Fran Perea: «Soy un tipo normal, pero tengo mi lado canalla»

Alberto Ferreras
La granizada

Al actor malagueño le gusta dar el cante tanto como escaparse al pueblo de sus abuelos. Abandonó la Biología por el teatro. «En mi casa hubo caras extrañas», recuerda

Susana Zamora
SUSANA ZAMORA

¿Adónde se escapa Fran Perea cuando quiere desconectar del mundo?

– A Málaga o León. Mi familia tiene una casita en la zona de Omaña y es un sitio formidable para escaparse, aunque a veces cuando voy a mi tierra paso unos días en el Valle de Abdalajís.

Mi verano favorito: Las primeras giras teatrales por los pueblos de Málaga

Aquel verano, Fran Perea contaba con 19 años. Estudiante de Arte Dramático, empezó a dar sus pasos como actor. Junto a otros compañeros, asistió a un curso de interpretación. «Alquilamos una casa en Ojén (Málaga) y nos dedicamos todo el verano a recorrer los pueblos de alrededor representando obras de teatro», recuerda. Se sintió parte de todo aquello que tantas veces había oído hablar, como La Barraca, aquel grupo de teatro universitario impulsado por Lorca. «Me di cuenta de que estaba conectado con lo que quería hacer y con la gente con la que en ese momento coincidí», asevera.

Veo que le tira el pueblo...

– Siempre me ha gustado mucho el campo y cuando tengo oportunidad, me escapo. Creo que es una buena forma de mantener las raíces y seguir en contacto con otras realidades, de salir de tus rutinas y escuchar las de otros. En León no tengo ni cobertura en el móvil, algo que agradezco.

Tras estrenarse como director teatral con ‘Souvenir’, ¿le gusta lo de llevar la batuta?

– Ha sido un proceso muy placentero. Llevaba mucho tiempo con ganas de dirigir una obra teatral y la verdad es que me he sentido muy bien con la batuta.

¿Cuál es el souvenir más estrambótico que ha comprado?

– El primer pendiente que me puse en la oreja, que me lo traje de Dublín. Lo llevé muchos años; ahora, ya tengo el agujero casi cerrado.

Detrás de esa cara de niño bueno, ¿quién hay realmente?

– (Risas) Eso no se puede contar aquí, merecería una conversación aparte. Soy un tipo normal, pero también tengo un lado canalla. Además, creo que hay que tenerlo, si no, esto es muy aburrido.

¿Sentiría pudor en una playa nudista?

– Desde que soy conocido siento algo más de pudor, pero antes no tenía ningún problema. Me parece una práctica muy sana. Mis padres nos llevaban de pequeños a mi hermana y a mí, pero ahora todo es distinto; cualquiera lleva un móvil encima y te hace una foto.

Dice que no creció hasta los 14 años, ¿se sigue viendo bajito?

– Un poco sí. Cuando te pasa eso de pequeño, acabas teniendo complejo de bajito. Nunca me vi alto, pese al 1,78 que mido.

¿Cómo llevó durante tantos años el papel de guapo adolescente en la serie ‘Los Serrano’? ¿Temió que lo encasillaran?

– Llegó un día en que me di cuenta de que no quería dedicar toda mi vida a eso, que deseaba hacer otro tipo de trabajos, y di el paso de abandonar la serie.

¿Se siente ahora dueño de su carrera?

– Algo más, también he trabajado mucho para lograrlo. Tengo una estructura sobre la que trabajar sin tener que esperar en casa una llamada de teléfono para hacerlo.

¿Ha tenido que hacer alguna vez el papelón de su vida?

– Sí, muchas veces. Quizá, obligado por lo que la gente espera de ti e intentas salir airoso de la mejor forma posible.

Dominar el puchero

¿Qué sabe hacer de cine?

– Cocino bastante bien. Los platos de cuchara me salen muy ricos, sobre todo el puchero.

¿Teme a la crisis de los 40?

– Con esta edad empiezas a tomar conciencia de que se van cumpliendo tramos de tu vida. He vivido muchas cosas y creo que llego a los 40 con una vida muy bien aprovechada.

Cuando contó en casa que dejaba la Biología, ¿cómo cayó?

– Hubo alguna cara extraña, pero por entonces mis padres ya veían que empezaba a trabajar con grupos de teatro de Málaga y que eso podía más. Desistieron.

¿Por qué daría su palabra de scout?

– Por la cultura, por que las artes escénicas puedan llegar a la gente más joven.

Antes de llegar a ser el número 1 de las listas con su tema ‘1+1 son 7’, ¿dio mucho el cante?

– Sí, siempre que he podido. Recuerdo que cuando tenía oportunidad cogía una papelera y empezaba a tocar como si fueran timbales.

¿Dónde ha quedado la música?

– Hago mucha música, pero en otros espacios. La música de ‘Souvenir’, la obra con la que me he estrenado como director, la he hecho yo; también, junto con Yayo Cáceres, la del ‘Ciclista Utópico’, que es otra función con la que estamos de gira. Y, recientemente, la del cortometraje que acabo de dirigir. No he dejado de componer y tengo en proyecto volver a tocar.

¿Se sigue quitando las admiradoras de encima o la cosa ya ha decaído?

– (Risas ) Nunca he tenido problemas de admiradoras; tampoco cuando era un desconocido.

¿Ha pensado ya en sentar la cabeza?

–Eso nunca. Me gustan los cambios, hacer una cosa hoy y mañana otra completamente diferente.

¿Con qué político se tomaría unos espetos en Málaga?

– Con Alberto Garzón, que es un tipo interesante. Y de la tierra.

¿Hay algo con lo que no se atreva?

– El próximo reto será dirigir un largometraje. Veremos.

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