La colección que quiso destruir Alejandro Magno

Vicente Jiménez Ifergan, ante su colección única de terracotas fenicias./Fran Acevedo
Vicente Jiménez Ifergan, ante su colección única de terracotas fenicias. / Fran Acevedo

Vicente Jiménez Ifergan abre para SUR por primera vez su galería que incluye el conjunto arqueológico más importante de terracotas fenicias que sobrevivieron al mítico emperador. Desde Mesopotamia al Islam, la exhibición recorre la historia de las civilizaciones con piezas únicas de Egipto, Roma y Grecia

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

málaga. Es la primera vez que abre las puertas. Una entrada que rescata un acceso a Jerusalén en pleno corazón de Málaga. Y tras la que se encuentra un auténtico viaje difícil de imaginar, que recorre diecisiete siglos de historia desde la antigua Mesopotamia hasta el Islam. «Este el sueño de toda mi vida», resume el coleccionista Vicente Jiménez Ifergan, que ha reunido todos sus tesoros en esta galería de la calle Sebastián Souvirón que está a punto de abrir. Una exhibición a la que da sus últimos (re)toques y que franquea para SUR para mostrar piezas de arqueología inéditas en Málaga, que incluyen la colección más importante de terracotas fenicias. Unas esculturas que quiso arrasar el gran emperador Alejandro Magno durante su asedio a Tiro y que, tras permanecer ocultas durante siglos bajo las aguas del Mediterráneo, se han vuelto a reunir en la Colección Ifergan.

Las cerca de cien estatuillas fenicias -algunas de más de un metro- que se exhiben en la sala Malaka de la galería de Vicente Jiménez no solo tienen un valor excepcional por proceder de la ciudad perdida de Tiro, sino también por su historia. «Estas terracotas son exvotos que representaban a los propios fenicios y se llevaban al templo como ofrenda», explica el coleccionista, que destaca que, como las terracotas de los guerreros de Xian, no hay dos iguales. De hecho, además de figuras de hombres de diferentes tamaños, también incluye piezas alusivas a la fertilidad con mujeres embarazadas, figuras tocando arpas y flautas, e incluso singulares piezas mitad humanas, mitad animal.

Todas ellas escaparon de la destrucción cuando Alejandro Magno ordenó destruir Tiro en su expansión por el Mediterráneo. «Las embarcaron para salvarlas y pusieron destino a otra ciudad fenicia, que bien podría haber sido Malaka, pero un naufragio acabó con ellas en el fondo del mar», explica Jiménez Ifergan, mientras se detiene en la figura de Ayin que todavía tiene incrustados los sedimentos marinos tras permanecer más de veintitrés siglos bajo las aguas.

Precisamente, Ayin será el que cuente en esta sala la historia de todas estas terracotas que volvieron del pasado y de las profundidades marinas cuando a finales de los cincuenta se descubrió el pecio que atesoraba el conjunto de terracotas fenicias más importante jamás encontrado. Paradójicamente aquel descubrimiento arqueológico se produjo al mismo que tiempo que en Casablanca nacía en 1958 el propio Vicente Jiménez Ifergan que, casualidad o destino, ha sido el encargado de volver a reunir todos estos exvotos que se salvaron de las garras de Alejandro Mag no.

La Colección Ifergan exhibirá menos de la mitad de sus fondos de terracotas fenicias -posee cerca de dos centenares-, aunque su recorrido arqueológico también mostrará otras joyas que datan desde 4.000 años antes de Cristo al siglo XIII. «Siempre con un discurso expositivo entorno a las civilizaciones que conquistaron el Mediterráneo, que son la base de nuestra cultura», señala Vicente Jiménez que explica que es hijo de cristiano y judía y que, tras vivir en Málaga desde los 6 años, se marchó a Israel en busca de sus huellas.

Allí comenzó su interés por la arqueología y su colección que ha importado a Málaga, donde ha vuelto a residir este empresario inmobiliario desde hace años. Tras dedicar el último lustro a trabajar en el proyecto, este amante del arte antiguo espera poder inaugurar su galería en el centro histórico a finales de marzo, coincidiendo con la Semana Santa.

Arriba, Crátera de Volutas. Grecia, 330.320 a. C. Abajo, a la izquierda, estela funeraria de ofrenda de agua al dios Osiris. Egipto. A la derecha, estela del siglo XIII.

Al dios Osiris

A la espera de los últimos permisos para su apertura, el visitante podrá viajar aquí a la antigua Mesopotamia, en la que se inventó la cerveza y la escritura cuneiforme como muestran las inscripciones de conos de fundación que relatan las hazañas de los reyes babilónicos. Egipto también tiene una presencia sobresaliente en la colección, con un sarcófago, una cabeza de momia o una estela que muestra una ofrenda al dios Osiris. El destructor Alejandro Magno también aparece en las monedas griegas que se sitúan cerca del casco de un guerrero o de dos lujosas cráteras de volutas lujosamente decoradas y magníficamente conservadas.

Roma tampoco falta en el recorrido con sus dioses y estatuas, mientras que de Persia se muestra el carácter belicoso de esta civilización con una colección de armas de variados usos y daños. Con Bizancio, el coleccionista se detiene en un incensario con escenas de la vida de Jesús que es una pieza muy singular que logró en una subasta en Christie's tras una dura pugna de la que no quiere revelar el remate final. «Me la han pedido del vaticano para estudiarla», añade Jiménez Ifergan para terminar de redondear la intrahistoria de esta pieza en sus fondos.

El coleccionista avanza hasta la zona del Islam para señalar una estela funeraria del siglo XIII difícil de encontrar que también tiene muchos novios. «Sotheby's está detrás de ella y me la ha pedido para una subasta con un precio de salida de 400.000 euros», señala, para añadir que no piensa deshacerse de ella. En total, cerca de 400 piezas se exhiben en la Colección Ifergan, que se integra dentro del Complejo Jerusalén que también incluye un restaurante-snack con un menú basado en los sabores mediterráneos. «Es una colección no solo para ver y oír, sino que también se podrán tocar piezas y, finalmente, oler y probar los platos», explica el promotor que cierra con una frase redonda: «Aquí está la historia a través de los cinco sentidos».

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