor en danza educativa es ser «un facilitador: facilitar los aprendizajes desde una postura cercana a ellos», define Belén García, profesora titular del itinerario de Danza Social, Educativa y para la Salud del CSD. Se huye siempre de la competitividad y el principal pilar es el disfrute de la danza. «Desde ese enfoque, intentas evitar bloqueos, vergüenzas y esos primeros momentos en los que el niño está más retraído. Desmitificamos la danza, le quitamos ese encorsetamiento que tenemos todos y la abrimos al ser humano», detalla, justo después de terminar un taller en el instituto Gaona como parte de las prácticas que desempeñan los alumnos de este itinerario del Conservatorio Superior. Trabajan con el folclore, con el flamenco... pero la danza urbana tiene «el éxito asegurado».

En los colegios

Pero si la música o el arte encuentran poco hueco en los currículos escolares, la danza no tiene ninguno. Solo aparece ligeramente en el bloque de expresión corporal en educación física y en música; y no siempre se abordan por la falta de especialistas en esta materia en las escuelas. Por eso, «reclamamos nuestro espacio para poder abarcar esos contenidos», reivindica Belén García. Y añade:con más danza en los colegios, se combatiría el sedentarismo, uno de los grandes males de la juventud actual.

Próxima cita: Un congreso analiza en Málaga la comunicación del arte del movimiento

Qué presencia tiene la danza en los medios de comunicación, cuál es su lugar en el cine, cómo es su relación con la música, con el soporte audiovisual, qué papel juega la crítica...Estos y otros temas se abordarán del 17 al 19 de mayo en el VI Congreso Internacional de Danza, Investigación y Educación, que organiza la Universidad de Málaga. 'Danza y comunicación' es el tema principal de esta edición. La coreógrafa Cristina Ruiz Yuste inaugurará las jornadas con la conferencia 'Que comience el espectáculo', para continuar con la mesa de ponencias 'Danza, cine y comunicación' moderada por Cecilia Nocilli (Hanna Kiel Fellow. Harvard University, Italia). El congreso se despedirá con la intervención de la bailaora Cristina Hoyos y su marido Juan Antonio Jiménez con una charla titulada 'Memorias de vida y danza. Cuando la escena es el celuloide'.

En residencias de mayores, en centros de Alzhéimer, en Proyecto Hombre, en hospitales... Los beneficios del movimiento coreografiado se extienden a diferentes áreas y usuarios. Es la danzaterapia, la tercera pata de los otros recorridos del baile. José María Aragón, ahora profesor de flamenco en el Conservatorio Superior de Danza, se dedicó a ella durante años, formándose con la argentina María Fux y la cubana Georgina Fariñas, precursoras en el desarrollo de estas técnicas en sus países. Las ha aplicado en talleres con empresas para liberar el estrés, con personas recién divorciadas para empoderarlas, con niños del área de oncología para sacarles de la rutina médica... incluso para tratar fobias. «Por ejemplo, fobias a la oscuridad. Si la integras en el grupo, cuando llega el momento de penumbra y el niño ve que los demás siguen adelante, se da cuenta de que él también puede», explica.

Como insisten, la danza no es solo un cuerpo en movimiento. También pone a trabajar la mente y es ahí donde se abre un campo infinito para investigar.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos