Un curso de verano analiza la nueva tendencia de la arqueología subacuática vinculada al turismo

F. G. MÁLAGA.

Su capacidad para conjugar entretenimiento y conocimiento, ha hecho del turismo cultural una tendencia mundial. Y aunque parezca que esta segmento se circunscribe a los museos -Málaga es un ejemplo pujante en este sentido-, la arqueología y particularmente la modalidad subacuática se ha convertido en una de las actividades que, en esto momento, marca la diferencia de algunos destinos. Con el objetivo de analizar las relaciones entre la difusión y la sostenibilidad de los yacimientos, la Universidad de Málaga celebra a partir del próximo miércoles 18 de julio el curso de verano 'Arqueología subacuática y turismo: una ventana azul al pasado», en el que se debatirá las posibilidades de compatibilizar la investigación, la protección y la puesta en valor del patrimonio histórico sumergido con las visitas y su proyección social, educativa y cultural, según explicó ayer a SUR el director del curso, el arqueólogo Javier Noriega.

El programa incluye la presencia de los arqueólogos Carlos de Juan Fuertes, que expondrá 'La experiencia inmersiva y divulgativa del pecio romano del Bou Ferrer' -reconocido por la Unesco-; Carlota Pérez Reverte, que propondrá 'Sumergirse en la Isla Grossa, un relato pionero de museo e historia bajo la mar', y la italiana Michele Stefanile, que revisará 'El Parque Arqueológico Submarino de Baia. Un ejemplo de éxito en la divulgación de la historia, la protección del medio natural marino y la conservación de una villa Imperial romana sumergida'. Además, las sesiones contarán con la intervención de los responsables del patrimonio histórico tanto en de ámbito estatal como a nivel autonómico.

Los organizadores destacan como un destino cultural tan importante como España, cada vez más visitantes lo asocian con el turismo arqueológico. Por ello, este curso se propone analizar el carácter pionero, innovador y el valor que ostenta la puesta en valor de los yacimientos arqueológicos submarinos para el turismo, junto al reto de la preservación de la naturaleza arqueológica y el estudio científico. Un pasado sumergido, pero con mucho futuro.

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