Confesión

Confesión
Sr. García .
Cruce de vías

Miro al pasado y al futuro, entonces tengo la sensación de estar en una sala de cine con dos pantallas que proyectan películas dispares con idénticos rasgos comunes

JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA y SR. GARCÍA .ILUSTRACIÓN

No veo la televisión salvo por asuntos muy puntuales. Leo noticias de prensa; unas me aburren, otras me desconciertan, pocas me divierten. Me gustan las viñetas, la ironía. Hacer humor en estos tiempos no es nada fácil, al contrario. Salgo poco a la calle. Apenas me reúno con los amigos, como si de pronto la ciudad se hubiera extendido hasta límites insospechados y cada uno de nosotros estuviera en un lugar perdido de las afueras. Yo también vivo retirado. El pasado jueves salí de noche y cerré el último bar. Lo pasé bien con viejas caras conocidas que no veía desde que yo tenía bares. Soy curioso, aunque no siempre lo parezca. Sigo siendo capaz de volar al otro extremo del mundo porque algo me llama la atención.

No me canso de admirar los accidentes geográficos, los otros me turban y estremecen a diario. La naturaleza permanece, aunque sea a duras penas. Me refiero a la naturaleza en su sentido más amplio. Ella no engaña. El otro día me hubiera encantado estar de nuevo en el Perito Moreno, ver romperse el hielo y correr el agua. Existen glaciares de carne y hueso, cada día hay más. Me cruzo con ellos por todas partes. Un paréntesis: (los bancos no tienen corazón). Todo lo que me rodea está amenazado por la censura del tiempo. La brevedad se ha convertido en un pensamiento obsesivo. La vida breve. Miro al pasado y al futuro, entonces tengo la sensación de estar en una sala de cine con dos pantallas que proyectan películas dispares con idénticos rasgos comunes.

Dos versiones de la violencia, la injusticia, el miedo. Echo de menos la falta de sensibilidad y emoción. Soy fiel a la literatura con la que vivo en pareja desde que era niño. A menudo recuerdo a los que no están. Quizás en esto consiste la vida eterna: el recuerdo que los demás guardan de nosotros. La vida eterna de la memoria. Esto mismo pensaba cuando empecé a escribir. No cambiamos, nada cambia tanto. A todos se nos ve venir, salvo contadas excepciones. Aunque no lo parezca he tomado la decisión de buscar el lado bueno de las cosas mientras la salud me acompañe. La buena salud, lo más preciado de la vida. Lo que todos deseamos y por lo que todos brindamos cada vez que estamos reunidos y contentos. Lo demás es cuestión de paciencia. Hoy me he propuesto escribir lo que surja de inmediato sin borrar ninguna palabra. Lo he hecho, lo estoy haciendo. Una confesión. Al otro lado estáis vosotros, dialogamos en silencio. Ahora os envío estas palabras a través del universo virtual, apago la pantalla y me quedo callado contemplando las nubes del cielo.

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