Daniel Buren: «El Cubo es la marca registrada de Málaga»

Daniel Buren posa junto a la intervención que sirve de emblema al Centre Pompidou Málaga. :: ñito salas/Ñito Salas
Daniel Buren posa junto a la intervención que sirve de emblema al Centre Pompidou Málaga. :: ñito salas / Ñito Salas

Daniel Buren Artista. El autor de la intervención en la estructura acristalada del Pompidou ultima la exposición que presentará en la filial el próximo miércoles

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Tras la sesión de fotos, Daniel Buren (Boulogne-Billancourt, 1938) prefiere sentarse al aire libre, en un banco situado junto a su intervención en el Cubo del Puerto. Su obra se ha convertido en el emblema visual más reciente del paisaje urbano de la ciudad. A cada instante llega alguien con un teléfono móvil o una cámara de fotos para retratar su obra. Él asiente y sonríe, satisfecho pero también modesto, durante este breve receso en los preparativos de la exposición que inaugurará el próximo miércoles en el Centre Pompidou Málaga, una cita incluida en los actos por el 40 aniversario del Pompidou parisino.

¿Cómo ideó su propuesta para el Cubo del Pompidou?

–Tan pronto como vi las primeras fotografías, porque no me fue posible asistir a la inauguración, empecé a trabajar en lo que quería hacer y los primeros bocetos estaban muy, muy cerca de lo que ahora podemos ver. Uso materiales muy sencillos, filtros que deben cambiarse cada siete u ocho años para que se mantenga el efecto que realizan. De hecho se trata de una obra permanente que debe ser refrescada cada ciertos años.

Buren, en una sección de la muestra que ultima estos días.
Buren, en una sección de la muestra que ultima estos días. / Ñito Salas

Precisamente, su obra estaba pensada para permanecer en el Cubo dos o tres años, pero el pasado mes de julio, el Ayuntamiento de Málaga la adquirió para que quedase en el paisaje urbano para siempre.

–¿Para siempre? (Ríe) Bueno, eso me parece mucho tiempo... (Ríe de nuevo) Desde el Centre Pompidou Málaga se interesaron en mantener la obra durante un periodo largo, pero los materiales no son eternos y necesitan una regeneración continua. No se trata de una obra pensada para durar para siempre, sino que el efecto que causa la luz sobre los filtros y la manera en que estos proyectan los colores en el interior del Cubo va cambiando con el paso del tiempo y cuando renuevas esas piezas de color todo cambia de nuevo, vuelve al principio.

«Cuando trabajas en espacios públicos nunca sabes cómo va a reaccionar la gente» La acogida de la pieza

«Esta obra no estaba pensada para permanecer mucho tiempo, no era una imposición» Una intervención permanente

¿Esperaba que su obra se convirtiera en un icono de la ciudad?

–La verdad es que nunca pensé que el Cubo se convertiría en un icono de la ciudad. Cuando me lo dijeron me sentí fui feliz. Me contaron que nada más realizar la intervención, tanto los vecinos de la ciudad como los visitantes se acercaban con sus cámaras para tomar fotografías y compartirlas en Internet y las redes sociales. Creo que ya es parte de la ciudad, que está integrado como una marca registrada.

¿Cree que una obra se completa de alguna forma cuando se integra en la vida de la gente?

–Siempre me ha gustado trabajar en escenarios públicos. Un museo no deja de ser una gran estructura en medio de la ciudad, por eso cuando entregué este proyecto para la inauguración del Centre Pompidou Málaga no pensé en la ejecución material, porque tenía dos o tres meses para realizarlo, sino en que estuviera bien ejecutado y en que fuera bien recibido. Por eso cuando desde el equipo del museo me preguntaron si la obra podía permanecer más tiempo del que estaba previsto en principio, les dije que no había problema. En cualquier caso, respondiendo a su pregunta, nunca pensé que la obra tuviera este grado de aceptación, de identificación. ¿Sabe? Cuando trabajas en espacios públicos nunca sabes cómo va a reaccionar la gente. En algunas ocasiones se puede mostrar indiferente; en otras, agresiva; en otras, un poco más positiva... Como artista no puedes hacer nada al respecto. No sirve de nada lo que hayas estudiado, ni tu sensibilidad ni tu talento, que pueden funcionar en el interior de un museo. Cuando sales del museo entras en un contexto absolutamente diferente que tiene sus propias reglas que no puedes controlar. Y aquí, delante del ‘sombrero’ de Pompidou de Málaga, que por supuesto es una estructura en mitad de la cuidad, es maravilloso comprobar cómo se ha integrado en la ciudad y en la vida de la gente, tanto de aquí como de fuera. Cuando realizas un trabajo como este nunca sabes qué va a suceder. En un museo, a la gente le puede gustar o desagradar, pero es parte del juego completo que plantea el museo. Pero cuando sales del museo, es imposible saber lo que va a suceder.

Una acogida entusiasta

¿A qué cree que se ha debido esa aceptación casi instantánea?

–No tengo una respuesta. La verdad es que no tengo ni idea. Por supuesto, estoy muy agradecido por esa acogida, que se ha producido además de una manera tan rápida y tan natural. Para mí es un fenómeno muy interesante, porque esta obra no estaba pensada para permanecer mucho tiempo, no era una imposición. Si no te gustaba, si simplemente era ignorada, se quitaba y ya está. Pero la gente la ha aceptado de una manera muy natural y muy positiva. La gente trabaja, vive, pasea, disfruta alrededor de la obra y esa manera de integrarla en sus vidas es algo más bien extraño, no sucede tan a menudo y, sobre todo, no con tanta rapidez como aquí.

Está en pleno montaje de su exposición en el Pompidou de Málaga. ¿Qué se van a encontrar los visitantes?

–Desde hace mucho tiempo estábamos buscando la ocasión para realizar una muestra, pero las situaciones nunca eran favorables. Por eso, cuando visité el museo pensé que también era complicado, porque siempre que puedo trabajo con la luz natural y en las salas del museo no hay. Después de meditarlo durante un tiempo pensé en una sala de cine. A partir de ahí caí en la cuenta de algunos trabajos que realicé hace 20 años a partir de proyecciones y en las diferentes posibilidades a la hora de usar las paredes como pantallas. Es una idea que voy a explorar en este proyecto. Además, mañana por la tarde (por hoy) voy a realizar varias proyecciones del Cubo que se van a mostrar en dos grandes pantallas en el interior de las salas transparentes que a su vez se proyectarán sobre las paredes, como sucede con la luz natural que incide en el Cubo y que entra en el museo de una manera diferente en cada momento del día.

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