Woody Allen cumple 40 años

Icono de estilo. La manera de vestir de Diane Keaton en 'Annie Hall' inspiró a mujeres de todo el mundo.
Icono de estilo. La manera de vestir de Diane Keaton en 'Annie Hall' inspiró a mujeres de todo el mundo.

En 1977 se estrenó 'Annie Hall', la comedia más influyente de todos los tiempos, que creó el personaje del urbanita neurótico

O. BELATEGUI

Antes de 'Annie Hall' los protagonistas de una película no hablaban a cámara. Y menos de sus visitas al psicoanalista, un tema tabú. «No te metas con la masturbación, es hacer el amor con alguien que amo», le suelta Woody Allen a Diane Keaton en un filme del que se cumplen 40 años de su estreno. Fue el séptimo largometraje dirigido por el neoyorquino y su primera obra maestra. Atrás quedaban sus parodias -'Toma el dinero y corre', 'Bananas'-, jalonadas por brillantes gags verbales y visuales. Allen se deja (solo) de chistes y da forma al personaje que le haría popular, ya esbozado en 'Sueños de seductor', que dirigió Herbert Ross a partir de un guion suyo: el intelectual judío neurótico, bohemio y urbanita, que circunscribe su vida a Manhattan.

'Annie Hall' estuvo a punto de titularse 'Anedonia', el nombre de la enfermedad que padece su personaje, un estado psicológico en el que nada de lo que haga consigue proporcionarle placer. La incapacidad, en suma, de ser feliz. Atención al monólogo: «Dos viejecitas están de vacaciones y una de ellas dice: 'Dios mío, la comida es infecta en este lugar'. La otra responde: 'Sí, y las raciones son tan escasas...'. Así es como veo yo la vida. Llena de soledad y miseria, de sufrimiento y desgracia. Y, además, se acaba enseguida».

Cuatro Oscar -película, director, guion y actriz para Diane Keaton- consagraron esta reconstrucción del apogeo, declive, resurrección y colapso de las relaciones amorosas entre un cómico judío y una WASP de Park Avenue. Allen pasa revista a sus relaciones con las mujeres y descubre su verdadera personalidad entre un cúmulo de aventuras surrealistas. El tono es más sentido y maduro que en sus filmes anteriores. Menos egocéntrico. 'Annie Hall' contiene ya la suma de su filosofía existencial. De fondo, una Nueva York exaltada que dos años más tarde se convertiría en la razón de ser de la maravillosa 'Manhattan'. Un autorretrato denigratorio en el que lo humorístico se topa con lo patético. Groucho Marx con Flaubert.

UN GUION INOLVIDABLE- Doctor, mi hermano está loco. Se cree una gallina. - Pues que lo encierren. -Lo haría, pero es que necesito los huevos. Pues bien, así es, más o menos, como suelo ver las relaciones humanas, completamente irracionales, locas y absurdas. Pero creo que las mantenemos porque la mayoría de nosotros... necesitamos los huevos. (Annie Hall)

El bufón se hizo autor

'Annie Hall' fue adoptada por los 'progres' de la España de la Transición como un referente vital. Fernando Trueba cuenta que llegó a grabar los diálogos en un cine con un radiocasete para aprendérselos de memoria. Cuando debutó en el largo dos años más tarde con 'Ópera prima' copió sin rubor el estilo y las intenciones de Allen. No se entiende la comedia moderna sin la sinceridad que el realizador mostraba en un filme que nació al experimentar la crisis de los 40. El bufón se convirtió en autor. Nacía un arquetipo alejado del galán conocido hasta entonces en la comedia romántica, el tipo sensible y neurótico que no duda en reírse de sus propias miserias. Cualquier monologuista actual, de Louis C. K. a Joaquín Reyes, beben de 'Annie Hall'.

La cinta también entronizó a Diane Keaton, con quien Allen viviría un romance intermitente, como epítome de lo 'cool'. Una mujer lista, divertida, independiente e inestable, que permanece como icono de la moda. Pantalones anchos, corbatas gigantes, chalecos masculinos, sombreros y camisas blancas inmaculadas que la actriz sigue luciendo con los cuellos levantados. Ropa sisada del rodaje de 'El padrino' y que Keaton combinó siguiendo los patrones de las mujeres que veía paseando por Central Park y los clubes de jazz de Manhattan.

En sus memorias, la actriz reconoce que, tal como ocurría en la ficción, Woody Allen adoptó en la vida real el papel de pigmalión y la llevaba a ver películas de Bergman y al MoMa para descubrirle a Diane Arbus. Pero los intelectuales, concluye la película, pueden ser brillantes y no saber nada de la vida real. ¿Por qué se rompe el amor? «Nunca es algo que haces tú. Las personas somos así. El amor se desvanece».

Fotos

Vídeos