Concha Méndez: el pantalón bajo la falda

En México Concha Méndez vivió con Luis Cernuda./SUR
En México Concha Méndez vivió con Luis Cernuda. / SUR

La obra de la poeta y editora revive tras décadas reducida a su condición de pareja de Manuel Altolaguirre

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Cuando Gerardo Diego no incluyó a ninguna mujer en la antología del grupo poético que más tarde pasaría a la historia como Generación del 27, Concha Méndez no dudó en plantarle cara: «Mira, tú nos excluirás, pero yo debajo de la falda llevo un pantalón». El reproche, un dardo al centro del machismo, resultó tan simbólico como literal. Aquella mujer aguerrida, poeta y editora, campeona de natación, amante del charlestón y el jazz, ha quedado relegada a su condición de pareja de Manuel Altolaguirre pese a desarrollar un papel protagonista en el tejido cultural de su época. La imprenta que el matrimonio compró en 1932, donde nació la revista Héroe, fue financiada con el dinero que ella había traído de Argentina. «Ya instalada la imprenta, nadie podía moverla. Era yo quien la manejaba, vestida con un mono azul de mecánico. Era difícil y cansado. Cuando salía a la calle con aquel mono, la gente se quedaba extrañadísima; no recuerdo haber visto en todo Madrid a otra mujer vestida con pantalones», relató en sus memorias.

Matrimonio. Altolaguirre y Méndez se conocieron en 1931. Primeros libros. Debutó en la poesía con 'Inquietudes'. Durante su viaje a Buenos Aires publicó 'Canciones de mar y tierra'. Obra. Méndez publicó cerca de una veintena de libros de poemas. / SUR

Nacida en Madrid en 1898, Méndez tomó contacto con la poesía durante las tertulias de los años 20. Pronto forjó amistad con artistas como Maruja Mallo, Rafael Alberti o Luis Buñuel. Publicó su primer libro, 'Inquietudes', en 1926; ya en sus poemas iniciales se vislumbraba su deseo de viajar y un claro desprecio a la vida encorsetada diseñada para que las mujeres se convirtieran en excelentes pero aburridas amas de casa. Emancipada de su familia, viajó a Londres y Buenos Aires, donde escribió 'Canciones de mar y tierra', influida por las lecturas de los versos de Alberti y Federico García Lorca. Durante años compartió las ideas de Ortega y Gasset sobre la deshumanización del arte, en su caso como forma de distanciarse del sentimentalismo asociado a la literatura escrita por mujeres. Los avatares personales, marcados primero por el amor y más tarde por la pérdida, provocaron en ella una mayor soltura expresiva apreciada ya en los poemas que publicó a lo largo de los años 30.

Hiperión reedita una antología de la autora madrileña, que plantó cara a Gerardo Diego por excluir a las mujeres de la Generación del 27

«Es como si, por arte de magia, su nombre se esfumara. Está ahí, pero no se ve»

Altolaguirre y Méndez se conocieron en el otoño de 1931. La poeta madrileña plasmó su despertar amoroso y sexual en 'Vida a vida' apenas unos meses después: «Tú y yo en movimiento, / luchando vida a vida, / gozando cuerpo a cuerpo». El matrimonio comienza a editar libros propios y ajenos, una relación plasmada en las portadas de muchas de las grandes obras del 27, donde puede leerse «Concha Méndez & Manuel Altolaguirre Impresores». Décadas después, sin embargo, parece que el legado del poeta malagueño se hubiera tragado la obra de su mujer. «Es como si, por arte de magia, el nombre de Concha, presente en las portadas de las ediciones que hicieron juntos, de revistas como Héroe o 1616, desapareciera, se esfumara. Está ahí, pero no se ve», explica la escritora y filóloga Pepa Merlo, autora de la antología 'Peces en la tierra', que recoge los textos de muchas de las poetas silenciadas del 27.

Biografía

Poesía.
Su obra como poeta abarca casi una veintena de títulos a los que hay que sumar su legado como editora e impresora
Amor.
Lorca le presentó a Manuel Altolaguirre en 1931. Se casaron, compraron una imprenta y publicaron la revista Héroe
Exilio.
El inicio de la dictadura forzó su huida a Cuba y México. El fin de su matrimonio y la muerte de su madre marcaron esta etapa.

La muerte de su hijo recién nacido supone un punto de inflexión en la vida de Méndez, que huye del vanguardismo y en 1936, tres años después de la pérdida, publica 'Niño y sombras'. «El ángel de la fe de nada sirve», escribió. Ni siquiera el feliz nacimiento de su hija Paloma calma el desánimo, alimentado por el inicio de la Guerra Civil. Preocupada por el bienestar de la pequeña Paloma, buscó refugio en Inglaterra, Francia y Bélgica, pero el exilio le resultó insoportable: «Aquí estoy, hundida en la distancia, / en la larga espera temblando, / invocando los nombres de mis viejos amigos». En 1938 regresó a España para reencontrarse con su marido, que se había alistado en las fuerzas republicanas.

Durante el exilio ayudó a otros autores como Cernuda, con quien vivió cerca de diez años

El comienzo de la dictadura forzó un nuevo exilio, aunque en este caso Altolaguirre viajó con ellas. La familia se trasladó primero a La Habana y años después a México, donde Méndez se instaló de forma definitiva. La muerte de su madre y el fin abrupto de su matrimonio marcaron esta segunda etapa, volcada en 'Sombras y sueños': «Como sé lo que quiero, miro al mundo / y le dejo rodar con su mentira». Sobrevino entonces el silencio, traducido en más de tres décadas sin publicar durante las que se dedicó a ayudar a otros exiliados republicanos como Luis Cernuda, con quien vivió durante cerca de diez años. Entre 1979 y 1981 editó 'Vida o río' y 'Entre el soñar y el vivir', dos colecciones que permitieron su redescubrimiento como poeta antes de su muerte en 1986. Dejó sin completar un último libro: 'Con el alma en vilo'.

Merlo considera que, pese a su injusto olvido, se trata de «una poeta pulcra que supo conmover con su verso rotundo, lejos de cualquier sentimentalismo poético, moderna en la vida y en sus libros». Hiperión reeditó el año pasado una antología de sus poemas, seleccionados por el profesor James Valender, marido de su nieta. «Era una mujer fuerte, pero también muy sensible. Creo que habríamos vivido en Málaga si no hubiera estallado la guerra», cuenta Paloma Altolaguirre desde México con una nostalgia que parece heredada.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos