CIUDAD RARA

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Es raro. Acostumbrados a verlos todo el día peleándose por lo más mínimo, se hace raro. Un día es el Metro que no encuentra salida a los túneles de la política, otro unos mosaicos graffiti que, como diría el gran Chiquito de la Calzada, 'invader' inmuebles protegidos y, últimamente, discuten hasta por el ruido de las canastas de los niños que entrenan en los colegios como si fueran unos padres divorciados que confunden el bien del menor con el suyo propio. Por eso se hace raro verlos de la mano. Digo yo que debe ser el poder de la poesía. Y la seducción de un gigante como Vicente Aleixandre, cuyo congreso ha sido capaz de reunir en un mismo cartel al Ministerio de Cultura, la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Málaga y la Diputación. Todos juntos. Como queriendo no contradecir a nuestro paisano adoptivo cuando nos regaló la mejor denominación: 'Ciudad del Paraíso'.

El pasado domingo se cumplían 40 años de la entrega del galardón a Don Vicente. Un premio personal pero también transferible. A toda su generación, la del 27, que décadas después de la diáspora de la Guerra Civil, se volvía a unir en la persona de Aleixandre para reparar la literatura del exilio. A todos ellos citó el autor de 'Diálogos del conocimiento' en su discurso de aceptación del premio, aunque Vicente Aleixandre no acudió a recogerlo por su frágil salud. Pero su figura iluminó entonces Estocolmo desde la distancia como estos días alumbra Málaga, su ciudad de la infancia, con el congreso organizado por la Asociación Colegial de Escritores y la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios. Una feliz idea que salda una cuenta pendiente con uno de nuestros poetas indispensables.

En ese ajuste de cuentas todavía nos queda, al menos, otra deuda. La del poema 'Ciudad del Paraíso' que se podrá leer en las mismas calles que el poeta retrató. El proyecto lleva un año esperando a que el Ayuntamiento culmine su diseño y, después, tendrá que presentarse a la Comisión Provincial de Cultura de la Junta, que tendrá que dar su visto bueno. Esperemos que los primeros acaben pronto el papeleo y los segundos, para variar, no nos quiten esa sensación de que con Aleixandre todo resulta agradablemente raro.

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