Por el coleccionismo emergente

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Desde hace varios años venimos notando la insistencia con la que las instituciones y los programadores han exprimido el concepto y los resultados del 'arte emergente', un término huidizo y portátil que nos han vendido hasta rozar nuestra saciedad. Las galerías también se sumaron poco a poco a la propuesta de una manera inevitable. Puede pensarse que sumarse a esta explosión resultaba adecuado porque quedaba muy bien o porque salía más a cuenta que trabajar con artistas consagrados. También para tratar de dar salida comercial y por tanto relevancia a la producción artística que genera nuestra ciudad desde la creación de la facultad de Bellas Artes: hornadas de artistas surgidos en Málaga que se suman a la ya abultada producción de otras escuelas andaluzas, y que juntas han convertido nuestra comunidad en un punto caliente de creación primeriza en el arte contemporáneo.

El estado de las galerías malagueñas debería ser un marcador tan importante como el número de visitantes que tienen los museos. La actual felicidad museística seguirá coja mientras no la sostenga en paralelo un circuito simbólico de galerías, garitos expositivos, casas travestidas como cubos blancos, movidas y, en definitiva, una estructura tangible que la acompañe. En Málaga se intenta. Por ejemplo, desde hace unos pocos años somos testigos de la conversión de artistas jóvenes en estrellas locales. Y cercanas, eso sí, porque el techo del arte regional resulta muy reducido. Para un artista es fundamental no amilanarse en su propio territorio. En el otro lado de la baraja, dentro de poco comprobaremos si, como cabría esperar, esta sugerente explosión de arte joven encuentra la salida que merece en el mercado, creándose de forma paralela un interesante fenómeno de 'coleccionismo emergente': pequeños compradores que combinan la inversión en arte con la decoración de interiores para iniciarse así en la estimulante aunque en ningún caso barata mutación en pequeño comprador de arte contemporáneo, es decir, su feliz transformación en un pequeño coleccionista.

Por eso las galerías no deberían ser consideradas como un mero punto de venta, sino que deben entenderse como dinamizadores del mercado del arte y valiosos agentes de difusión cultural. Así lo piensa Javier Marín, un galerista cuya trayectoria roza la veteranía y que es una de las marcas malagueñas más añoradas en Arco, que por cierto lleva demasiado tiempo sin ninguna representación propiamente malagueña, ni privada ni pública. Será porque los políticos siempre prefieren ir a Fitur.

Para esta temporada, Javier Marín quiere reinventarse y remover el clásico esquema expositivo con un nuevo formato que se titula JMshow, y que se refiere a la consideración de la galería como un espacio en permanente construcción. La aventura comienza con una exposición de cinco artistas sin aparente relación generacional, temática ni geográfica, con algunos que son nuevos y con otros que no lo son tanto: Patricio Cabrera (Ginés, 1958), Ramón David Morales (Sevilla, 1977), Chema Lumbreras (Málaga, 1957), Narda Alvarado (La Paz, Bolivia, 1975) y la más joven del quinteto y por lo tanto una de las nuevas apuestas del galerista, Almudena Fernández Ortega (Sevilla, 1984). El sótano dedicado al arte joven pasa ahora a llamarse ColumnaJMshow, y acogerá tres artistas que reflexionan con ironía sobre el éxito y el fracaso de la profesión artística. Son Alejandro Castillo Montoya, (Melilla, 1992), Natalia Domínguez (Jerez de la Frontera, 1990) y Alicia Roy (Málaga, 1986). No se sabe hasta cuándo, porque el contenido y la nómina de artistas estarán en continuo movimiento. Las inauguraciones desaparecerán y en su lugar se dedicará a ofrecer sesiones de música performance y otros artefactos culturales, es decir, a crear evento.

La galería con sede en el distinguido polígono Guadalhorce lleva ya cuatro años aportando su visión de este brío con #UNDER35, la muestra colectiva anual que aglutina decenas de artistas emergentes del ámbito andaluz, pero con una atención especial al emergido en Málaga, donde la reciente formación teórica de estos artistas les permite ingeniar una serie de propuestas con materiales casi impensables para las generaciones anteriores. En esta exposición, cajón del arte joven y próximo, hay hasta 31 artistas entre los que podemos destacar a Dadi Dreucol, Javier y José Luis Valverde, Victoria Maldonado o Delia Moyano. Este año, por cierto, han ampliado el cupo con la 'arte joven' y que abarca también algunos artistas que superan los 35 años pero no llegan a los 45. Será que porque el arte emergente ya se nos está haciendo mayor y eso es bueno. Que madure.

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