Cumpleaños agridulce en la Aduana

El palacio de la Aduana ha recibido a 203.000 visitantes en sus primeros once meses de actividad. /Salvador Salas
El palacio de la Aduana ha recibido a 203.000 visitantes en sus primeros once meses de actividad. / Salvador Salas

El Museo de Málaga celebra su primer aniversario tras dos décadas almacenado, pero lejos de las expectativas creadas

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Debe de tener seis, quizá siete años. A diez no llega seguro. Pantalón vaquero, sudadera roja, felpa celeste para su melena castaña de pelo lacio y unas deportivas blancas de marca. Se ha parado junto al resto del grupo y uno de los mayores comenta algo sobre lo que tienen delante. Ella calla, escucha, duda y después de un instante supera la cautela para lamentar una evidencia denunciable: «Mamá, pero está roto...». La madre sonríe y atusa el pelo de la niña delante del ‘Vaso globular’, datado entre los siglos VII y VI a. C. y hallado en el Cortijo de Montañez que abre la sección de Arqueología.

Se supone que es día laborable en mitad del puente festivo y las salas del Museo de Málaga están más animadas de lo habitual para una mañana entre semana. Un turista aprovecha un hueco en el mobiliario expositivo de las piezas del Paleolítico para sentarse y guardar la cámara de fotos, una señora de chaquetón beige acolchado se asoma a la Tumba del Guerrero como a un precipicio y el celoso funcionamiento de la calefacción deja a varios visitantes en manga corta en un estriptís algo dificultoso. La primera planta ofrece menos usuarios. Apenas la chica de la camiseta con estampado de leopardo que le hace una foto con el móvil a la melancólica belleza de ‘El árbol sagrado’ (1904) de Antonio Muñoz Degrain. Frente al ‘Estudio de anatomía masculina’ (1862) de Bernardo Ferrándiz se detiene una pareja de mediana edad en ropa deportiva y alarde cromático: zapatillas del mismo azul que la sudadera polar en él, zapatillas del mismo rojo que la sudadera polar en ella. Un adolescente merodea como un león enjaulado mientras su madre se sienta en el banco a contemplar ‘¡Y tenía corazón!’ (1890) de Enrique Simonet. Nadie en las salas de arte de siglo XX.

El Museo de Málaga cumplirá mañana su primer año en el palacio de la Aduana y el aniversario deja un sabor agridulce. De una parte, la provincia recupera sus vastas colecciones de Arqueología y Bellas Artes después de dos décadas almacenadas; sin embargo, el equipamiento cultural en el que se han invertido más de 40 millones de euros no ha despegado con la fuerza deseada y esperada para una infraestructura de semejante historia y envergadura. Sus salas de exposiciones temporales están fuera de servicio, la gestión de la cafetería y del restaurante se adjudicó hace apenas unos días, el programa educativo se ha puesto en marcha de manera más que modesta y la Academia de San Telmo sigue a la espera de la firma del convenio que haga posible su mudanza a la Aduana, cuya colección de pintura parte, justo, de las donaciones de la propia Academia.

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La dolorosa puntilla de esa relación de decepciones llegó en junio, apenas seis meses después de la inauguración del museo, con la aplicación de un horario veraniego que cerró las puertas de la Aduana por las tardes durante toda la temporada alta turística. El asunto llegó al Parlamento andaluz, incluso al Defensor del Pueblo de la región, y el consejero de Cultura Miguel Ángel Vázquez ya confirmó en este periódico (ver aquí) que el Museo de Málaga abrirá por las tardes el próximo verano.

El propio Vázquez presentó el pasado jueves el programa de actividades para celebrar el primer aniversario del Museo de Málaga y aprovechó la ocasión para ir saldando asuntos pendientes. A saber: que la gestión de la cafetería y del restaurante se acaba de adjudicar y debe entrar en servicio en tres meses y que la licitación de las salas para exposiciones temporales llegará a principios de 2018, con la intención de tenerlas listas ese año.

Un corredor de fondo

Además, Vázquez detalló que por la Aduana habían pasado, hasta finales de noviembre, 203.000 visitantes. El dato se equipara con el registro del Centre Pompidou Málaga en el mismo periodo, si bien el Museo de Málaga ofrece la entrada gratuita (salvo para visitantes procedentes de países no inscritos en la Unión Europea), mientras el Pompidou es de pago. La gratuidad espolea a la Aduana hasta el segundo puesto en el primer balance anual de los principales museos de la capital, aunque reúne a menos de la mitad de los visitantes que pasaron por el Museo Picasso Málaga, también de pago, en ese periodo (423.387). Aquí también se puede ver el vaso medio vacío. O medio lleno.

Más que de cantidad, a la directora del Museo de Málaga, María Morente, le gusta plantear el asunto como una cuestión de distancia: «El Museo de Málaga tiene que ser un corredor de fondo. Tiene que ir construyéndose y asentándose, siendo el museo de todos y ese es un papel muy importante y de una gran responsabilidad». Morente asigna al museo provincial el papel de «generar el hábito de la visita» entre quienes no tienen esa costumbre muy arraigada. «Este es el museo de los barrios y de los municipios de la provincia», sostiene su directora, que vislumbra el camino a seguir en la buena acogida que han tenido las actividades para familias organizadas los sábados y los domingos por la mañana.

Los herederos de la plataforma ‘La Aduana para Málaga’ lamentan el lento despegue del equipamiento cultural

Por el lado optimista también se decanta el artista Eugenio Chicano, hasta hace unos días presidente de la Fundación Museo de Málaga, una de las herederas de aquella plataforma que capitaneó la reivindicación ‘La Aduana para Málaga’. «El museo nos tiene conquistados. Aunque sabemos que no está terminado, tampoco quiero ser muy crítico. Estoy lleno de optimismo. Es cierto que nos gustaría ver el museo terminado en cuanto a sus infraestructuras, la organización ya irá rodando y es cuestión de ir haciéndolo. Después de tanto tiempo da gusto ver el museo, es espléndido», sostiene.

Desconcierto

En la plataforma ciudadana ‘La Aduana para Málaga’ también encuentra su origen la Asociación de Amigos del Museo de Málaga, cuyo presidente, Rafael Martínez Madrid, añade: «Teníamos muchas expectativas sobre la actuación en los centros educativos de la provincia, ya que es el museo de la historia de la provincia. Ahí es donde estamos viendo una programación un poco dispersa». Y abrocha: «Hay un programa educativo, pero creemos que de poco calado. Eso ha generado cierto desconcierto. Creemos que hace falta una programación más seria y dirigida desde el museo y sobre los intereses del museo. Lo importante es difundir sus fondos». Y para que cunda con el ejemplo, la asociación ofrecerá el martes y el miércoles próximos las primeras visitas guiadas por la Aduana incluidas en el programa del primer aniversario de la institución.

Y desde otra institución que está en el origen del museo, la Academia de Bellas Artes de San Telmo, su presidente José Manuel Cabra de Luna distingue a la hora de hacer balance entre el museo en su conjunto y los planes para la instalación de la academia en la Aduana. «En cuanto a la primera cuestión entiendo que el impulso tan potente con el que nació ha languidecido un tanto. Fue una verdadera sorpresa el que el museo no pudiese abrir por la tarde en la temporada de verano. La Academia escribió a ese respecto a los consejeros de Cultura y al de Turismo, evidentemente sin éxito. Entiendo que fue un error innecesario y que causó gran perplejidad a la ciudadanía».

En cuanto al traslado de la Academia, Cabra de Luna cierra: «No comprendemos las dificultades y lentitud de la Administración para concluir los trámites que permitan que podamos instalarnos en la que es nuestra casa natural. Tenemos asignada una sede que tiene una razón de ser arraigada en la más estricta justicia».

Pero a estas alturas ya se sabe que las cosas del palacio (de la Aduana) van despacio.

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