CON CLASE

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

En la cafetería de la Facultad de Derecho tienen preparados y apilados los pitufos mixtos en una cubeta de plástico blanco a la espera de que alguien los pida para pasarlos por la cinta incandescente de la tostadora. El pitufo, en realidad, lo regalan, si uno compara lo que cuesta el café y el bollo de jamón y queso con el precio de la misma combinación en cualquier bar situado fuera del campus. Y así el segundo desayuno alimenta la sensación casi olvidada de la Universidad como un mundo aparte con sus propias leyes, costumbres y tarifas.

La cafetería de la Facultad de Derecho es el bar merecedor de ese nombre más cercano a la Biblioteca General de la Universidad de Málaga, o al menos así se ha quedado registrado en mi escasa capacidad para la orientación espacial. En la Biblioteca General andan estos días colgando libros del techo como guirnaldas de farolillos letrados para una verbena hermosa y callada. El artista José Ignacio Díaz de Rábago ultima su instalación 'Biblioteca de Babel' con más de cinco mil volúmenes repartidos entre la sala de lectura central y el recibidor de la biblioteca. En la primera ya puede verse una columna de 15 metros de alto de libros, abiertos por cualquier parte para proyectar desde el fondo blanco de sus páginas más luz sobre la semicircunferencia que dibuja la sala. Desde el techo empiezan a descolgarse los cables con libros espetados y el resultado promete una cúpula libresca capaz de convertir el rigor silencioso del estudio en un espacio para dejar volar la imaginación detrás de esos libros volantes.

La pieza se inaugurará el próximo jueves, permanecerá en la Biblioteca General durante un año y sus hilos de libros suspendidos en el aire representan también un puente colgante hacia una promesa ya cumplida: la recuperación de la Universidad como un agente activo y atractivo en la escena cultural -en particular, artística- de la ciudad. Porque la 'Biblioteca de Babel' lleva hasta Teatinos los nuevos aires del programa expositivo de la institución docente que encuentra su epicentro en las salas del Rectorado.

Empezaron con las fotografías -inéditas hasta entonces- del malagueño Miguel Trillo. Las tribus urbanas siguen en el objetivo de Trillo, que viajaba hasta el otro lado del mundo para retratar a los jóvenes asiáticos con las pintas más extrañas. Miradas duras o ausentes, pelos de colores y chupas de cuero, el humo de un cigarro y la soledad rodeada de millones de personas ante la cámara de Trillo.

Luego ha sido el turno de la muestra que, también por primera vez, ha reunido todas las obras ganadoras del Premio Nacional de Cómic. Aunque la palabra ande ya bastante manoseada, es justo reconocer que la iniciativa está marcada por la excelencia, en sus contenidos y en la manera de ofrecerlos, demostrando que el rigor (incluso académico) puede conjugarse con la amenidad. Desde el mobiliario hasta el montaje expositivo, pasando por el catálogo y el ciclo de conferencias programado para la ocasión, la propuesta en torno al cómic español figura entre lo mejor visto por aquí en mucho tiempo hasta volar a la altura de la primera línea de la oferta expositiva nacional. Un periplo, por cierto, que puede iniciar en unos meses, de la mano del ministerio, que ha respaldado el proyecto que acaba de despedirse del Rectorado.

Se van los cómics para dar paso a otro proyecto que ya de partida también pone como al perro de Pavlov con la campana: una muestra sobre el recordado profesor Juan Antonio Ramírez. Más de siete años después de su muerte, la Universidad al fin recupera -más allá de colocarle su nombre a un aulario- la figura de un intelectual y activista cultural esencial en el tránsito hacia la modernidad de la cultural española contemporánea. Un pensador lúcido y lúdico, serio pero divertido, como definió aquel pasacalles que organizó aquí para celebrar con espíritu crítico el regreso a España del 'Guernica'. Un intelectual rescatado en una exposición que ojalá sirva para colocar su figura en el lugar que le corresponde también aquí, donde nació de chiripa y regresó apenas un par de cursos para dejar una huella todavía presente.

Se quita la Universidad el polvo de las solapas para convertirse en punta de lanza de la escena expositiva y más allá con su Contenedor Cultural. Un agitador desde las aulas. Porque para destacar entre tanta competencia conviene tener un poco de clase. Y bares baratos.

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