Roger Gual: «Conquistar algún derecho laboral es más difícil ahora que hace 15 años»

Gual adapta al teatro la película que dirigió hace 15 años. /SUR
Gual adapta al teatro la película que dirigió hace 15 años. / SUR

El director y guionista regresa al Cervantes con la adaptación teatral de 'Smoking room' y su mordaz crítica a los miedos frente al poder

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Hace quince años salió del Teatro Cervantes cargado de biznagas por 'Smoking room', su debut en el cine junto a Julio Walovitz. Ahora Roger Gual regresa a las tablas malagueñas para presentar la adaptación teatral de aquella cinta, una crítica mordaz a los miedos que nos atenazan frente al poder. Lo acompañan Secun de la Rosa, Miki Esparbé, Manuel Morón, Pepe Ocio, Manolo Solo y Edu Soto, seis «monstruos de actores» que pondrán en pie la función mañana y el martes.

-¿Por qué han tardado quince años en decidirse a adaptar la película?

-Hemos recibido ofertas durante mucho tiempo para llevarla al teatro por parte de varias compañías, pero siempre decíamos que no era el momento. 'Smoking room' es como nuestro hijo, y queríamos controlarlo. Sabíamos que la adaptación tenía que hacerse bien, con un casting muy especial. Hace unos meses, cuando abrió el Pavón Teatro Kamikaze de Madrid, fuimos a ver a los dueños para presentarles una propuesta. Les gustó mucho el proyecto y nos dijeron que sí, pero el reto era encontrar un casting a la altura. Lo más difícil ha sido buscar fechas para hacer coincidir a estos seis monstruos de actores.

«Sabíamos que la adaptación tenía que hacerse bien, con un casting muy especial»

«Netflix aporta una visualización que sería imposible con otro tipo de distribución»

-'Smoking room', '7 años'... Parece que le atraen las oficinas. ¿Qué permiten contar los lugares cerrados?

-Me gustan los espacios limitados porque permiten contar una historia poniendo a los personajes al límite. Me interesa que los actores se pongan en esa situación un poco claustrofóbica para generar conflictos y que pasen cosas. Más allá de si el entorno es laboral o no, porque en 'Remake' los personajes también estaban encerrados y no en una oficina sino en una antigua casa familiar, me resultan muy atractivos los espacios donde los personajes se encuentran casi sin salida.

-Escribió 'Smoking room' en 2002 como una crítica a las presiones laborales. Las cosas no han mejorado precisamente desde entonces.

-Eso comentábamos durante estos meses, al trabajar la adaptación. Ya no es que esa precariedad laboral esté vigente, sino que es peor ahora. Teníamos la duda de si el rollo de fumar o no fumar iba a tener vigencia, pero nos hemos dado cuenta de que, más allá de la excusa de reclamar una sala para fumar, el hecho de intentar quejarse o conquistar algún derecho laboral es más difícil ahora que hace quince años. Eso es lo más terrible.

-Uno de los personajes llega a decir que el cigarrillo es la punta del iceberg. ¿Qué hay debajo?

-Los miedos a perder el trabajo o a ser señalado como objetivo del jefe. Decir lo que pensamos nos puede meter en problemas. Tendemos a pasar desapercibidos y a no quejarnos para no perder lo que tenemos.

-¿Es la insolidaridad uno de nuestros mayores problemas?

-La obra habla de esos miedos que, en el fondo, debemos entender y aceptar. Los seres humanos somos así, tenemos contradicciones, y eso es lo bonito también. Es cierto que sería positivo que todos fuéramos valientes, pero creo que tenemos que comprender que la insolidaridad forma parte de nuestra propia cultura.

-¿Cómo ha vivido el proceso de adaptación de la película al teatro?

-Ha sido muy fácil, aunque he cambiado algunas cosas, básicamente para adaptar la obra a seis personajes cuando la película tenía doce. Los diálogos son los mismos, pero hemos juntado personajes, por decirlo de alguna manera. La traslación ha sido muy natural, aunque hay cosas diferentes. Para los espectadores que han visto la película es un plus y para quienes no la hayan visto es una historia que se sostiene por sí sola. No hace falta haber visto la película para ir al teatro y disfrutar de la obra, aunque si la has visto reconoces momentos y eso mola.

-'Smoking room' es para muchos una película de culto. ¿Teme que consideren que la adaptación teatral es un sacrilegio?

-No realmente, porque los frikis de la película van a recordar escenas y secuencias y les va a gustar. Si la adaptación la hubiesen hecho otros... Pero es nuestro hijo. Julio y yo teníamos claro que la adaptación se haría si nos encargábamos nosotros, porque queríamos hacerla bien. Él está ahora viviendo en Praga y no podía ocuparse de la dirección, así que me he encargado yo del proyecto con los actores. Pero la obra tiene personalidad propia. Hemos vuelto a trabajar el texto que escribimos hace quince años pero dándole una vuelta de tuerca. Lo bueno del teatro es que permite hacer puestas en escena basadas en la historia que dejan toda la fuerza en la interpretación de los actores. Por eso era básico encontrar seis actores tan buenos.

-¿Cómo ha encontrado al hijo, quince años después?

-Nos ha sorprendido para mal (risas). Como decíamos, la obra sigue vigente y eso permite darnos cuenta de que no hemos mejorado en cuanto a derechos laborales, sino todo lo contrario. Vamos a peor.

-En la obra no hay mujeres. ¿Es posible retratar la actualidad laboral excluyéndolas?

-En la película había una mujer, pero aquí tuvimos que reducir a seis personajes y eso limitaba la contratación de actores, porque los presupuestos en teatro son los que son. Contar con más de seis actores hubiera sido un suicidio. En el entorno laboral, afortunadamente para todos, hay hombres y mujeres, pero en este caso, en esta oficina mediocre donde los miedos van por delante, nos iba muy bien que fueran hombres. Siempre digo que las mujeres son emocionalmente más inteligentes y hubieran solucionado los conflictos que plantea la obra de otra manera.

-Ha dirigido '7 años', la primera película española estrenada en Netflix. ¿En qué pueden beneficiar o perjudicar estas grandes plataformas a la industria?

-Estoy encantado con la visualización que ha tenido la película. Era un proyecto pequeño, hecho con cinco actores en una sala y poco más, pero gracias a Netflix ha tenido una repercusión enorme. Me han llegado mensajes de gente que ha visto la película en Corea. Eso es imposible con otro tipo de distribución. Creo que todo son ventajas.

-¿En qué anda metido ahora?

-He hecho dos capítulos de la segunda temporada de 'Las chicas del cable', también para Netflix, y ahora estoy buscando localizaciones y preparando la tercera.

-Ha dicho que prefiere las preguntas antes que las reivindicaciones. ¿Con qué preguntas le gustaría que saliesen los espectadores de la obra?

-Me gustaría que se preguntasen si somos todo lo solidarios que deberíamos, si miramos por los otros o si sólo nos preocupamos de nosotros mismos. Me interesa que la gente se cuestione el interés individual y el interés colectivo. ¿Firmaríamos un documento para una causa justa sabiendo que nos puede traer problemas?

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