La primera película al óleo

La primera película al óleo

65.000 fotogramas pintados a mano por 125 artistas hacen el milagro: 'Loving Vincent', que se estrena en enero, retrata el ocaso de Van Gogh

BRUNO PARDO

Hay proyectos que te atrapan, te cogen por el cuello y exigen todo de ti: tu alma, tu vida, tu tiempo. Suelen ser empresas faraónicas que albergan un cierto poso de locura. En este caso, la intrépida cineasta polaca Dorota Kobiela se preguntó un día si era posible hacer una película al óleo para homenajear a su querido Vincent Van Gogh.

Ahí empezó la historia de una obra imposible que necesitó de siete años de dedicación exclusiva y más de 65.000 fotogramas pintados a mano para realizarse. Entre medias, reescrituras de guion, problemas técnicos y una lucha constante por convencer al mundo de que el cine también se podía pintar. El tesón de la empresa, en efecto, recuerda al de ese holandés que agarró el pincel demasiado tarde y que en poco más de una década se convirtió en uno de los artistas más influyentes de la historia. Todo eso está en 'Loving Vincent', el primer filme al óleo de la historia, que se estrena en España el próximo 12 de enero.

Kobiela trató de pintar toda la película por sí misma, pues en principio «tan solo» quería hacer su particular homenaje al pintor, una pequeña animación de apenas unos minutos. Pero el proyecto empezó a crecer y su compinche Hugh Welchman, que firma con ella la dirección y el guion de la obra, la convenció de que aquello debía ser un largometraje.

Así, comenzaron el proceso de escritura, que se alargó más de lo esperado. «Escribí muchas historias: algunas basadas en su vida, otras partiendo de cuadros concretos, historias de su época en Holanda y de cuando vivió en los barrios bohemios de París. Pero el primer guion real que surgió se centraba en los últimos días de su vida», explica la cineasta.

Terminaron articulando una narración basada en el 'flashback', en la que el hijo del cartero de Van Gogh, un joven que lo consideraba un loco con pincel, se ve obligado a recorrer los pasos finales del artista para entregarle su última misiva a su psiquiatra, el doctor Paul Gachet.

Lo verdaderamente complicado era convertir el libreto en trazos vivientes. Para ello, tuvieron que rodar la película con personas reales y, posteriormente, pintar cada uno de los fotogramas a mano, un proceso en el que involucraron a 125 artistas de todo el mundo que juntaron en los Estudios Loving Vincent de Polonia y Grecia. «No fue fácil encontrar colaboradores, la mayoría de los especialistas eran muy cautos para arriesgarse a formar parte de algo tan novedoso. Afortunadamente, encontramos a gente valiente que creía en nosotros», apunta Welchman.

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